martes, 22 de julio de 2014

CAÑON DEL VERO



El espíritu, tu espíritu, se fortalece a través del conocimiento, el deseo conquistado o frustrado, el contacto con la naturaleza, y sobre todo del silencio y la cordura.
El Cañón del Río Vero es el símbolo, el estandarte de la Sierra de Guara.
Ya sea por el propio cañón, el senderismo popular a su alrededor, como las pasarelas, o sus pinturas rupestres.
Su belleza ha hecho, hizo de él, el descenso más afamado de los cañones de la sierra de Guara y ha traspasado fronteras.
En él nació a principios de los 80 el Barranquismo como actividad o deporte.
Durante miles de años, el agua ha ido esculpiendo este espectacular cañón y sus perfiles, cincelando su roca de tal forma que parece pretender modelar una obra maestra de la naturaleza.
Confinada en su interior, seis kilómetros de plena naturaleza,  hilada por el río Vero, en su tramo que va desde fuente Lecina, hasta el puente románico de Villacantal a los pies del imponente pueblo de Alquézar.
Extraordinarias escarpas, recónditos caos, badinas, oquedades, fauna, y pinturas rupestres, en un espectáculo de agua, roca, vegetación, luces y sombras.
Cada año sin excepción regreso, y estoy convencido, que existe una profunda influencia o empeño interior que me lleva a buscar mi energía en este lugar, en una especie de propósito secreto.
En ocasiones en mi vida, establezco un lazo afectivo y especial con un lugar concreto. Y este se convierte en mi lugar.
Lugares mudos que te comunican. Lugares donde se esfuman tus problemas si los tienes, y huyen tus contrariedades.
Sitios que se graban en tu corazón, y que tu corazón no  olvidan jamás, porque la memoria no calla y siempre los recuerda.
Mi idilio con el cañón del río Vero, como conté en el anterior post comenzó hace muuuuchos años.
Desde entonces, lo he descendido todos los años de mi vida. Algunos años una, y otros mas de treinta: En solitario o guiando, corriendo, lloviendo o con tormenta (accidental), crecido, desaguado, de día, por la noche, hacia arriba o hacia abajo...
Desde la primera vez con amigos cercanos, he guiado por su asombroso cauce, a cientos de personas. El mas mayor de 73 años y el menor no se si 5 o 6 años.
Y año tras año acostumbrado a nuestro deseado y jubiloso encuentro, en un compromiso que espero seguir manteniendo hasta mi final.
En sus aguas, siento respeto, fervor y humildad, pero me descubro tan enérgico y resuelto como animal salvaje.
Creo que es mi lugar favorito y siempre lo será.
Me paro a pensar que hace más de 20.000 años en esta zona, ya corrían nuestros ancestros como bien muestran las pinturas que dejaron en los abruptos abrigos rocosos, y tras ellos Celtas, Romanos, Árabes y Cristianos, y sólo puedo arquear las cejas, y mirar con admiración y algo de incredulidad a mi alrededor.
No puedes evitar que un escalofrío te recorra la médula. Es entonces, solo entonces, cuando te das cuenta de que aquí puedes creerte cualquier historia o leyenda que cuenten, porque, en un lugar así, hasta lo más incomprensible cobra visos de realidad.
Para mí, un paisaje indescriptible. Un ambiente traslúcido, frío y húmedo en invierno, y seco y caluroso en verano, que se convierte en el mejor terreno para cultivar relatos de brujas, gigantes, gnomos, hadas y otras criaturas.
Así, durante siglos se ha labrado un carácter y un perfil difícil de ignorar si visitas esta zona, y que te enamorará para siempre.
A finales de los años 70, fueron algunos guías franceses y devotos montañeros los que se enamorarán de esta tierra, determinando excursiones, escaladas o el nacimiento del descenso de cañones o “Barranquismo”, que algunos residentes tuvimos la fortuna de practicar (sin neopreno) casi desde el principio, guiados por aguerridos amigos de mayor edad, para después en una especie de cadena perpetua, así mismo, guiar a los que vinieron detrás en esta especie de relevo iniciático.
Si vas a el con la humildad de recibir, encontraras un barranco accesible, acogedor, amable, y directo al corazón de la Naturaleza y a tu entraña.
Aquí os dejo la película, que en este caso, y más que ninguna otra es, “MI PELÍCULA”.
En cada rincón, en cada zigzag, cientos de recuerdos que no conseguía rebanar a la hora de editar...
Espero que os guste este paseo por el CAÑON.

martes, 15 de julio de 2014

LOS BARRANCOS DE GUARA Y YO


Admiramos las cosas por muchas razones, pero las amamos sin ninguna.
Porque lo que te impresiona, muchas veces te impresiona una sola vez, sin embargo lo que te resulta realmente extraordinario, te lo resulta más cuanto más lo contemplas...
He filmado ininterrumpidamente (dejando aparte la Palomera, que fue un ensayo), cinco de los barrancos más populares de Guara: Formiga, Gorgonchón, Oscuros del Balcés, Mascún y Peonera. Barrancos cargados de recuerdos y nostalgia...
Esta semana he decidido darme un respiro y tomar aire, para próximamente grabar el que para mí más representa: “ El Vero”.
Fue mi primer barranco, el que más veces he descendido, y en el que por muchas razones más me deleito; unas sinceras, propias y afectivas, y otras como para muchos, evidentes y perceptibles.
Incluso, creo, deduzco, que mi interés por la aventura en general nació dentro de este barranco.
Cuando tenia no sé bien si trece o catorce años, me condujeron allí por vez primera dos de los monitores del por entonces grupo Scout de Barbastro que también eran de montañeros de Aragón en Barbastro (Carlos y Juan Jaime). No sé si ellos lo recordaran, pero yo no lo olvidaré jamás. Esto era mas o menos sobre el año 1980.
Dentro de lo mal que lo pasé, debido a las gélidas aguas y mi enclenque complexión, al terminar me figuró la aventura más extraordinaria que había vivido en toda mi vida.
Y que conste que cuando me introduje en la primera poza de los oscuros del Vero, quedé tan agarrotado, tan paralizado,  que me juré a mi mismo no volver a pisar jamás un barranco. El frío me amedrentó y me guillotinó hasta la respiración. Pero..., está claro que no cumplí esa determinación.
Aunque como a todos por entonces, motivos no me faltaron, porque se descendía en bañador, camiseta, calcetines y bota de vino...
Eso si, un bañador engrosado con algún viejo y recortado pantalón tejano para así robustecer la culera y preservarlo del roce; Una ajada camiseta  como forma de prever los restregones por el pecho con las interminables piedras; calcetines para evitar un poco que se colaran tantas piedrecillas en las prehistóricas zapatillas de deporte o Chirucas de tela, y la bota de vino para ... ¿enardecer y vivificar?.
También material recomendado era algún tipo de barquita o colchón hinchable, que al final siempre constituía mas una contrariedad que un apoyo... jajaja
Como antítesis a lo nuestro, ya se avistaba algún que otro francés equipado con traje de neopreno, que... “provocaba nuestra mofa”:
-“¿Qué hará este Gabacho vestido de hombre rana por un río?” . Era algo insólito, pero muy al contrario de lo que nosotros pensábamos, ese francés era perspicaz, sensato y seguro que con mas experiencia que nosotros... El tiempo le dio la razón.
Pero nosotros, los trajes de neopreno solo los habíamos visto en la tele, en los documentales de Jaques Cousteau, y efectivamente los relacionábamos con el mar. No con un río... 
Eran trajes de buceo. Para nada los trajes perfilados y reforzados especialmente para barrancos que aparecieron años mas tarde.
Los franceses habían explorado ya y dado a conocer antes que nosotros estos maravillosos cañones, y en Francia eran muy populares en los círculos de montaña y espeleología. Incluso cuando aquí casi comenzaban a conocerse, ellos ya tenían editada en Francia una guía con muchas reseñas. Como extravagante curiosidad, y pese a las frías aguas, por aquel entonces en el menos transitado que hoy río Vero, practicaban mucho las Francesas toples; Tanto, que algún lugareño se llegaba por senderos desde Alquezar hasta alguna badina, equipado con su caña de pescar con sedal, corcho y “sin anzuelo ni cebo”, para “no tan disimuladamente” ver  pasar a estas francesas con sus erguidos pechos al aire, vivificados por ese agua fría.
Año tras año no falté a mi cita, y hasta creo que aprendí a escalar evitando el agua en algunos pasajes abrazado a las paredes como una lagartija... Por cierto, que al terminar, como colofón, se saltaba la presa desde la vieja pasarela.
Cada año sin falta, descendía por lo menos el río Vero, e incluso ya me introduje en al Balcés y el Mascún.
El año 1990, por medio de montañeros y la escalada conocí a Pepe Chaverri, nos hicimos amigos, y este me ofreció trabajar junto a él, y Alfredo Vivés durante mis vacaciones de verano en el camping del Vero en Alquezar que dirigía José Luis Solana (un buen amigo), y el camping del Puente de Rodellar que casi acababan de inaugurar Fina y Pepe.
Así, en la práctica, tuve los dos mejores instructores que se pudiera tener, pero sobre todo en la actitud, la correspondencia y el procedimiento.  Así que reforcé mi experiencia, los barrancos ya sabidos, y aprendí bien los que aún no conocía.
En el camping, “casi convenciendo” a diario a la gente para que nos contratara como guías (ya con neopreno), fuimos poco a poco guiando, disciplinándonos, y puliendo entre todos cada paso, cada barranco; trazando cada recorrido, y la mejor técnica que se nos ocurriera para conducir a la gente contenta, pero sobre todo “ilesa”.
Y fue difícil. Porque por entonces, se concebía un guía solo para la alta montaña, para los Alpes, pero para ¿un río?.
Poco a poco cuajó, y pasaron unos años, unos veranos, despreocupados, plenos y llenos de buenas anécdotas, vivencias y experiencias, donde vimos, formamos parte en cierto modo, de la evolución del barranquismo en la forma y en el fondo. La equipación, la técnica, y como poco a poco nacían las empresas de guiás y aventura... Yo cada verano seguí ayudando a mis amigos Pepe y Alfredo, incluso con la creación de la suya: “Milorcha”; Hasta diseñé y dibujé su logotipo.
En 1993 yo era vocal de escalada y barranquismo en mi club y se crea por parte de la federación aragonesa de montaña el primer comité de barrancos de una federación Española de montaña, cuando en montañeros de Aragón Barbastro, ya hacíamos para los socios los primeros cursillos de descenso de barrancos.
De hecho, no fue hasta 1999 cuando vio la luz un primer manual técnico de descenso de barrancos...
Cada año, sumergido en estos barrancos, soñaba con nuevas gestas, y poco a poco fui llevando a cabo algunas de ellas, e incluso utilizándolos como lugar de entrenamiento.
Ahora,  casi treinta y cuatro años después de esa primera vez, tras centenares de descensos realizados, cientos de personas conducidas, y algunas vivencias aventurodeportivas por el mundo, que siempre he admitido que nacieron allí, mi idilio con ellos sigue intacto. 
Fueron, son, la entraña y el espíritu de un chaval y sus lógicas ansias de aventura, para poco a poco convertirse en una pasión por hacer, pero sobre todo por aprender y compartir.
Porque la pasión es una emoción importante que encierra entusiasmo e inclinación por algo, y por eso se dice, que a una persona le apasiona algo cuando establece una fuerte correlación con algo. Creo que este es mi caso. Me apasionan muchas cosas, si,  pero una muy importantes son los barrancos “de Guara”. No cualquier barranco; los de Guara.
Y cada año, como cuando se visita a un gran amigo, reedito y sigo fiel a esa cita. Solo, acompañando gente, o como este año además para grabarlos.
Porque   gracias a las nuevas tecnologías, los puedo grabar casi como yo los veo, pero sobre todo casi como los siento.
Y de un modo distinto, seguir compartiéndolos con el propósito, el deseo, de que estas grabaciones sean para mí  como esa  estropeada foto con un viejo amigo que contemplaré dentro de muchos años suspirando.
Al mismo tiempo, mi ilusión es la de, de algún modo, de forma visual, guiar hasta ellos a gente que por lo que sea no podrían conocerlos.
Gente lejana, o tan cercana como mi propia madre, que me ha visto avanzar tantos años fiel a esta cita. Incluso, los primeros años, ella misma me acercaba y me recogía con su coche en mi cita anual con el río Vero.
Ahora, por fin, puedo mostrárselos en algo mas que en fotografías, y revelarle lo que se esconde dentro de esas gargantas y porque  me gustan tanto.
Por lo demás, me reitero, estas grabaciones son principalmente para mí mismo. Una disposición de mi mente, y no una condición de las circunstancias.
Los barrancos de Guara han sido, son y serán, parte de mi vida.

PD: Curiosamente el primer descenso integro que se realizó del río Vero, lo realizó el Dr. Paul Minbielle y su hijo (Franceses), el año 1967; El año que yo nací...

lunes, 7 de julio de 2014

LA PEONERA



La vida por si sola es fascinante, pero desde que nacemos, todos tenemos momentos de inevitables empeños y voluntades que manifiestan tu naturaleza.
Esta ultima década, la Peonera es quizás el barranco mas frecuentado. ¿Por qué?. Porque es bonito, no es muy corto, ni excesivamente largo; tiene un acceso digamos fácil, y su desembocadura o final es a pie de coche en la espectacular y “concurrida” presa de Bierge (haciendo combinación de vehículos).
Asimismo todo el verano mantiene un buen caudal de agua; y a no ser que este sea muy muy abundante, no es muy técnico ni precisas cuerdas ni arneses.
Además, por la cantidad de saltos que puedes efectuar (insisto, siempre evitables), resulta un barranco muy deportivo y divertido.
No obstante, este barranco es claro modelo de barranco que algunos confunden con un “aqua park”, y por esto mismo en él hay numerosos accidentes.
Como todos, sugiero descenderlo con información y prudencia, y si es de la mano de un guía experto mucho mejor para interpretarlo y disfrutarlo en toda su magnitud.
Introducirse en él sin conocer bien sus especificaciones, saltos, o sin saber evaluar correctamente el caudal, puede ser peligroso, pues con caudal algo elevado, se generan numerosos sifones y rebufos que hay que conocer y saber evitar.
La línea entre un día único o un día amargo es muy estrecha, y casi siempre depende no de un estúpido, si no de una única estupidez... y...dudar de uno mismo es señal de lucidez.
Yo, como muchos, suelo utilizar este barranco para iniciar a gente al barranquismo acuático, con el compromiso previo de que lo puedes saltar todo, pero al mismo tiempo, “no es obligatorio saltar nada”.
Aquí en la Peonera (río Alcanadre), entre rocas y agua, escuchando, sintiendo, consigues una extraña combinación de fascinación, asombro, espejismo, desconfianza, ilusión y temor.
Brincos a pozas de agua esmeralda, acuáticas rampas, hermosas galerías y caos.
Como todos, un ambiente "mágico" , que  somete  tu estado de ánimo destapando tus emociones.
Aquí el coraje bien entendido, impulsa a la persona a superarse, mientras que mal entendido lo cercena y lo pone al borde del tropiezo.
Progresar desde cero por la Peonera, es un claro paradigma de corazón.
Observas sus caras al comenzar; se cuestionan a si mismos, temen,... pero paso a paso el temor disminuye, la confianza aumenta y les asalta la embriaguez del entusiasmo, el respeto y la admiración.
Si entiendes que se trata de la humildad de sentir, y no la presunción de vencer, cobrarás un sinfín de emociones nuevas o que tenias descuidadas.
No eres nada pero te sientes todo.
Es un barranco ególatra, en el que has de hacer entender, que saltarlo todo, o no saltar nada, da lo mismo.



martes, 1 de julio de 2014

MASCÚN


Si el hombre es, somos, parte de la naturaleza, y aún más, no somos nada sin ella, ¿por qué siempre hablamos de la naturaleza como si fuera algo extraño a nosotros?. Somos parte de ella.
Eso sí, por desgracia, en la actualidad, también somos el factor mas desequilibrante para ella.
Sigo filmando lo mejor que puedo, y eso sí, “con mucho cariño”, mis queridos barrancos de Guara.
Son mini películas realizadas por y para mí mismo, pero para compartirlas con mi familia, mis amigos, y con quien quiera reconocerlos desde mis ojos y con mi particular enfoque.
He de confesar que disfruto mucho haciéndolas.
Posiblemente porque tenía muchísimas ganas de participarlos de esta manera, donde se enlazan dos de mis pasiones: la de los barrancos y la cinematográfica...
Esta semana, un clásico entre los clásicos, que por desgracia se suele secar casi siempre a comienzos de verano: “El Mascún”.
Cuando comenzamos a funcionar como guías por el año 95/96, ir al Mascún era casi una celebración y siempre siempre un enorme placer con sentimiento de aventura.
Era salirte de la rutina; salirte del Vero (el que más se descendía por entonces), y al mismo tiempo, visitar a Manolo (Único habitante de Otín que junto a su pareja Bárbara (Alemana) regentaban allí un insólito semi albergue y un hospitalario bar (hoy por desgracia todo abandonado y en ruinas).
Cuantas noches de tertulias, paellas de conejo a la brasa, e incluso bailes disfrutamos en Otín por entonces... Que decir, Manolo era todo un quimérico personaje...
Volvamos al barranco. El recorrido de este clásico, de comienzo a fin está repleto de localizaciones características y reputadas de la sierra de Guara: El delfín, la fuente del Mascún, la Torre de Santiago, la Cuca Bellosta, la Ciudadela, el Saltador de las Lañas, la cascada de Peña Guara, el pozo negro, el Caos del Onso, o rocas tan originales como el beso o el zapato...
Son junto con el Cañón del Vero, indudablemente los barrancos con más reputación de la Sierra.
Un barranco, de los que lo tiene todo: Una prolongada y hermosa aproximación, un descenso furtivo, latente y  técnico donde encontramos saltos (siempre evitables), pozas, galerías, oscuros, rápeles y destrepes, velados con la ornamental estética característica de Guara y su belleza salvaje. Té cautiva.
Un barranco en el que incluir lo mirado, lo externo, en nuestro impresionable interior, contribuye por un instante a pulir la mejor versión de nosotros mismos.  Esa que hace manar la curiosidad, y de la que nace un primer conato del creer en algo y del encanto por la vida.
Además del placer deportivo de su descenso, la contemplación de toda su esencia, te proporciona un peldaño mas de comprensión, de tolerancia y adhesión hacia la naturaleza, hacia todo, incluso hacia ti mismo.
Es en lugares como este, donde podemos salir de nosotros mismos.