sábado, 27 de abril de 2019

Para este viaje no hacían falta alforjas.

"Para este viaje no hacían falta alforjas"
Cuanto de verdad encierra esta frase en tan pocas palabras.

Hace dos años, tras cinco consecutivos ideando y dirigiendo unos viajes digamos de aventura, terminé cansado y decidí hacer una pausa.
Unos viajes cuya filosofía era elevar siempre al grupo, determinando la convivencia, los sentimientos y la superación personal, por encima de la meta prevista.
Viajes en los que, aunque si se fijaba esa meta, normalmente de altura, la dicha no era alcanzarla, si no disfrutar de cada paso mientras lo intentábamos.
Y curiosamente, este dogma de nunca creerse mejores ni mayores que esa meta fijada, esa simulada reverencia, siempre nos llevó a alcanzarla.  
Ahora, pasados dos años, y algunas circunstancias personales en mí vida, decidí planear un nuevo viaje. Es más, necesitaba hacerlo.
El mismo procedimiento, la misma fórmula, pero mucho más accesible en fechas y condiciones. Seis días, de los cuales cinco eran festivos.
Porque en esta ocasión, mi propósito era junto con algunos veteranos de viajes anteriores, seducir a amigos con los que siempre había soñado compartir una experiencia así, pero necesitaban no tener ninguna excusa para hacerlo.
Y aunque algunos por circunstancias no pudieron, otros si respondieron y confiaron en la propuesta y en mí. Y en algún caso ciegamente.  

Los que me conocen, saben que soy una persona optimista, que suele ver el lado bueno de las cosas, y sacar experiencias positivas de todo aquello a lo que me pueda enfrentar. A todo este programa, era muy fácil verle el lado bueno.
Y para relatar las sensaciones de este recién concluido viaje a Marruecos, me voy a poner un poco exotérico.
Porque a lo largo de los años, tras vivencias buenas y malas en mí vida (como en la de todos), tras hablar o escuchar a unos y otros, tras distancias o casualidades, he llegado a la conclusión que, aunque no lo pueda comprender ni explicar, hay una razón por la cual cada persona, cada circunstancia llega a tu vida.
Y esto lo puedes ver como una bendición o como una lección, pero todo y todos llegan por una razón o con un propósito.
Sincronicidad dicen: Un concepto que habla de las significativas coincidencias en la vida, y que explica estas “casualidades” como el universo mandándonos señales y personas que nos ayuden a alcanzar a nuestro propósito en la vida.
¡¡Ahí queda eso!!
En definitiva, creo que nadie llega a la vida de nadie por casualidad, y nada sucede por accidente.
Cada situación, cada persona, cada dificultad, incluso cada acontecimiento o experiencia te lleva exactamente a estar donde tienes que estar.
Y es aquí, ahora, en este punto de nuestras vidas, donde nos juntamos unos por sugerencia, otros por casualidad, otros por fortuna, veintiuna personas de diferentes edades, condiciones o físicos.
Pero concluyentemente, pienso que todos debíamos estar allí. Y a toro pasado, no solo lo pienso, si no que lo certifico.
Cada uno para tomar algo, pero también para tributar algo a los demás.

Porque un viaje de estas características, no solo es un medio para conocer lugares, culturas y personas, sino también para conocer y dar la mejor versión de uno mismo.
Puesto que en un viaje especial, con personas especiales, siempre dejas algo de ti, pero a cambio te llevas algo de él.
Traspasa tus certezas, y cambia el sentido de conceptos como “normalidad” y “lógica”.
Y así ha sido de nuevo esta vez en Marruecos.
Y yo no sé qué se han llevado los demás, ni que he aportado yo a ello; pero sí sé lo que a mí me ha significado volver a sentirme libre en la falda de una montaña, acompañando a gente que quiero para en algunos casos descubrirse a sí mismos.
Cuando uno piensa en Marruecos, normalmente las imágenes que vienen a nuestras cabezas son las de las bulliciosas ciudades con sus zocos y mercados, los desiertos y camellos, y nunca pensamos en montañas, nieve y temperaturas bajo cero. Pero ese Marruecos también existe.
Es más, Marruecos cuenta con cuatro cordilleras: el Rif, el Atlas Medio, el Gran Atlas y el Antiatlas.
Y su montaña más alta es el Tubkal, Toubkal, o Ebe Toubkal, que alcanza los 4.167 metros, fue ese hipotético objetivo planteado para esta ocasión.
Un cuatro mil asequible. Partiendo de la base, que todo es fácil o difícil proporcionalmente a la experiencia de quien lo afronta, su físico, o las circunstancias.
La lucha interna, la satisfacción personal, la emoción, o la aventura, que uno ha de hallar escalando el Everest, otro puede hallarla ascendiendo una montaña cercana. Y es así. Y desde mi humilde punto de vista, por sí mismos, y sin comparar la hazaña manifiesta, tienen el mismo mérito, y sienten parecidas emociones.
Así que, con esta premisa, los veintiuno llegamos a Marrakech tras un viaje en el que no dormimos casi nada.
En el rostro de algunos se podía adivinar ese nerviosismo que surge ante lo desconocido.
Allí primer contacto con la bulliciosa plaza Djemaa el Fna o el Zoco. Desembarcar en un país desconocido (Esta vez Marruecos) es un poco como renacer.
Incluso en ese momento de desorientación que te inunda en el primer momento en la cola de inmigración del aeropuerto.
Porque ese shock inicial te lleva a agudizar los sentidos.
Y una vez que vuelves en ti mismo, ellos, tus sentidos, se lanzan a la conquista de este nuevo ambiente; y, como por arte de magia, cada cosa tiene el sabor de la primera vez.

Había decidido, creo que, con acierto, cambiar el hotel de cuatro estrellas inicial, por dormir en unos Riads en pleno centro junto a la plaza.
Riad, que en árabe significa jardín, se define por un patio interior, alrededor del cual se distribuyen las habitaciones y zonas comunes.
Es precisamente este patio interior el que suele caracterizar el alojamiento, y suele estar decorado con mosaicos, plantas o alguna fuente.
De esta manera, la inmersión cultural era más plena que aislándonos en un hotel a las afueras.
Allí en el Riad conocimos a Hassan, el que sería nuestro contacto y guía durante estos días.

Al día siguiente, traslado hasta Imlil en dos furgonetas,  y a partir de ahí nuestras piernas con la ayuda de dos guías locales Hassan I y Hassan II, nuestros simpatiquísimo cocinero Ibrahim, mulas y muleros, para hacer más fácil la subida hasta el refugio.
Mi objetivo, que nadie dudara poder continuar al día siguiente. Durante los últimos meses, había escuchado a alguno decir que con llegar al refugio se daba por satisfecho….

Y aquí, mientras ascendíamos marcando yo la cadencia de paso y relegando a los guías locales como soportes, empecé a darme cuenta, a pensar en los beneficios de viajar con la familia que tú has elegido.
Viajar con amigos supone compartir experiencias y situaciones que, de otra manera, igual no se hubiesen vivido conjuntamente, por lo que con ello logramos consolidar esa amistad que ya existía, y tenemos la posibilidad de conocernos aún mejor. 
Compartir experiencias, vivir situaciones únicas y diferentes y afianzas lazos. Crear un vínculo único y para siempre, que por mucho tiempo que pase siempre existirá. Siempre habrá una anécdota para reír o emocionarse.

Las claves, humildad, paciencia y humor. Hay que recordar en todo momento, que somos amigos, y estamos a punto de vivir juntos una gran aventura.

Así que, pasito a pasito en las faldas de Atlas, cerrando una puerta a nuestras espaldas nos preparamos para cruzar la sutil frontera entre lo que conocemos y lo que queremos conocer.
Y lo hacemos físicamente, pero estamos obligados a hacerlo también dentro de nosotros mismos, para que esa partida sea real.
Conseguir dar ese primer paso es lo más difícil.

Y de nuevo se obró el milagro. De nuevo hemos parido palpitaciones, aventura y sobre todo gratitud.

Tras hollar al día siguiente todos juntos la cima del Toubkal, anhelos, deseos, sueños, realidades, miedos, y superación personal.
Y quedan en nuestra memoria esas lágrimas de satisfacción, esos profundos abrazos llenos de emotivos latidos, esas emociones, los apoyos recíprocos cuando alguien flaqueaba, y las visibles sonrisas y risas exaltadas.
Mientras descendía de esta cima en silencio, aún medio emocionado, recapacitaba. Hace muchos años, cuando comencé a escalar montañas por mí mismo o en expediciones coordinadas, jamás me emocionaba al pisar una cima.
Sin embargo, desde que esta experiencia la he compartido con amigos, o con personas cuya humildad y propósito está muy por encima de la intención, me he emocionado cada vez.
Esta vez, cuando ya veía a lo lejos el trípode de la cima sintiendo tras de mi a todos mis compañeros, cada uno con su historia y su lucha, me emocioné y lloré. Y después con cada abrazo.

Que más decir. Que al terminar un viaje así, averiguas que ha sido un éxito, no mirando la foto de la cima, si no cuando al llegar a casa, cuando al despedirnos a los pies del autobús, sientes como si te fraccionaran un poquito tu corazón al despedirte con sentidos abrazos engalanados de ternura; Esos sí que nunca mienten.

Ya jamás olvidaremos los extraordinarios instantes donde todos juntos formamos parte de un sueño colectivo.
Nunca olvidaremos Marrakech su plaza y su zoco, Imlil, Aremd, el curso del río Ait Mizane hasta el refugio Neltner, o el ascenso desde allá hasta la cumbre del Toubkal.
Otro elevado escenario que siempre formará parte de nuestra memoria.

Yo junto con el destino los uní, pero entre todos, hemos avivado la motivación, la capacidad de sufrimiento, y sobre todo la humildad y el compañerismo.

Y ese ha sido el auténtico éxito de esta función.
El grupo, y el respeto, y ese nunca pensarse superior al objetivo que pretendíamos.
Respeto al medio, a tus compañeros y a ti mismo.

Una prueba más de que el montañismo te da, te aporta muchas cosas, y en muchos aspectos: Salud, voluntad, satisfacciones, cultura, experiencias, conocimiento de ti mismo, y la mejor de todas, “amistades”.
Amistades que nos aportan esparcimiento y risas, pluralidad, objetividad, y esa importantísima posibilidad de compartir.
Y lo más importante, es que creo que todos y cada uno, han entendido, que el intentar hacer algo fuera de lo común, no te convierte en extraordinario.
Que hay que saber distinguir el deseo de ser y de vivir, por encima del de conquistar o sobresalir. Y que son esas pequeñas cosas las que alimentan a las grandes.

Has alcanzado aquello por lo que te has estado esforzando tanto. Aquello que te quitó el sueño y que, de forma contradictoria, fue lo que mejor te hizo dormir después.
Los momentos así, corroboran esa máxima que dice, que la vida no se mide por las veces que respiras, si no por los instantes que te quitan el aliento.
Estos días, al menos en mi caso, ha habido muchos de estos momentos:
Despegues, ronquidos, ayudas, bailes, baños arabes, cervezas de estraperlo, padres e hijos, superaciones físicas y mentales, y sobre todo personas; amigos.
Ha sido extraordinario. Gracias a todos.
Firmado: Lomo plateado. 
PD: Mención especial a Ana, que con su diabetes, nos ha demostrado a todos eso de que en la vida no se trata de poder hacer, se trata de querer hacer. 



miércoles, 10 de abril de 2019

Toubkal (4.167 m)

Hay gente que afirma con tanta rotundidad que es difícil soñar despierto, que casi los terminas creyendo.
Gente que asegura que los cuentos de hadas no existen, y que los lugares mágicos sólo residen en los relatos para niños.
Y crecemos con una realidad alejada de los sueños, o sueños apartados de la realidad.
Hasta que un buen día, averiguas que sueño y realidad pueden convivir e incluso asociarse.

El próximo jueves 18 partimos hacia Marruecos un grupo de 21 amigos con el objetivo principal de pasar unos días inolvidables mientras tratamos de ascender el Toubkal (4.167 mts.).

Estoy entusiasmado con este viaje, porque, aunque faltan algunos que no han podido venir, en él se han reunido compañeros habituales, pero también una serie de amigos con los que siempre quise compartir algo así y no se habían animado hasta ahora. 
Amigos que incluso no se creen capaces, ni saben muy bien lo que les espera, pero vienen. Porque confían en mí.
Lo absolutamente maravilloso es que yo confío apasionadamente en ellos.
Y cuando viajas lleno de pasión, pero con humildad,  sencillez, y expectativas moderadas, es muy sencillo asombrarte absolutamente con todo.
Porque para hacerse grande, primero hay que hacerse pequeño.
Sé que la mayoría, y me atrevería a decir que todos, volverán mucho más grandes y con muchos sueños futuros por compartir.


18 al 23 de abril

Día 18/04:
Llegada a Marrakech

Vuelo desde Madrid, y llegada a las 12:25 a Marrakech.
Dia por Marraketch.

Día 19/04:
Marrakech – Imlil (1.740 m) - Refugio Neltner (3.207 m)

Viaje por la mañana hasta Imlil.
Allí, llegados al pie de las montañas empezaremos la subida al refugio Neltner (3.207 mts.).
Transitaremos por campos de nogales hasta Aremd, donde cruzaremos la llanura de aluviones para luego tomar el sendero que asciende hasta el “marabout de Sidi Chamarouch”, poblado venerado y frecuentado por los peregrinos que cada año se acercan a este espiritual enclave en el Atlas.
Desde este punto el camino sube el curso del río Ait Mizane hasta el refugio.
Noche en el refuio del Toubkal.

Día 20/04:
Ascensión al Toubkal (4.167 m), y Toubkal Oeste (4.030 m)

Ascensión a la cumbre del Toubkal (4.167 mts.), si el tiempo no lo impide.
Temprano desde el refugio ganaremos la primera rampa que da acceso al valle sur (Ikhibi sur).
A partir de aquí la subida se suaviza hasta el zigzag que lleva cerca del collado que separa el Toubkal principal del Toubkal Oeste.
Ascenso por la fácil arista hasta alcanzar el trípode geodésico que adorna la cumbre del Toubkal.
Habrá la posibilidad si hay fuerzas y el tiempo es estable, de acercarse despues los que queramos a pisar la cumbre secundaria también de más de cuatro mil metros (4.030 m). Dos cuatro miles.

Retorno y noche en el refugio.

Día 21/04:
Refugio del Toubkal – Aremd
Por la mañana después del desayuno iniciaremos nuestro camino de regreso hasta el valle.
Llegada sobre el mediodía a Aremd, uno de los pueblos más grandes del valle de Imlil, en donde pasaremos la tarde descansando, paseando por sus calles, tomando un té y una sesión de hammam (baño árabe).

Día 22/04:
Marrakech

Después del desayuno día para visitar Marrakech, la perla del sur de Marruecos.
Visitaremos el Palacio de la Bahía, las Tumbas Saadianas y el embalse de la Menara.
Por la tarde tour a la magnífica Mezquita Koutoubia y por la plaza de mercado Djemaa el Fna.

Día 23/4: 
Marrakech,  y vuelo retorno a casa.


La felicidad no debe ser la meta, si no el camino.

jueves, 14 de marzo de 2019

PREMIO DEL AYUNTAMIENTO DE BARBASTRO EN LA GALA PROVINCIAL DEL DEPORTE


Hace unos días recibí una llamada de teléfono con la noticia:
“El Ayuntamiento de Barbastro ha decidido concederte su premio en la próxima gala del deporte provincial”.
Este año esta gala se celebra este proximo sábado en Graus.
Ayer en una rueda de prensa en la Diputación de Huesca, se hizo público este premio.
Y no sé muy bien qué decir.
Primero que es un halago claro; pero después, durante los días sucesivos desde que me lo comunicaron, el pensar en ello me ruborizaba un poco.
Paulatinamente me ha ido invadiendo una ambigua sensación de demérito, o de que se lo merecería mucha gente que conozco antes que yo.
Si es cierto que llevo practicando deporte propiamente dicho ininterrumpidamente desde hace más de treinta y cinco años, pero con ello jamás he buscado ningún reconocimiento más allá de la enorme satisfacción personal que me ha reportado y reporta en muchas facetas de mí vida.
El deporte siempre ha sido mi hobbie y no mí ocupación ni mi oficio.
Incluso aún más; para mí es ya una especie de credo; una forma de vida sin la que ya no me imagino.
Y por todo ello no me supone ningún mérito, ni me significa competición, ni acopio de galardones o medallas.
Quizás tenga que ver en ello la suerte de haberme iniciado en el deporte como montañero.
Porque en este deporte, descubres que la recompensa la hallas durante el camino y no en la meta.
El montañismo fue mi primer deporte por así decir, oficial.
Y desde él germinaron y se expandieron todas mis otras vocaciones deportivas y extradeportivas: Correr, escalar, hacer barrancos, esquiar, las aventuras, viajar, compartir, e incluso comunicar.
Puesto que hacer deporte es mucho más que sudar una camiseta.
Hacer deporte significa búsqueda, superación, equilibrio, y desarrollo como persona; Y esto último, yo algunas veces lo logré y otras no tanto.
El deporte promueve cosas tan importantes como el intercambio cultural, los valores humanos, la auto disciplina, el sentido de grupo, la solidaridad, la comprensión y la tolerancia.
Practicar deporte es evidentemente perfeccionar el cuerpo, pero también mente y espíritu.
¿Qué más puedes pedir?
¿Qué mayor recompensa que todo esto?
Cuando te dan un premio por haber realizado una gesta deportiva, como los que recibí hace algunos años, tan solo significa que las cosas te han salido bien en una actividad o hecho determinado que se sale de lo habitual. Pero nada más.
Sin embargo, cuando te lo dan por una trayectoria de muchos años es otra cosa.
Desde mi punto de vista, eso se nutre de diversas fuentes:
Tus logros anteriores, tu vivencia, tu aptitud actual, pero lo más importante, las experiencias referidas a tus orígenes.
Aquellos orígenes con los que siempre te comparas, en los que te reflejas y de los que emergiste. Tus raíces.
Y por ello, este premio lo acepto y agradezco encantado.
Como herencia de todo ello.
Herencia o legado de todos y cada uno de mis amigos, familiares, mentores y maestros, que, a lo largo de años de aprendizaje y práctica deportiva, me han aportado y siguen haciéndolo, mucho más de lo que ellos pudieran imaginar. Práctica y aprendizaje que espero no finalice hasta el fin de mis días.
Desde mis primeros monitores de campamentos que cuando niño sembraron esa semilla, a mis compañeros de aventuras imposibles y escaladas de sueños que la hicieron florecer.
Desde los cómplices de férreas carreras de voluntades, a amigos y compañeros de trotadas y viajes de aventura que confían en mí y la amplifican.
Mención especial a el club en el que crecí y me formé, montañeros de Aragón Barbastro.
En todo este tiempo, he tenido la fortuna de compartir momentos de mi recorrido que jamás olvidaré, con Pepe Chaverri, Fernando Garrido, Iñaki Ochoa, Carlos Soria, Jorge Egocheaga, Juanjo Garra, Jordi Aubeso, o Julen Urdaibai.
Pero muchos más y más significativos, con amigos menos populares y cercanos. Y esa lista sería larga. Vosotros sabéis perfectamente quienes sois.
Inexcusablemente es momento de acordarme de mi madre. ¡Cuánto la encuentro a faltar!
De ella aprendí o estoy en ello, aún más desde que soy padre, la persistencia y la decisión, pero sobre todo la capacidad de entrega.
Atributos asociados al deporte, y que nos inculcó desde pequeños sin darnos ni cuenta a mis hermanos y a mí.
Ella, allá donde esté, si se sentirá orgullosa y pensará que nadie merece este premio más que yo…. Ja jajá. Si acaso otro hijo suyo.
Tampoco puedo dejar a mi hija claro.
Porque ella se ha convertido ahora en mi principal motivación deportiva y extra deportiva, y ese eje fundamental para seguir deseando operar en esos cauces de ilusión que mantienen intacta mi pasión. Para de esta manera poder compartir tantas y tantas cosas juntos durante muchos años.
Pues bien, todos ellos contribuyeron y contribuís cada día a enriquecer a este humilde deportista amateur. Y por ello a todos debo este premio, y es todos ellos.

Motivación la clave.
Y se puede motivar con miedo o con recompensa, pero esto es transitorio e incluso fugaz.
Tras tantos años, he aprendido que lo que hace duradera una actividad deportiva es la “auto” motivación y la pasión, pero sobre todo la humildad y las buenas compañías.

Como dijo Nelson Mandela: -"El deporte tiene poder para cambiar el mundo, y tiene poder para unir a las personas en una sola dirección".
Gracias por este premio.


jueves, 21 de febrero de 2019

TOUBKAL 2019


Tras más de un año de “desconexión”, este próximo mes de abril acompaño de nuevo a un grupo de amigos a un viaje que hemos organizado junto con Modo Viaje.
Esta vez será a Marruecos para tratar de ascender el Toubkal de 4167m. La montaña más alta del Atlas.
Las circunstancias del viaje serán parecidas a las de los que hemos realizado hasta ahora (Tanzania, Nepal, Perú, India y Bolivia), pero en un tiempo más breve y unas fechas muy viables (seis días de semana santa, de los cuales cinco son festivos).
Siempre habían sido viajes de quince a veinte días de duración.
La filosofía, eso sí, la misma de siempre.
Y para que la conozcáis, si no la conocéis ya, esa filosofía, aquí os transcribo el escrito de presentación de esta aventura que redacté para los participantes:
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Que enorme satisfacción supone cometer algo deseado con un grupo de “amigos”.
Porque, aunque algunos aún no os conozcáis entre vosotros, no me cabe ninguna duda que terminareis llamándoos “Amigos”.
Una vez más nos ha asociado el destino, la suerte, la ilusión de imaginar, de actuar, y finalmente el anhelo de compartir.
Y lo que hace nada era una ilusión, ya es una realidad.
¡¡Nos vamos a Marruecos!!
Unos venís con la tranquilidad (que no indiferencia) que da la experiencia, y otros…, otros sentís por vez primera esa incertidumbre y esa duda de: ¿seré capaz?; ¿estaré a la altura? ¿aguantaré a esa altitud? ¿seré un estorbo para el grupo?...
Os suplico que dejéis de lado esa preocupación.
Porque todos somos capaces de “intentarlo”. Y solo se trata de eso. No hay más.
Se trata de un estupendo viaje a Marruecos con muchas cosas, entre las cuales estará disfrutar del intento de ascender el Toubkal.
Repito: “Disfrutar”.
Una aventura (porque para mí esto son aventuras), nace de la actitud.
La actitud para enfrentarse a algo desconocido, aceptando las condiciones.
Aceptando esa avidez interna que surge ante un destino que desconocemos y a la vez tememos un poquito; aceptando esa incertidumbre, esa oportunidad deseada, el sendero hacia ella y la suerte o la falta de esta.
Con anterioridad nadie sabemos si llegaremos o no a pisar esa cima.
Porque eso nunca depende de nosotros totalmente. Hay que aceptar esa regla desde el principio.
Aparte de que afrontar cualquier desafío conociendo su final, haría perder ese matiz de aventura, incertidumbre y valentía que nos motiva. ¿No?
Así que, a los que venís por primera vez, quiero recalcaros, a riesgo de decepcionaros, que el objetivo fundamental de este viaje no es pisar si o si la cima del Toubkal; el objetivo principal es disfrutar de cada paso mientras lo intentamos, y después de hacerlo.
Cuando bailas, tu propósito no es llegar a ningún lugar de la pista de baile; tu propósito es disfrutar de cada paso del baile. Pues aquí es lo mismo.
También quiero subrayaros que esto será una familia.
Una familia en la que todos somos semejantes.
En la que los que puntualmente se encuentran más fuertes, ayudan a los más cansados; los más rápidos ralentizan su paso para caminar con los más lentos, y donde se comparte, se alienta, y se apoya.
Las claves del éxito de los cinco viajes precedentes, por encima de otras, han sido: Compañerismo y humildad.
Aquí, (y eso si se puede garantizar) todos, absolutamente todos, aportaremos nuestro granito de arena para construir el grupo y forjar un viaje inolvidable lleno de momentos entrañables.
Y aún con estas condiciones, no se puede garantizar que pisemos la cima, pero si se puede garantizar la satisfacción y la probabilidad de sentirte pequeños, pero a la vez enormemente grandes.
Y también se puede garantizar que todo ello estará encuadernado con el entusiasmo de amigos conocidos y por conocer, y que será un gran viaje.
Ahora a centrarnos en la preparación (sin volverse locos) y la mentalización.
Después vendrá la introspección, la meteorología, y finalmente la “suerte”.
Y con estas aptitudes, ¿Qué puede salir mal?, Pues Nada.
Todo es conocido y todo es nuevo; todo es fácil y a la vez complejo.
Únicamente quiero que sepáis que para mí, el indiscutible deportista o montañero, es como todos nosotros; el aficionado.
Aquel que desarrolla el deporte que le gusta únicamente como un medio para encontrar un punto de equilibrio mental y corporal; para encontrarse a sí mismo. Aquel que aprovecha las oportunidades que “busca”, no para coleccionar cumbres, ganar medallas, ni a nadie, sino para ahondar en sus propias limitaciones y “disfrutar” de ello.