miércoles, 7 de octubre de 2020

Vuelta 53

Finalizada mi vuelta 52 alrededor del sol, comienzo la 53.Y en un mundo en el que mucha gente se avergüenza de decir su edad, reivindico el valor de nuestros años, sean los que sean.
Puesto que cada uno de los años cumplidos, son nuestro mayor tesoro; nuestro archivo de vida, experiencia, momentos y sentimientos.
Cuantos más años cumplimos, somos mejores, más valemos, y no al revés.
Y avergonzarte de tu edad, es como avergonzarte de tu vida, tus vivencias y tus experiencias.
Yo lo tengo claro, la mejor edad es la que vivo a cada momento. Así que siempre estoy en la mejor etapa de mi vida.
Del mismo modo, tras años de vivencias y experiencias, he aprendido que digan lo que digan, amarse a sí mismo, cuidarse a sí mismo, no es vanidad, ni arrogancia, sino cordura y equilibrio.
Ha completado un año que comenzó corriente, y ahora vive enloquecido, o rabioso, no sé bien; pero si dijera que ha sido un mal año para mí, mentiría.
Lo he completado sereno, fortalecido, con muchos cambios internos, y sintiéndome satisfecho conmigo mismo y de mí mismo.
Convencido del todo de que hay que cuidar tu exterior lo mejor posible, para disfrutar más y mejor esos años cumplidos, pero asimismo el interior para enriquecerse de ello.

Hallar el equilibrio entre el tú visible y el tú invisible.
Por la apariencia se te evalúa incluso sin conocerte, y es lo de menos; pero por tu carácter, por tu contenido, se te ama.
Y doy fe; sentirse satisfecho u orgulloso de uno mismo, hace que ocurran milagros a tu alrededor.
Algunos dicen que tu cuerpo es resultado de tu conciencia. Yo no lo sé.
Pero si que es la resulta de cómo tú te ves a ti mismo.
De alguna manera acuerdas que tu cuerpo es instrumento de tu alma.
Todos tenemos un cuerpo único, especial, y es importante apreciarlo, cuidarlo, y jamás avergonzarnos de él.

Es nuestro verdadero hogar, nuestro vehículo en la vida, y trabaja muy duro a diario para mantenernos con vida.
Eso sí, repito, necesita ser cuidado, respetado y amado.
Y amarse a sí mismo mental y físicamente, ahora mismo, tal y como eres en este instante, es darte felicidad. No esperes a envejecer o morir. Si esperas, ya estás un poco muerto.
Y pese a quien pese, repito lo que he escrito al comenzar: “Amarse a sí mismo no es vanidad, es cordura”.
Vive, ama, pregona, comenta, da, agradece, demuestra, aprende, enseña, acepta, ofrece, entrégate, cumple, trabaja, disfruta, escucha, deja ser, deja ir, deja entrar y, sobre todo, permítete ir siempre donde te dicte tu corazón.
Haz bien, vive y deja vivir.
Vive lo mejor que puedas días, horas y minutos.
Haz de tu vida la mejor de las experiencias posibles, y si fracasas, si te desplomas, que de
vez en cuando pasa, no pierdas tiempo lamentándote, levántate y sigue adelante.

Todo va muy rápido.
Sin darte ni cuenta, ya estás en la hipotética mitad de tu vida o más.
Y digo hipotética, porque nadie sabemos con seguridad cual es nuestra mitad… Y esto nos debe hacer recapacitar.
Por ello también el término "mediana edad" me resulta confuso.
¿Cuál es esa edad? No es generalizable.
Yo imagino que es cuando, tengas la edad que tengas, todo cambia súbitamente en tu interior.
Cuando repentinamente, ya no te importa lo que opinen los demás de ti.
Cuando pasas a ser más dueño de ti mismo.
Cuando al repasar tu trayectoria vital, empiezas a sentirte, a reconocerte, a desarrollarte y sobre todo a aceptarte.
Cuando aumenta tu interés por todos los aspectos que pueden fomentar tu bienestar, incluida la espiritualidad; asunto que antes te parecía una franquicia de frikis sugestionados.
Cuando tu autoestima se asienta, y esto refuerza tu capacidad para verte con más perspectiva y honestidad. 
Cuando, y ya era hora, por fin hallas lo mejor de ti mismo.
Toda esa nueva perspectiva del tiempo hace que goces más de la calidad que de la cantidad, que seas más consciente de que los instantes no vuelven y hay que saborearlos lenta e intensamente.
20 Años
Además, desaparece esa ira hacía…, nunca supiste muy bien que, y aprendes a llevar mejor las preocupaciones, las inquietudes o la ansiedad, ganando paciencia, optimismo y claro está, felicidad.
Envejecer no significa frenar; significa seguir invirtiendo en tus metas, pero con la habilidad que te proporciona esa experiencia acumulada que compensa tus limitaciones.
Unas limitaciones que has aprendido a reconocer, y lo más importante, a aceptar.
Eres totalmente consciente que el “hipotético” tiempo que te queda cada año es menor, y ello te refuerza para aplicar tu energía en lo verdaderamente importante para ti, y únicamente en las relaciones que consideras significativas.
Ya solo estás con quien quieres estar, y aprendes por fin a decir ¡No!
Adoptas una perspectiva más positiva ante la vida, y te vuelves más reflexivo.
En definitiva, amas más y mejor tu vida y lo que te rodea.
El tiempo es relativo, contradictorio y travieso, pero solo eso. 
Ahora sé que no hay que quedarse con conversaciones, perdones o agradecimientos pendientes, no hay que dejar de hacer aquello que persigues, y nunca hay que vivir como si el tiempo fuese ilimitado… En ese aspecto, incluso sin saberlo, creo haberlo hecho bien hasta ahora.
Tu vida es tuya, y toda vida merece ser vivida con la mayor intensidad que nos sea posible.
53 años
Dejar pasar el tiempo, tener tiempo, tomarte tu tiempo, perder el tiempo, o vivir a contratiempo.

Un ser humano de 70 años, vive solamente alrededor de 25200 días.
Realmente no es tan largo nuestro paso por el mundo.
De niños vemos el mundo grande, inmenso y todo parece lejano.
Pero de adultos, hemos atravesado ya suficientes experiencias como para darnos cuenta que el tiempo solo es largo cuando está por delante a modo de meta o deseo, pero realmente pasa en un abrir y cerrar de ojos.
Y nunca nunca se detiene.
Incluso como en mí caso, sin darte ni cuenta, ya se han ido abuelos y padres.
Así que, contando mis años vividos, acepto que tengo menos tiempo para vivir en adelante que el que he vivido hasta ahora, y por eso no tengo tiempo para derrocharlo.
Hay que mirar siempre en dos únicas direcciones: hacia tus pies para saber dónde estás, y hacia adelante para saber dónde te diriges o quieres hacerlo. Jamás atrás y casi nunca al cielo. 

CONCLUSIÓN:
Si reflexionas sobre el pasado, no encuentras respuestas claras; si buscas detener el presente, es imposible; y como el futuro no existe, hay que vivir en el filo que delimita tus actos, porque más allá de ellos no hay nada.
 

¡¡A por la vuelta 53!!

 

 

lunes, 17 de agosto de 2020

SALTA



Fueron, son, e imagino que serán, la entraña y el espíritu de un chaval y sus lógicas ansias de andanzas, para poco a poco convertirse en una pasión por hacer, pero sobre todo por aprender y compartir.

Porque la pasión es una emoción importante que encierra entusiasmo e inclinación por algo, y por eso se dice, que a una persona le apasiona algo cuando establece una fuerte correlación con algo.

Este es mi caso. Me apasionan muchas cosas, sí,  pero una muy importante son los barrancos “de Guara”.

No cualquier barranco, “los de Guara”. Mi tierra.

Y cada año me reedito. Como cuando se visita a un gran amigo sigo fiel a esa cita.

Los barrancos de Guara han sido, son y serán, parte de mi vida.

 






jueves, 25 de junio de 2020

GUIAR POR VOCACIÓN



Guiar o acompañar a la gente haciéndola pensar por sí misma. Pareciendo temer con ellos como de la mano, pero sin que se den cuenta.
Llega el verano, y en mi caso, realizo muchos descensos de barrancos acompañando a gente.
Este año ademas, es aún mas especial, porque ya los comparto con mi hija, que le vuelven loca.
Llevo haciéndolo desde hace mas de treinta años: Muchos como guía “semi profesional”, otros como monitor, y ahora como el “amigo experimentado”...
Lo mismo en otras actividades relacionadas con la montaña y la naturaleza; y he de decir que me encanta hacerlo. 
Ello me condujo igualmente a organizar los seis viajes de aventura que hasta el momento hemos proyectado a diferentes partes del mundo acompañando a amigos: Tanzania, Nepal, India, Perú, Bolivia y Marruecos.
Siento una plenitud, a través de la satisfacción de los demás, muchas veces difícil de hallar de otro modo.
Guiar, acompañar, contagiar, hacerse responsable de un grupo de personas para que disfruten “contigo”, junto a ti, de un lugar o una actividad , desde mi punto de vista, es algo enormemente pleno, y como tantas otras cosas debe ser vocacional.
Es  disfrutar tú de algo que te apasiona, contagiar ese gozo, y trabajar de alguna forma para que los demás disfruten igualmente y se sientan realizados junto contigo.
Un guía no se define por su actividad concreta, sino por el sentido que le da a la misma.
Tarea que debe tener como meta generar una percepción especial en las personas que acompaña.
Transformarse por un momento en un auténtico ideólogo que sabe que con algo tan sencillo como compartir, o contagiar su pasión por algo, es posible transformar percepciones, vidas o historias personales. 
En definitiva, y aunque suene cursi, es amar algo y enseñar a amarlo.
Capacidad de transmitir a otros; capacidad de reflejar tu registro de experiencias físicas y humanas, pero evitando que se transforme en un ejercicio de reconocimiento.
Después, claro, un preceptor o guía, debe ser prudente y virtuoso en la materia.
Debe tratar de descubrir cosas nuevas dentro de la cotidianeidad, sintiendo inevitablemente esa necesidad de trasmitirlas.
Un conjunto de intereses, necesidades, aptitudes, ideales y circunstancias personales, que al fusionarse hacen que te sientas atraído hacia esta “forma de vida”, y te sientas capaz de afrontar todos los retos que te supone, porque te compensa.
Un buen, digamos instructor, no se define por su actividad o su nivel, sino por el sentido que le da a ella, y su forma de disponer todas sus acciones al servicio de otro para que este a su lado disfrute.
Hacer de su experiencia una aliada, siempre consciente que no sabe más la persona que tiene más mensajes, sino la que tiene uno y sabe cómo aprovecharlo y trasmitirlo.
Teniendo siempre presente que la soberbia y la vanidad serán los peores regentes.
Para mi, un verdadero guía, mentor o acompañante, como queráis denominarlo, es  aquélla persona que simplemente se presenta frente a un grupo, y aunque repita mecánicamente los conceptos contenidos y aprendidos, y utilice las técnicas adecuadas, le da a todo su propia interpretación, y lo enriquece con su experiencia vital.
Guiar, acompañar, hacerse responsable de un grupo, aunque sea de amigos, o de tu propia familia, es ante todo una responsabilidad, y nace de una vocación de servicio y una labor trascendental de satisfacciones.
Y exige saber entender que el discípulo, o el novato al cual acompañas, es una persona que confía en tus conocimientos.

Has de ser capaz de ponerte en su lugar para transmitirle mejor los conceptos y sobre todo confianza.
Y esto, nunca debe tomarse a la ligera.
Pedagogo, instructor, formador, educador, adiestrador, maestro, asesor, consejero, facilitador, orientador, coordinador, tutor, gestor, mentor, guía, gurú, o conductor.
Un guía enseña, muestra, pero debe también educar. 
Porque quien sólo enseña, está centrado en eso, en su enseñanza. Quien además educa, cumple una misión de servicio, busca un bien común, hace de ejemplo de los valores que predica, y sobre todo piensa, protege y evalúa.
Tiene claro que el valor de su trabajo está en el perfeccionamiento de otros, y en buscar tanto su seguridad como su satisfacción. 
Debe saber leer entre líneas gestos, actitudes, rasgos físicos y emocionales para descubrir lo que necesitan sus "¿discípulos?" a cada instante.
Traspasa la línea del saber para abrir la del ser. 
Es entonces cuando además de guía, te transformas en educador, o mejor aún, en inspirador o motivador.
Y hay personas que parecen tener una aptitud natural “vocacional” para conducir y tutelar a otras.
Supone esfuerzo, disciplina, sacrificio y saber dar sin esperar recibir; aunque siempre se recibe mucho... muchísimo.
Me encanta mostrar, compartir, acompañar, y ayudar a descubrir. 
Como otros antes hicieron conmigo. Esos que jamás olvidaré.



sábado, 6 de junio de 2020

BARRANCOS PRUDENCIA Y RESPETO


La imprudencia suele anteceder a la desgracia.
Hace dos temporadas me disponía a realizar el descenso de los oscuros del Balcés con un amigo.
Realizamos la aproximación, y cuando llegué al río observé que el caudal era alto.
Inmediatamente comencé a valorar y repasar mentalmente el recorrido del barranco mientras caminaba; rápeles, caos, escapes, y sobre todo el sifón que da entrada a los oscuros.
Aunque ya lo había descendido con un caudal aún más alto que ese día, lo había hecho junto con otros guías experimentados, para revisar y hacer prácticas, debiendo en algún caso realizar maniobras diferentes al descenso habitual para evitar y salvar las zonas comprometidas.
Mientras mi acompañante se cambiaba, me acerqué al inicio del barranco, y trepando por las grandes rocas del comienzo observé los primeros sifones, el primer rapel, el nivel del agua, y valoré su comportamiento.
Efectivamente bajaba muy bravo, y eso me obligaría posiblemente a realizar maniobras excepcionales para sortear algún sifón.
Por mi parte ningún problema, pero era responsable o garante de mi amigo que, aunque ha realizado otros barrancos conmigo, no en estas condiciones.
Me hice varias preguntas: ¿Lo puedo descender?: “Sí”; ¿Con seguridad?: “Sí”; ¿Lo va/vais a pasar bien?: “Seguramente NO”.
Yo por la incertidumbre y la responsabilidad de su seguridad; y él por hallarse en un medio que conoce, pero en unas condiciones más adversas que desconoce y no domina.
Así que le informé:
- “Hemos venido a hacer un barranco, y lo vamos a dejar en una bonita excursión”; – “Volveremos otro día; baja demasiado fuerte”.
Recogimos, y regresamos plácidamente por donde habíamos venido.
No me cuestionó; No discrepó; No le importó. Confiaba en mí, en mí experiencia y en mi criterio.
- “Volveremos en unas semanas”, le confirmé.
Y como siempre debe ser cuando se trata de un hobby, pasamos un buen día de excursión y comida. 
No era la primera vez que me daba la vuelta en la entrada de un barranco, en la falda de una montaña, o en una carrera. Nunca he tenido problema con esto.
Hay que tenerlo claro: Nadie comprueba la profundidad de un río con ambos pies a la vez.
Y como siempre les digo a quienes acompaño: “Un cobarde vale para dos barrancos”. Un valiente en alguna ocasión solo realiza uno, porque en el mejor de los casos termina en el hospital.
Respeto. Eso es lo que he aprendido en cuarenta años bajando barrancos.
No les puedes perder el respeto.
Para mí, los barrancos están cargados de recuerdos, nostalgia, y muchas vivencias.
Sobre el año 1980/81 descendí el Vero por primera vez. Desde entonces cada año.
En 1990, por medio de montañeros y la escalada, conocí a Pepe Chaverri y nos hicimos amigos.
Como yo ya bajaba barrancos, me ofreció ayudarles y trabajar junto con él y Alfredo Vivés en verano en el camping del Vero en Alquézar, entonces regentado por un visionario Jose Luis Solana, y en el camping del Puente de Rodellar que casi acababan de inaugurar los entrañables Fina y Pepe.
Así que, en la práctica, tuve los dos mejores instructores que se pudieran tener, en actitud, congruencia y procedimiento. 
Esos años reforcé mi experiencia en los barrancos ya sabidos, y aprendí bien los que aún desconocía.
A diario, en los campings nos afanábamos por convencer a la gente para que nos contratara como guías; eran los inicios, y entonces no era normal hacerlo.
Fue difícil. Por entonces aquí solo se concebía un guía para realizar alta montaña y en los Alpes.
Pero poco a poco fuimos guiando grupos, disciplinándonos en esa habilidad, y puliendo entre todos los procedimientos dentro de cada barranco, y cada paso.
Pasaron unos años, unos veranos, y todo cuajó. Y poco a poco nacían más empresas de guías y aventura.
Fueron años despreocupados, plenos, llenos de anécdotas, vivencias y experiencias,
donde vimos, en cierto modo formamos parte, de la evolución del barranquismo en el fondo y en la forma. La equipación y la técnica, pero también la correspondencia con la gente; la psicología.
Cada verano seguí ayudando a mis amigos Pepe y Alfredo, tras la creación de su propia empresa: “Milorcha”.
Pero nunca me planteé dejar mi trabajo habitual y dedicarme de lleno a ello, porque siempre consideré, y aún lo hago, que, si lo convertía en mi modo de vida, perdería la ilusión. Ilusión intacta a día de hoy.  
En 1993 fui vocal de escalada y barranquismo en mi club Montañeros de Aragón Barbastro.
Ese mismo año se creó por parte de la federación aragonesa de montaña el primer comité de barrancos de una federación Española de montaña, cuando aquí, en nuestro club ya organizábamos los primeros cursillos de descenso de barrancos para los socios.
De hecho, no fue hasta 1999 cuando vio la luz un primer manual técnico de descenso de barrancos.
Sumergido en estos barrancos, soñaba con mis gestas.
Y fui llevando a cabo algunas de ellas, e incluso utilizándolos como lugar de entrenamiento para ellas.
Ahora, casi cuarenta años después de esa primera vez, tras centenares de descensos realizados, cientos de personas conducidas, y algunas vivencias y aventuras por el mundo, mi idilio con ellos sigue intacto.
Por eso sé que cada año, cada temporada hay que evaluar, y sobre todo repito, “respetar”.
No os precipitéis. Si tenéis experiencia, respeto y prudencia; y si no la tenéis, no dudéis en informaros y contratar un guía.
A lo largo de los años he visto muchos accidentes; ya (demasiados).
Y diré que, salvo alguna excepción, prácticamente todos son por imprudencias, falta de experiencia, no valorar bien tus capacidades, e ir sin guía.
Al ser el barranquismo una actividad técnica, si no tienes experiencia, no lo dudes, has de realizarlo acompañado de un guía o de alguien experto.
Él se ocupará de que lleves el material adecuado, de las maniobras de progresión y de tu seguridad.
Muchos practican barranquismo por su cuenta. Y muchos muy bien, pero otros no.
Falta de experiencia, de información, de conocimientos técnicos, o falta de seguridad a la hora de tomar decisiones.

Algunas de las causas más comunes de los accidentes en barrancos son:
Un mal horario: En general, las actividades en la naturaleza deben empezar temprano. En particular, las tormentas de verano suelen formarse por las tardes. Del mismo modo, con un buen horario, atesoramos un tiempo extra por si surgiera cualquier adversidad.
Los saltos y toboganes: Hay que tener claro que los barrancos pueden cambiar de un año a otro. Que los saltos o los toboganes no son obligatorios.
Que no sirve haber estado el año pasado, ni hace tres meses si ha habido riadas de por medio. Antes de saltar si así lo decides, se debe comprobar la poza de recepción.
Desconocer los diferentes caudales: Como he descrito al comienzo de este post, con el deshielo, o las lluvias desproporcionadas, algunos barrancos llevan mucha agua. Si desconoces el nivel prudencial de ese rio concreto, hay que informarse si es el correcto. Hoy en día incluso existe la posibilidad de visionar videos por internet y en ellos estudiar el recorrido y el caudal.
Siempre hay barrancos que se pueden realizar cuando otros bajan excesivamente caudalosos.
Desentenderse de la previsión del meteorológica: Debemos conocer la previsión de tormentas para ese día del descenso, pero también cómo han sido las lluvias en los últimos días. En un cauce encajonado, una tormenta en la cabecera, kilómetros más arriba, puede hacer subir el nivel del agua repentinamente. Y si hubiera una repentina subida que nos sorprendiera, debemos tener previstos y localizados los posibles escapes.
El barranquismo debe ser una práctica de divertimento, evasión y pasión. No de sofoco o peligro.
Solo sé que no sé nada. Humildad.
Cada año me reedito. Y como cuando se visita a un gran amigo, sigo fiel a mi cita. Solo, acompañando gente, o para grabar o hacer fotos. 
Yo ahora, he iniciado una etapa enormemente ilusionante: compartirlos, dárselos a conocer a mi hija, y trasmitirle esa ilusión, y ese "respeto".
Los barrancos de Guara han sido, son y serán, parte de mi vida.
Disfrutar de esta nueva temporada en la que los barrancos están preciosos, pero sobre todo con  prudencia, humildad (el río y la naturaleza siempre es mas fuerte que nosotros) y respeto.
¡Feliz barranqueo!

sábado, 2 de mayo de 2020

Por fin la DESESCALADA


Hay una frase que dice: «a veces hay que vivir de fantasía para no morir de realidad».


Si somos arquitectos de nuestra propia vida, la imaginación nos proporciona el espacio perfecto para esbozar los planos.
Y quien idea una ilusión en su fantasía, al final encuentra la motivación para hacerla realidad.
Hemos empezado oficialmente la desescalada.
Y ya podremos poco a poco salir a pasear, practicar deporte, comprar más, y vernos, aunque sea con distancia y medidas de seguridad.
A todos los que nos gusta la montaña, y escalar, sabemos que el descenso, el destrepe, la desescalada, es el instante más peligroso.
Un momento donde por “relajación”, cansancio, incluso por euforia, se suelen producir la mayoría de los errores y accidentes. 
Así que, por favor, no bajemos la guardia después de todo lo andado, y seamos prudentes, sensatos, responsables y muy muy solidarios.
Más de cincuenta días de confinamiento hasta alcanzar estas medidas de desescalada. No los tiremos por la borda.
Lo hemos hecho bien. Y durante este tiempo, todos, o una gran mayoría, hemos intentado aportar lo que buenamente hemos podido  para hacerlo más llevadero.
Sumar en nuestra familia, nuestro entorno cercano, o por medio de las redes sociales llegar donde puedes para animar aportando, ejercicios, recetas, consejos, frases de autoayuda, poesías, dibujos, lecturas, videos, canciones o fotos bonitas.
Personalmente quiero dar las gracias a los que optaron por esta actitud, en vez de la contraria difundiendo animadversiones, desprecios o despechos.
Si, también tenian todo el derecho del mundo a expresar su frustración;  Todos tenemos derecho a decir, publicar o permanecer en silencio, pero igualmente a elegir lo que consideramos, leemos o escuchamos y con cuanto de ello nos quedamos.
Yo personalmente me quedo con la gente que, aunque en algunos momentos ha tenido que  morderse la lengua, optaban por la positividad y el optimismo haciéndonos partícipes de ello a los demás.
pienso que cuando estás intentando sofocar un incendio, no lo haces echando más leña al fuego.
Por mi parte quise humildemente aportar mi pequeño granito de arena, publicando un chiste diario, para intentar arrancar el día con una sonrisa. Y para ello recuperé viejos chistes que dibujé para El Cruzado aragonés, e hice alguno nuevo con el tema de “actualidad”;  audiovisuales sobre barrancos para poder soñar los fines de semana aunque fuera virtualmente, o compartí esos celebrados videos que hemos ido grabando con las actividades que imaginábamos con mi hija.
Todo ello con el deseo, de eso, de alentar. 
Los que estábamos en casa confinados, por mucho que nos quejemos, nos ha tocado la parte más fácil de toda esta historia.
La difícil la han tenido todas esas personas que han aguantado al pie del cañón para asistirnos en todos los frentes, jugándosela y sufriendo incluso muchas bajas.
Y, aunque el humor es una gran arma, en ningún momento he pretendido frivolizar la situación. 
He sido consciente en cada momento que hemos vivido, estamos viviendo aún, una monstruosa tragedia.
Una pandemia que nunca olvidaremos y ojalá nunca más se repita. 
Miles de familias recordarán estos días con enorme disgusto por haber vivido momentos muy dramáticos, con la pérdida de familiares, amigos, trabajos o negocios.
Y por ello esta desescalada no señala una celebración, si no un paso más para rehacer este tremendo desbarajuste.
A todos ellos les debemos hacer ahora las cosas bien. Que todo su sacrificio no haya sido en vano. Porque ahora si es el momento de hacer lo que nos toca, y hacerlo bien. Por ellos, y por todos nosotros.
Salvando distancias evidentes de circunstancias, estos días de confinamiento con mi hija, tenía continuamente en la mente la película la Vida es Bella. ¿Recordáis?
Allí un padre dulcifica una situación hostil con juego e imaginación, para que el niño disfrutara y tuviera un buen recuerdo de la misma.
Se trataba de normalizar. De normalizar algo para nada normal.
Y seguramente mi hija, al igual que muchísimos niños, recuerde estos días como algo grato y divertido. Ese ha sido nuestro trabajo. 
Todos lo hemos intentado hacer lo mejor posible.
Durante la semana, mi hija realizaba sus trabajos del colegio y muchas actividades extraescolares con la ayuda de su madre, y los fines de semana, para marcar diferencia y que pareciera eso, fin de semana, inventábamos actividades de fin de semana y las llevábamos a un pequeño comedor.
He de reconocer que a mí me ha tocado la parte más fácil.
Agradezco de corazón los muchísimos comentarios positivos a todas estas cosas que compartía. Toma y daca. Dar y recibir. Y a mí también me llegaba de vuelta sobradamente cariño y positividad que me han hecho mucho más llevaderos estos días.
Todo lo sucedido ya no se puede cambiar. Entonces, transformémoslo en un recurso de valor.
Un recurso que nos permita anticipar el futuro que deseamos experimentar y que nos motive a tomar acciones para materializarlo.
Con este post, doy por concluido este empeño auto impuesto estos días de confinamiento.
Como testimonio quedan todos esos videos y chistes fruto de ello y realizados con todo cariño.
Gracias de corazón por, aún en la distancia, haber llebado juntos todos estos días. Nos vemos de verdad en breve.
Ahora, pasemos del resistiré al despacito, y terminemos para siempre entre todos con este puto virus.

VIDEOS CONFINAMIENTO:


CHISTES CONFINAMIENTO: