martes, 29 de julio de 2014

El Destino y la Amistad



Aunque esto lo escribí hará dos años, este fin de semana se ha dado la contexto para revisarlo y reeditarlo:
 Es muy fácil de decir. -"No por mucho madrugar amanece más temprano"
-. Veis!!!,Ya está dicho!!!.
Pero no basta.... Después, hay que corroborarlo.
Bueno... o mejor no andar verificando cosas, no vaya a ser que resulte que sí, que si madrugas muchísimo, amaneces unos días antes, y resulta que por no madrugar te estás perdiendo todo.
Pero... no, no os preocupéis, no ocurre esto. Amanece a su hora.
Lo que sí ocurre, es que un fantástico día, lo puedes comenzar antes, amplificar y estirar para que sea más extraordinario aun; o como decía mi abuelo: - "Ande se está bien..., buen rato"
El domingo fui copartícipe (otra vez) ...de algo fantástico:
Hace ya muchos años, de niño, formé parte de un grupo Scout que había en Barbastro.
Allí compartíamos excursiones, campamentos, familiaridad, y sobre todo amistad.
Éramos ingenuos e inocentes niñ@s si, pero sobre todo, por encima de todo, éramos amigos.
Han pasado los años, y esos niñ@s han/hemos crecido (algunos aparentemente ;)), e incluso hemos aumentado con parejas e hijos.
Y pese a las circunstancias, el tiempo y las distintas órbitas de cada uno, continuamos siendo, pero sobre todo "sintiéndonos" amigos.
El domingo tuve de nuevo el inmenso honor y el placer de acompañar a un barranco a algunos de estos mis amigos de la infancia, y a la vez junto a ellos iniciar a sus hijos. Emocionante, emotivo e intenso.
Algo tienen los amigos de la infancia que no tienen el resto de los amigos.
Refiriéndome a amigos de la infancia, también a esos amigos que todavía conservas, aunque casi nunca los llames, o rara vez los veas (Alabado facebook o Whassap, que para estas cosas ha sido una bendición) .
Esos amigos que sabes con los que si te encontraras ahora mismo, os alegraríais enorme y recíprocamente, y os sentiríais con la misma confianza y familiaridad como si os hubierais visto ayer mismo.
Quizás sea porque esos amigos te han visto llorar al hacerte una herida en la rodilla al caerte de la bici; Porque te ayudaron a embaucar a tus padres para que te dejaran salir un ratito más; o porque eran ellos los que te soportaban cuando eras "fehacientemente" un completo estúpido pretencioso mequetrefe e inmaduro; incluso porque sufrieron tus primeros amores y desamores, o las primeras tajadas; o porque vieron como poco a poco emergía lo que eres ahora, e incluso formaron parte de ello y en cierta forma lo reforzaron.
A veces creo que piensan en ti todavía como cuando niño, y tú en ellos también, y en cierta manera, ambos echáis de menos esa etapa de vuestra vida.
La cuestión es que hemos venido a este planeta a compartir, a estar rodeados de personas, a convivir; incluso dicen que como seres sociales que somos, tener un buen saldo de amigos alarga la vida.
así que en estos tiempos inquietos, de información desalentadota y negativa, de pánico ante las vicisitudes, declaro una mirada pública hacia "la amistad", como un buen modo de atenuar la congoja y ser mejores.
Porque amigo es aquel que crece contigo y no en tu contra.
Es importante sacar tiempo, compartir tiempo de nuestras vidas con almas afines donde la complicidad, el guiño, y la risa nos llevan a sentirnos bien con los demás y con nosotros mismos. Puesto que, muchas veces, esas relaciones tienen más valor y peso en nuestro sentir que las relaciones familiares.
Cuando eres niño no eliges a los amigos. Es puro azar. Bien porque son hijos de los amigos de tus padres, porque tu apellido empieza por la misma letra y eres compañero de pupitre, porque es un vecino con tu misma edad, o ... porque formas parte del mismo grupo Scout al que te inscribieron tus padres para enviarte de campamento....
Conforme te vas dando cuenta de que la vida no es el camino de rosas, aprendes a apreciar esos golpes de suerte en forma de amigos, de amistad que la vida té presta.
En este aspecto, yo me considero muy afortunado. Por los de siempre, los de después, y los que vendrán.
Gracias a todos por vuestra amistad.

martes, 22 de julio de 2014

CAÑON DEL VERO



El espíritu, tu espíritu, se fortalece a través del conocimiento, el deseo conquistado o frustrado, el contacto con la naturaleza, y sobre todo del silencio y la cordura.
El Cañón del Río Vero es el símbolo, el estandarte de la Sierra de Guara.
Ya sea por el propio cañón, el senderismo popular a su alrededor, como las pasarelas, o sus pinturas rupestres.
Su belleza ha hecho, hizo de él, el descenso más afamado de los cañones de la sierra de Guara y ha traspasado fronteras.
En él nació a principios de los 80 el Barranquismo como actividad o deporte.
Durante miles de años, el agua ha ido esculpiendo este espectacular cañón y sus perfiles, cincelando su roca de tal forma que parece pretender modelar una obra maestra de la naturaleza.
Confinada en su interior, seis kilómetros de plena naturaleza,  hilada por el río Vero, en su tramo que va desde fuente Lecina, hasta el puente románico de Villacantal a los pies del imponente pueblo de Alquézar.
Extraordinarias escarpas, recónditos caos, badinas, oquedades, fauna, y pinturas rupestres, en un espectáculo de agua, roca, vegetación, luces y sombras.
Cada año sin excepción regreso, y estoy convencido, que existe una profunda influencia o empeño interior que me lleva a buscar mi energía en este lugar, en una especie de propósito secreto.
En ocasiones en mi vida, establezco un lazo afectivo y especial con un lugar concreto. Y este se convierte en mi lugar.
Lugares mudos que te comunican. Lugares donde se esfuman tus problemas si los tienes, y huyen tus contrariedades.
Sitios que se graban en tu corazón, y que tu corazón no  olvidan jamás, porque la memoria no calla y siempre los recuerda.
Mi idilio con el cañón del río Vero, como conté en el anterior post comenzó hace muuuuchos años.
Desde entonces, lo he descendido todos los años de mi vida. Algunos años una, y otros mas de treinta: En solitario o guiando, corriendo, lloviendo o con tormenta (accidental), crecido, desaguado, de día, por la noche, hacia arriba o hacia abajo...
Desde la primera vez con amigos cercanos, he guiado por su asombroso cauce, a cientos de personas. El mas mayor de 73 años y el menor no se si 5 o 6 años.
Y año tras año acostumbrado a nuestro deseado y jubiloso encuentro, en un compromiso que espero seguir manteniendo hasta mi final.
En sus aguas, siento respeto, fervor y humildad, pero me descubro tan enérgico y resuelto como animal salvaje.
Creo que es mi lugar favorito y siempre lo será.
Me paro a pensar que hace más de 20.000 años en esta zona, ya corrían nuestros ancestros como bien muestran las pinturas que dejaron en los abruptos abrigos rocosos, y tras ellos Celtas, Romanos, Árabes y Cristianos, y sólo puedo arquear las cejas, y mirar con admiración y algo de incredulidad a mi alrededor.
No puedes evitar que un escalofrío te recorra la médula. Es entonces, solo entonces, cuando te das cuenta de que aquí puedes creerte cualquier historia o leyenda que cuenten, porque, en un lugar así, hasta lo más incomprensible cobra visos de realidad.
Para mí, un paisaje indescriptible. Un ambiente traslúcido, frío y húmedo en invierno, y seco y caluroso en verano, que se convierte en el mejor terreno para cultivar relatos de brujas, gigantes, gnomos, hadas y otras criaturas.
Así, durante siglos se ha labrado un carácter y un perfil difícil de ignorar si visitas esta zona, y que te enamorará para siempre.
A finales de los años 70, fueron algunos guías franceses y devotos montañeros los que se enamorarán de esta tierra, determinando excursiones, escaladas o el nacimiento del descenso de cañones o “Barranquismo”, que algunos residentes tuvimos la fortuna de practicar (sin neopreno) casi desde el principio, guiados por aguerridos amigos de mayor edad, para después en una especie de cadena perpetua, así mismo, guiar a los que vinieron detrás en esta especie de relevo iniciático.
Si vas a el con la humildad de recibir, encontraras un barranco accesible, acogedor, amable, y directo al corazón de la Naturaleza y a tu entraña.
Aquí os dejo la película, que en este caso, y más que ninguna otra es, “MI PELÍCULA”.
En cada rincón, en cada zigzag, cientos de recuerdos que no conseguía rebanar a la hora de editar...
Espero que os guste este paseo por el CAÑON.

martes, 1 de julio de 2014

MASCÚN


Si el hombre es, somos, parte de la naturaleza, y aún más, no somos nada sin ella, ¿por qué siempre hablamos de la naturaleza como si fuera algo extraño a nosotros?. Somos parte de ella.
Eso sí, por desgracia, en la actualidad, también somos el factor mas desequilibrante para ella.
Sigo filmando lo mejor que puedo, y eso sí, “con mucho cariño”, mis queridos barrancos de Guara.
Son mini películas realizadas por y para mí mismo, pero para compartirlas con mi familia, mis amigos, y con quien quiera reconocerlos desde mis ojos y con mi particular enfoque.
He de confesar que disfruto mucho haciéndolas.
Posiblemente porque tenía muchísimas ganas de participarlos de esta manera, donde se enlazan dos de mis pasiones: la de los barrancos y la cinematográfica...
Esta semana, un clásico entre los clásicos, que por desgracia se suele secar casi siempre a comienzos de verano: “El Mascún”.
Cuando comenzamos a funcionar como guías por el año 95/96, ir al Mascún era casi una celebración y siempre siempre un enorme placer con sentimiento de aventura.
Era salirte de la rutina; salirte del Vero (el que más se descendía por entonces), y al mismo tiempo, visitar a Manolo (Único habitante de Otín que junto a su pareja Bárbara (Alemana) regentaban allí un insólito semi albergue y un hospitalario bar (hoy por desgracia todo abandonado y en ruinas).
Cuantas noches de tertulias, paellas de conejo a la brasa, e incluso bailes disfrutamos en Otín por entonces... Que decir, Manolo era todo un quimérico personaje...
Volvamos al barranco. El recorrido de este clásico, de comienzo a fin está repleto de localizaciones características y reputadas de la sierra de Guara: El delfín, la fuente del Mascún, la Torre de Santiago, la Cuca Bellosta, la Ciudadela, el Saltador de las Lañas, la cascada de Peña Guara, el pozo negro, el Caos del Onso, o rocas tan originales como el beso o el zapato...
Son junto con el Cañón del Vero, indudablemente los barrancos con más reputación de la Sierra.
Un barranco, de los que lo tiene todo: Una prolongada y hermosa aproximación, un descenso furtivo, latente y  técnico donde encontramos saltos (siempre evitables), pozas, galerías, oscuros, rápeles y destrepes, velados con la ornamental estética característica de Guara y su belleza salvaje. Té cautiva.
Un barranco en el que incluir lo mirado, lo externo, en nuestro impresionable interior, contribuye por un instante a pulir la mejor versión de nosotros mismos.  Esa que hace manar la curiosidad, y de la que nace un primer conato del creer en algo y del encanto por la vida.
Además del placer deportivo de su descenso, la contemplación de toda su esencia, te proporciona un peldaño mas de comprensión, de tolerancia y adhesión hacia la naturaleza, hacia todo, incluso hacia ti mismo.
Es en lugares como este, donde podemos salir de nosotros mismos.