martes, 28 de julio de 2015

Barranco de Basender:



El barranco del Basender está situado junto a fuente Lecina, en la cabecera del cañón del río Vero, en el Parque Natural de las Sierras y Cañones de Guara.

Marchamos por la carretera dirección a la localidad de Colungo.
Pasada esta población, atravesamos el llamativo puente de las gargantas, donde confluyen los barrancos del Fornocal, las Palomeras del Fornocal, Sarratanás y Malpaso.
Sobrepasamos un paraje muy popular para los ciclistas de la comarca, el collado de San Caprasio, y serpenteando por una ceñida carretera cobijada de pinares, donde se abren espectaculares vistas de Monte Perdido, llegamos al aparcamiento en la cabecera del cañón del río Vero.

Una vez equipados con el material que vamos a usar, bajamos hacia el río, y atravesamos la estación de aforo del río Vero, donde se mide el caudal a lo largo de todo el año.

Antes de introducirnos en el sendero de ascenso, merece la pena remontar el río unos 100 m y visitar la Fuente de Lecina que da nombre al lugar.
Es un manantial del que manan las aguas subterráneas naturales de las sierras próximas, como la de Sevil, y del que se abastece el río generalmente.

Posteriormente, proseguimos por el marcado sendero ascendente, tomando poco a poco altura.

Durante el breve ascenso, se nos ofrecen unas espectaculares vistas de cañón del Vero, y sus enormes paredes cinceladas por el agua y el discurrir de los años.

Al coronar la loma, el visible sendero evoluciona ya paralelo al Basender, hacía su cabecera;. No tiene perdida.
Pastores, cazadores o vecinos de Lecina, ya recorrían estos viejos y apartados senderos, antes de la llegada del barranquismo.

Por fin, tras unos cómodos y suaves 35 minutos, alcanzamos el cauce seco del barranco, donde comenzaremos su descenso.
Nos ponemos el arnés, y disponemos la cuerda.
Al poco de comenzar, el barranco se cierra y te sorprende encajonándose, y el terreno de roca irregular y pulida, te exige en algún paso tentar con las manos sus tibias paredes.

Posteriormente, tras un vasto resalte, asoma al primer rápel.
Son 11 metros verticales de acceso a un tramo cerrado y espectacular.

Los rápeles del Basender, son muy asequibles, holgados y uniformes; son perfectos para aprender a rapelar junto con alguien experto que te aleccione y te asegure.

Tras el primer rápel, una vez retiremos la cuerda, ya no habrá vuelta atrás.
Avanzamos por un erosionado pasaje repujado de pequeñas plantas muy adaptadas a la sierra y sus alteraciones, como la oreja de oso o la corona de rey, y enseguida asoma el siguiente rápel.

En algunos como este, es posible destrepar y no utilizar cuerda.
La experiencia, la repetición y los años, obran para querer descender los barrancos de una manera mas refleja; de la forma más simple y limpia posible; Como el propio agua que discurre por ellos.
Sentir el estremecimiento de descubrirte acorde en ritmo y cadencia con el medio en el que te desenvuelves; Es en cierta forma, sentirse vivo. 
Eso sí, si conduces a otra gente, siempre hay que rapelar, y auxiliarles convenientemente con una cuerda extra de seguridad.

Del mismo modo, quien no tenga práctica, o ante la menor duda, debe utilizar siempre todos los medios técnicos al alcance para realizarlo de una forma totalmente segura.

El Basender está perfectamente equipado con anclajes dobles en todos sus rápeles y resaltes.

El siguiente rápel tiene 10 metros, y nos introduce en una asombrosa sala de gran belleza abrigada de roca.


Casi junto, enlazado por una desnuda conducción tallada por el agua, aparece una imponente rampa o tobogán entre grades bóvedas de piedra caliza donde para descender deberemos instalar otro rápel.

Sin duda a partir de aquí es el tramo más bonito de este sorprendente barranco, y por el que merece la pena visitarlo.
Se observan perfectamente los caprichos de la erosión, y como el discurrir del agua y los años, han  esculpido con profundas oquedades este recóndito y misterioso lugar. Figura una profunda y casi subterránea llaga en la tierra.

Durante las diferentes horas del día, la lánguida luz que penetra, le da un toque mágico, e incluso sobrenatural.

Tras una limitada travesía por el lecho inerte,  aparece otro rápel que te encauza por un pulido socavón hasta un pasaje también casi subterráneo.
Tras esta igualmente espectacular sala, el barranco se abre por fin, y la vegetación hace acto de presencia.
Otro habilidoso destrepe, y llegamos al último rápel donde ya se escucha abajo el murmullo del río Vero que te da la enhorabuena.
En este rápel, él más largo de unos 15 metros, maniobras bajo unas paredes extra plomadas en forma de medio cono; Un llamativo anfiteatro natural junto al río Vero.

Recogemos la cuerda, nos quitamos el arnés y avanzamos en busca del río Vero, donde desemboca este curioso y entretenido barranco. Muy cerca de aquí, en el Tozal de Mallata, en  1968 se hallaron las primeras pinturas de arte rupestre del Alto Aragón. Pinturas conservadas desde la Prehistoria de estilo Esquemático.

Ahora, nos queda remontar el Vero, que tendremos que vadear hasta dos veces mojándonos los pies, para llegar a las ruinas del antiguo molino de Lecina.

Después del molino, o bien cogemos la senda que remonta y rodea, o nos mojamos de nuevo  cruzando por la pequeña represa que alimentaba este.
En poco tiempo llegamos al puente que nos vio pasar hace un par de horas, y remontamos hasta el parking.

El Basender es un barranco muy recomendable para una sugestiva mañana, o una agradable tarde.
Regresas a casa complacido, y con la sugestiva sensación de haber sido cautivado por un extraordinario lugar.  

lunes, 20 de julio de 2015

GORGONCHON



¿Cuál es el barranco más asombroso y sorprendente de la Sierra de Guara?. Posiblemente el Gorgonchón.

Desde Barbastro nos dirigimos a  Bierge, y desde allí dirección Aguas.
A pocos kilómetros de Bierge rebasamos Morrano, poco después Yaso,
y a unos cuatro kilómetros de Yaso, a la izquierda de la carretera, casi frente al pueblo privado de Bastarás, localizamos el acceso a una pista donde poder  aparcar, con un cartel indicativo del barranco poco visible desde la carretera.

Desde aquí, tan solo tendremos que caminar 15 minutos de bajada por la deteriorada pista, hasta donde comienza el barranco.
Allí, ya en el río Formiga, mientras te equipas junto a un pequeño y bonito salto de agua, no puedes retirar la mirada de más adelante, donde una estrecha canal de roca color ceniza, engulle el torrente y lo hace desaparecer.
El Gorgonchón es amado y temido a partes iguales.
Amado, porque es un pequeño barranco que por impactante, por bonito,  deja huella en quien lo visita, y nunca jamás olvidas tu paso por él.
Y temido, porque en los años 80/90, cuando no había tanto equipamiento, ni información, se cobró varias victimas mortales, convirtiéndose en uno de los puntos negros, sino el más, de la sierra de Guara.
Aun así, es recomendable aproximarse sin temor, pero eso si, con precaución, reseñas, información de caudal, etc; y a poder ser, si no tienes mucha experiencia, de la mano de alguien experto.
Solo comenzar, te impacta.
Te introduces en sus frías aguas, saltando, rapelando, o si eres habilidoso, destrepando en oposición, (marchar destrepando, afirmado entre ambas paredes como si pretendieras separarlas y ensancharlas), por una confinada y ahogada caída de agua entre dos estrechas paredes que desciende más abajo, enclavándose, y brindándote un pávido recibimiento.
Una vez superado este primer salto de agua, inmediatamente, sin respiro, te precipitas frente a otro más impresionante e imponente, más profundo y aún más comprometido.

Este es el punto negro del barranco, pues oculta por el choque del agua, en medio de la cascada, se sienta la boca de una angosta cavidad.
Si queriendo o por accidente, te dejaras llevar, el agua te arrastraría sin remisión al interior de esta gruta, desde donde es prácticamente imposible salir sin ayuda, pues deberías hacerlo por dónde has entrado; por el techo, atravesando la fuerte corriente de la cascada.

Hoy en día, gracias a las precisas reseñas, y la adecuada equipación con pasamanos hasta unos descuelgues más allá del salto de agua, intervienen para que si vas con el equipo adecuado, y actúas con precaución, resulte sin más, un apasionante paso técnico e inolvidable, y no un desagradable susto.

Una vez superado este, cuando llegas abajo, miras a tu alrededor y te invade una indescriptible sensación de insignificancia, sumisión y respeto.

Es uno de esos lugares donde de repente pareces menguar, y te sientes minúsculo por fuera, e invadido de energía por dentro. Como un soplo de Dios.    

Desde lo alto te contemplan dos formidables paredes de piedra madura y aceitunada, mojada y fresca, que se enarbolan aparentemente infinitas desde y sobre ti, ornamentadas con el rabioso rumor de la cascada de agua que se bate a tu lado, intimidándote.

Poco a poco avanzas por un estrecho, inundado y escurrido pasillo; en algún instante tan estrecho (unos treinta centímetros), que puedes llegar a dudar de tu delgadez.
 
Pero, si no pasas a la altura del agua, ascendiendo un poquito podrás alcanzar tu medida y superar el paso.  ;)
Finalizado este pasillo de unos cuarenta metros, se abre nunca mejor dicho “un descansillo” de rocas con un pequeño resalte, donde poder salir del agua, reagruparse contigo mismo o tus compañeros, e inspirar después de la formidable emoción de este primer tramo.
Una pequeña abertura en rampa que forman unas grandes rocas, por donde se cuela el agua, nos introduce en otro tramo.
Un tramo idílico; de aguas tranquilas de color esmeralda, y de una hermosura tal, que instantáneamente olvidas la angostura y emoción anterior.
Paredes con instintivos pliegues, dobleces y tirabuzones  cincelados por el agua y la cal, entonados con un manto vegetal verde intenso de seductora e inverosímil belleza. Permaneces boquiabierto.
Pareces hallarte dentro de la acuarela de un cuento de hadas; Una fabulosa exposición del legítimo genio de la naturaleza.

Al final, por una pequeña abertura, que te exige  hacer un fácil buceo; muy abierto bajo el agua, y de los de meter sacar inmediatamente la cabeza, emerges a lo que sería el epílogo
final. 
Un enorme cono de roca, que dependiendo de la hora del día y la luz, ofrece un tapiz de hermosos contraluces, por el que alcanzar una pequeña represa que permite el riego de unas huertas que se divisan más abajo.

Inmediatamente, a tu izquierda, cruzando una pequeña oquedad excavada en la roca, alcanzas una acequia de riego con una gran tajadera metálica, desde donde parte la senda de regreso al principio del barranco, que alcanzaras en pocos minutos.

Sin aliento.

En medio de la nada, oculto en poco más de trescientos metros, se encuentra este enclave difícilmente superable, donde hallas y percibes una experiencia incomparable.
De esas que te hacen regresar a casa, con un fulgor interior y el reflejo en tu semblante que proporciona los momentos únicos.

PD: Para saborear mejor el post-barranco, recomiendo una paradita en el camping Altaoja de Yaso, y tomarte una caña en su terraza. 

 

domingo, 12 de julio de 2015

CERRANDO - TRAIL SIERRA DE LA CARRODILLA



No es algo censurable por corriente, que las personas tendemos al olvido. Es humano.
Olvidamos, y entonces buscamos en nuevos lances lo que una vez conocimos y nos cautivó, para de alguna manera reconocerlo de nuevo.
Cuando comencé a recorrer barrancos y montañas, el paisaje, lo que sentía, no solo me conmovían, me sobrepasaba de tal manera, que  siempre sentía la necesidad vital de compartirlo para que mis amigos o seres queridos percibieran, sintieran, y comprendieran esas mismas emociones.
En cierta manera, durante años es  lo que hice como guía de barrancos, o como monitor de escalada y alpinismo, e intento seguir haciendo actualmente acompañando gente a vivir aventuras de todo tipo.
Hace unos años, cuando volví emocionado del maratón de Sables, seducido por la experiencia, pero sobre todo el ambiente y las sensaciones, encontré, descubrí, esa misma agitación.
Eso me llevó en cierta manera, y para compartirlo, a escribir todo en un completísimo relato. Aún así, me quedó la duda de sí la gente me entendía.
Después hicimos el audiovisual, pero continué teniendo dudas de si la gente percibía las emociones que transmite una pasión.
Por fin, hace ya siete años,  gracias a la Ultra Trail de Guara Somontano, que ayudé a crear, muchos amigos y conocidos se conmovieron, emocionaron, y lloraron, lloramos juntos en la línea de meta viendo o viviendo en directo ese espíritu del que yo tanto hablaba.
Pero.., la rutina es la muerte del heroísmo; así que poco a poco, por masificación, expansión, incremento de carreras y el cambio de caracteres, de un inicial de camaradería , complicidad y mas montañero (que implica respeto al medio), a un individualizado y competitivo patrón que hoy en la mayoría de los casos me chirria. Esto  hizo que me poco a poco me desencantara de nuevo, e incluso este año dejara la organización de Guara.
Todo por rutinario se pierde.
Hace poco, por amistad y cercanía, decidí inscribirme a la Trais Sierra de laCarrodilla. He de confesar que más por vecindad, y por secundar a los amigos que la organizan, que por ganas. Pero…como la casualidad nos da casi siempre lo que nunca se nos hubiere ocurrido pedir, hace una semana Fernando, alma mater de esta carrera, me pidió si podría hacerle el favor de hacer de cierre en la carrera de 15 km. Tras un segundo de estupefacción, acepté, e incluso me comprometí a una vez cerrada la carrera de 15 km, si me acercaban hasta el cierre de la de 25km, asistiría también a este.
Pues bien, ayer, gracias a esto y sin equipararla a una gran Ultra Trail, en algunos instantes he vuelto a divisar esas sensaciones perdidas gracias no a correr como en un principio era mi intención, si no a esto mismo, “ir de cierre”.
Acompañar a Rosario, Ana, Mª Teresa, Elsa o Miguel Ángel (como siempre digo, los mas dur@s y fuertes), durante 25km, me hizo distinguir y disfrutar de nuevo ese espíritu de superación, satisfacción, facultad, Ilusión, valor y huella.
Terminé muy contento, por en cierta forma poder ayudar a que alguna gente sienta o sume. Poder aportar mi humilde y pequeño granito de arena. Contemplarlos emocionarse, superarse, vencerse, me emociona. 
Doy gracias a este cambio logístico que me ofreció Fernando.
Si hubiera corrido mi carrera, seguramente no hubiera visto de nuevo tan nítido ese espíritu de divertimento, solidaridad, complicidad y compañerismo. Muchos amig@s.
Enhorabuena a todos: Organización, apasionados voluntarios y participantes.

PD: También en algún instante vi ese lobo feroz que está devorando todo esto: contienda, malos modos y... ¿Qué energúmenos pasan por un avituallamiento y tras coger un vaso de plástico que se llevan en la mano con líquido para beber, lo tiran indiscriminadamente cien o mas metros más allá en medio del monte, y de un maravilloso paisaje? ¿o envases de geles vacios en cualquier lugar?... más
de uno.
Señores organizadores: esto, si se ve, debería sancionarse con la expulsión inmediata del corredor. 
Señores corredores de montaña (que los hay), no os duelan prendas en darle un grito a quien veáis maltratar así a este medio que tanto nos gusta.
 No puede permitirse que ningún personaje haga esto en ninguna carrera, pero en una de montaña, dentro de en un medio natural, menos. 
¿lo harán en sus casas?
La idiotez es una enfermedad sorprendente, no sufre por ella el enfermo , sino todos los demás.


miércoles, 8 de julio de 2015

GUIAR POR VOCACIÓN



Guiar a la gente haciéndola pensar por sí misma, pareciendo temer con ellos como de la mano, pero sin que se den cuenta.
Llega el verano, y en mi caso, realizo muchos descensos de barrancos acompañando gente.
Llevo haciéndolo desde hace treinta años: Muchos como guía “semi profesional”, otros como monitor, y ahora como “amigo experimentado”...
Lo mismo en otras actividades relacionadas con la montaña y la naturaleza, y he de decir que me encanta hacerlo. Siento una plenitud, a través de la satisfacción de los demás, muchas veces difícil de hallar por mi mismo.
Guiar, acompañar, contagiar, hacerse responsable de un grupo de personas para que disfruten “contigo”, junto a ti, de un lugar o una actividad independientemente de la misma, desde mi punto de vista, debe ser vocacional.
Es saber disfrutar, a su vez contagiar ese gozo, y trabajar para que los demás se sientan realizados junto contigo.
Un buen guía no se define por su actividad, sino por el sentido que le da a ella.
Tarea que tiene como meta generar una percepción especial en las demás personas que acompañas.
Transformarse en un auténtico ideólogo que sabe que con algo tan sencillo como compartir, o contagiar tu pasión por algo, es posible transformar vidas o encauzar historias. En definitiva, y aunque suene cursi, es amar y enseñar a amar.
Es capacidad de transmitir a otr@s; de reflejar tu registro de experiencias físicas y humanas, y nunca debe ser un ejercicio de reconocimiento.
Siii, después, un preceptor o guía, debe ser prudente y virtuoso claro.
Debe tratar de descubrir cosas nuevas dentro de la cotidianeidad, y sentir la necesidad de trasmitirlas.
Es un conjunto de intereses, necesidades, aptitudes, ideales y circunstancias personales, que al fusionarse hacen que te sientas atraído hacia esta “forma de vida”, y capaz de afrontar todos los retos que te supone, porque te compensa.
Un buen, digamos instructor, no se define por su actividad o su nivel, sino por el sentido que le da a ella, y su forma de disponer todas sus acciones al servicio de otro para que este a su lado disfrute.
Hacer de su experiencia una aliada, siempre consciente que no sabe más la persona que tiene más mensajes, sino la que tiene uno y sabe cómo aprovecharlo y trasmitirlo.
Teniendo siempre presente que la soberbia y la vanidad serán tus peores regentes.
Para mi un verdadero guía, mentor o acompañante, como queráis denominarlo, es  aquélla persona que simplemente se presenta frente a un grupo, y aunque repita mecánicamente los conceptos contenidos y aprendidos, y como debe ser, utilice las técnicas adecuadas, le da a todo su propia interpretación, y lo enriquece con su experiencia vital.
Guiar, acompañar, hacerse responsable de un grupo, aunque sea de amigos, o tu propia familia, es ante todo una responsabilidad, y debe ser una vocación de servicio y una labor trascendental de satisfacciones.
Y exige saber entender que el discípulo, o el novato al cual acompañas, es una persona que confía en tus conocimientos, siendo capaz de ponerte en su lugar para transmitirle mejor los conceptos y sobre todo la confianza.
Nunca debe tomarse a la ligera.
Pedagogo, instructor, formador, educador, adiestrador, maestro, asesor, consejero, facilitador, orientador, coordinador, tutor, gestor, mentor, guía, gurú, o conductor.
Un profesor enseña, un guía debe también educar. Porque quien sólo enseña, está centrado en eso, en su enseñanza. Quien además educa, cumple una misión de servicio, busca un bien común, es ejemplo de los valores que predica, y sobre todo piensa, protege y continuamente evalúa.
Tiene claro que el valor de su trabajo está en el perfeccionamiento de otros, y en buscar tanto su seguridad como su satisfacción. Y debe saber leer entre líneas gestos, actitudes, rasgos físicos y emocionales para descubrir lo que necesitan en cada instante.

Traspasa la línea del saber para abrir la del ser. Es entonces cuando además de guía, te transformas en educador, es decir, un motivador.
Hay personas que parecen tener una aptitud natural “vocacional” para conducir y tutelar a otras.
Supone esfuerzo, disciplina, sacrificio y saber dar sin esperar recibir; aunque siempre se recibe mucho... Me encanta acompañar, ayudar a descubrir. Como conmigo hicieron otros.