martes, 3 de junio de 2014

PRIMER BARRANCO DE LA TEMPORADA:

Hasta la más modesta actividad tiene posibilidades de hacer disfrutar al que la hace, o al que la mira. El arte, el amor, la contemplación, la naturaleza, alcanzan a ser tanto un regalo, como un cobijo.
Hoy, con el paso de los años, lo mejor de estos placeres, es que ya no suelen ser excepcionales. Y por elegidos, son más maravillosos aún.
Porque la reputación nos emplaza a todos, si, pero aún más debería hacerlo la autenticidad. 
Y para mi lo mejor, es que a lo largo de tantos años, mi capacidad de emoción sigue intacta.
Muchos ya sabéis, que cuando llega el buen tiempo en esta época del año, una de las actividades que me hace sentir, sentirme privilegiado, y disfrutar de una manera difícil de explicar, es el descenso por mis queridísimos barrancos de Guara.
Será por la soledad (aunque ahora, según a qué horas cuesta encontrarla), por la manera en que el agua vanidosa murmura mientras libre corretea por esta excitada amplificación de naturaleza, o puede ser simple apasionamiento de lugareño, o todo al mismo tiempo; pero lo cierto, es que en los cañones y barrancos de Guara habita una paz que para mi es difícil de encontrar en cualquier otro lugar donde haya estado.
Lo que menos miente es un paisaje. Porque lo espontáneo no tiene ni dobles interpretaciones, ni aspiraciones a ser nada que no se sea ya.
Tengo la misma sensación que cuando al escalar una montaña, llegas a la cima, y de pie, absolutamente quieto, escuchando, contemplas toda la magnitud, sintiendo y llevando tus pensamientos a una abstracción total.
Y es bonito sentirlo, pero asimismo contagiarlo y hacer partícipes a los demás.
Un barranco es un ambiente mágico, y engloba tanto el consciente como el subconsciente, llevándome a un estado de fuerza tal, que exteriorizando mis emociones, todo se somete a ese estado de ánimo.
La naturaleza, el contacto con ella, posiblemente sea la mejor escuela de vida que existe. Desarrolla valores casi extintos, y fortalece, pero a la vez sensibiliza.
En un barranco consigues conectar tu alma con ese mundo de extraños contrastes, de frío y calor, de miedos paralizantes e indestructibles alegrías; de vida y de muerte.
Al progresar poco a poco por el corazón de uno de estos barrancos, imaginando te cuestionas... pero poco a poco, paso a paso, disminuye tu temor, aumenta la confianza y te asalta la embriaguez del entusiasmo, el respeto y la admiración.
Y regresas año tras año con tus nuevos sentimientos, con tus nuevas sugestiones, y siempre se descomponen al contacto con la primera de las gélidas pozas... Te manifiestas capaz de maniobrar en una frecuencia más alta de conciencia, voluntad, compañerismo y valor.
Eso si, si tu corazón y tus sentidos no están abiertos, simplemente será un parque acuático natural; Una exótica excursión a un lugar pintoresco con cuantiosos peligros que presumido y exagerado, puedas contarles a tus amigos con una cerveza en la mano.
No es sólo la paz lo que me atrae de los barrancos o las montañas, sino esa magia que los envuelve y hace de estas líneas un texto incapaz de recoger este grandioso y magnífico entorno. Pero, los mejores sitios son aquellos que no se pueden describir con palabras ni mostrar con fotografías.

Todo esto viene a cuento de que además de placer, la contemplación de la naturaleza nos proporciona un primer peldaño de comprensión. Por tanto de la tolerancia, y de la desactivación de ese tan humano creerse alguien.
Con este barranco, La Palomera, que es una pequeña joya junto a Colungo que hay que aprovechar a descender en primavera o tras época de lluvias, he comenzado mi proyecto de filmarlos y hacer una pequeña película de cada uno de ellos como un recuerdo personal compartido.
Cuando miramos adelante, siempre tenemos bifurcación: podemos elegir él comunicarnos, o podemos no salir de nosotros mismos. 
Yo elijo comunicarme.
 


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