jueves, 2 de diciembre de 2010

La ciencia aparece, la sabiduría permanece.

Me he comprado un pequeño escáner de diapositivas para poder ir recuperando y almacenando los cientos de fotografías que tenia guardadas desde hace años en este formato. Al revisarlas y escasearlas su visionado me sorprende con muchos recuerdos que tenia aletargados:
El día anterior habíamos aterrizado con un helicóptero algo senil ruso en las afueras de Sama Gaon listos par emprender la expedición al Manaslu (8.163 m). Sama Gaon era, y supongo que seguirá siendo, una pequeña aldea en la frontera entre Nepal y Tibet, a siete días andando de la carretera más próxima. Punto clave de paso de ganaderos con sus manadas de Yacs u ovejas, mercaderes y contrabandistas. Allí, en las afueras de la aldea, en un paisaje llano, sin árboles y ni siquiera matorrales, pero cubierto de hierba, establecimos un campamento para pasar un par de días aclimatando (estaba a algo mas de tres mil metros), y de paso negociar y contratar porteadores locales para acarrear todo nuestro material y comida hasta el campo base mil metros más arriba. El primero en visitarnos e indagar quienes éramos fue un aldeano algo desastrado en el vestir y muy sonriente, que por su aspecto padecía enanismo. Gesticulando y braceando nos hizo percibir sus enormes ganas de volar en helicóptero. Al rato se presentó un joven lama con su característica vestidura roja y curry. Era el lama del pequeño monasterio de SamaGaon y hablaba ingles. Con él pudimos terciar para que comunicara a los lugareños nuestra intención de contratar braceros para ayudarnos a cargar hasta el campo base dos días mas tarde.
Si lo sabrán ellos. No en vano, estas expediciones es una de las mejores formas que tienen para ganarse la vida y sacar un buen dinero extra por familia y pasar el año. No tardaron mucho en informarse e informar en la aldea de esto, y de que nuestra expedición contaba con medico, Jesús Torres (Tatin).
A la mañana siguiente nuestro campamento se convirtió eventualmente en un ambulatorio. Con la ayuda del joven Lama que les hacia de interprete, todos intentaban exponer su sintomatología para que Tatin pudiera diagnosticarlos. La mayoría venían con cualquier pretexto trivial o insignificante, y se iban tan contentos con un paracetamol como si le acabaran de regalar un caramelo. A caballo regalado...
Otros tenían verdaderamente alguna enfermedad, y hubo un par de casos sorprendentes, como el de una anciana a la que fuimos a visitar hasta el poblado por no poder moverse.
Se hallaba en una cabaña tendida en el suelo sobre unas alfombras y tapada con unas mantas. Por su extrema delgadez parecía un esqueleto con piel. Jesús, tras ocultarla solo pudo determinar que padecía un cáncer terminal, y decidió administrarle morfina para que no sufriera con la promesa de bajar desde el campo base días mas tarde para visitarla y si era necesario repetir la inyección de morfina.
Jesús cumplió su promesa dias mas tarde, y esta ya había fallecido. Me sobrecogió y admiró la tranquilidad y sosiego del resto de la familia asumiendo el final, la venidera muerte de la anciana matriarca. Tan solo querían que en su lecho de muerte rodeada de sus seres queridos, no sufriera . Asimismo, al día siguiente, se acercó un hombre a nuestro campamento que por lo curtido de su piel aparentaba seguramente mas edad de la que realmente tenia. Tenia un ojo muy hinchado. Tatin lo examino, y tras varias conversaciones a tres bandas con traducciones simultaneas de ingles a Nepali, le dio unos simples calmantes.
Yo, sorprendido le pregunté y Tatin me explico:
- Martillando unas piedras, le ha saltado un pedacito de una al ojo y lo lleva alojado en su interior. Le he explicado que debería ir a una clínica a Khatmandu para podérselo extraer, o perderá el ojo. Con los medios que yo dispongo aquí , no puedo extraérsela, y en una clínica es un procedimiento muy sencillo. -¿Y que te ha dicho? Pregunté inquietado. - Me ha contestado que el ojo le da igual, que tiene el otro. Lo único que desea es que le de algo para calmar el dolor... No voy a hacer ninguna reflexión a estas anécdotas. Que cada cual haga la suya, y si quiere la comparta. Yo jamás he olvidado a aquella familia y su civilizada y disciplinada aceptación de la muerte como algo tan “natural”, y a ese hombre de aspecto viejuno al que no le importaba perder un ojo, porque le quedaba otro. Humildes lecciones de vida.
La vida en sitios com Nepal o Tibet es muy dura. Las zonas rurales son realmente pobres y en continua lucha contra la precoz mortalidad. En el valle de Katmandú sólo hay tres médicos para cada 100.000 habitantes, y solamente uno por cada cien mil fuera del valle. Uno de cada cinco niños muere durante sus primeras semanas de vida, y 35 de cada 1.000 entre los primeros cuatro años.
Por todo eso, por la extrema dureza de sus vidas, los nepalíes son muy solidarios, disfrutan de lo poco que tienen y no dudan en compartirlo. Y doy fe que tratan al forastero con mucho respeto y cortesía, y sonríen continuamente mientras sus ojos sosegados figuran acopio de esa sabiduría que algunos llaman ignorancia o incultura.

7 comentarios:

  1. Aceptación es la mejor defensa del corazón, y la manera más fácil de seguir creyendo en tí y en los demás.
    Joder como me gustan tus historias. No pares de escribir por favor.

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  2. Nos debe hacer pensar si todas las crecientes necesidades que nos seguimos echando a la espalda son reales. Podemos vivir con mucho menos. La verdadera felicidad no está en gozar y adquirir cosas.

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  3. Estupendo post, espero que sigas escaneando más diapos y deleitándonos con tus historias.

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  4. ser humilde es ser una persona alegre, no envidiosa, siempre dispuesta a ayudar sin pedir nada a cambio y sobre todo siendo feliz con lo que se tiene. Muy buen post

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  5. Cuanto deberíamos aprender de esta gente....Javi, será una currada enorme pero recuperar estas fotos es de agradecer.............Saludos

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  6. Genial historia. Eres sabio tio
    Hay muchos motivos para ser humilde y con ejemplos como estos mas

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  7. Como dicen por arriba, la sociedad nos impone el modelo de vida. Cada uno con su caracter, educación y valores, la vive de una manera u otra. Las necesidades básicas todos las tenemos, pero estas son muy pocas. El resto de necesidades y apetencias son materiales. Puro placer de acumular. Puro placer de tener más. Puro placer de tenerlo mejor. Así somos nosotros. Mirando al prójimo siempre. Estas gentes "incivilizadas" para nosotros se rigen por otras normas sociales más antiguas y tradicionales. Son seguramente normas más correctas. Son países, regiones y lugares duros, recónditos y salvajes que dotan a sus pobladores de una humanidad extra por el hecho de vivir allí. Son también admirables y ejemplificables ya que nos de muestran que las reglas de nuestra sociedad no son las correctas y se puede vivir de otra manera. Con menos objetos y más corazón por ejemplo. Pero pienso que si fueses conquistados por nuestra sociedad acabarían sucumbiendo algunos, no todos, al mal entendido "bienestar del consumo". La línea que separa al hombre del pecado es extremadamente delgada. Esa humanidad y desapego por lo material es quizá lo que les permite afrontar la vida y muerte con esa naturalidad. Solidaridad no es compartir lo que sobra sino compartir lo que me hace falta.

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