miércoles, 30 de diciembre de 2015

FINAL DE UN AÑO COMIENZO DE OTRO

Lo bueno de la vida, es la posibilidad de elegir continuamente, o al menos en muchas ocasiones; lo
malo, quizás eso mismo, que debemos elegir.
Inquietud, impaciencia y ansia.
Ya llegó otra vez el final de un año, y este hecho siempre nos invita a hacer balance. 
Revisar lo que vivimos, revivimos, manifestamos, conseguimos o no, y...corrimos.
Todo para seguir forjando sueños, deseos, originando transformaciones y certidumbres, e intentar persistentemente ser mejores en todo; Mejores amig@s, padres o madres, mejores deportistas, etc, etc...
En unos instantes tomamos conciencia de lo que hemos hecho, de lo que participamos, las perdidas, los hallazgos, lo que padecimos, disfrutamos, e incluso de todo lo que nos esforzamos para lograrlo.
En mi caso, sin pensar, mi año determinado por la actividad deportiva o hobbies, se resume en:
Media de Barcelona, Madrid, Zaragoza, Barbastro y Vitoria; Maratón de Barcelona, carrera Os Foratos de Lomenas; Algunas video grabaciones más de barrancos en Guara; y la travesía a través el Abra del Salkantay (4630m)  hasta Machu Picchu en Perú, cometido que daré por finalizado completamente el próximo viernes dia quince con la proyección en el salón de actos de la UNED de
Barbastro, del audiovisual sobre la experiencia.
Pocas o muchas cosas, siempre atendiendo a que las comparas.
Considerando las cosas realmente significativas e íntimas, ha sido otro año de improvisada serenidad, revisión, franqueza y compromiso conmigo mismo y mi manera de ver ahora mismo la vida y el deporte.
Año con algunas inéditas  y afectuosas amistades, de tomar distancia con otras desfiguradas o inexistentes, y ratificación de las ya probadas y queridas.
Porque del mismo modo que te gusta que te escojan, te gusta que te dejen en paz.
A estas alturas de la vida ya reconoces que no puedes tener razón en todo, que no eres el mejor en nada, y además ni lo intentas. Y mucho menos pretender caer bien a todo el mundo. Esa fase pasó.
Eso si, motivado como siempre ¡¡A por el nuevo año que ya comienza!!
Para el 2016, sigo ilusionado con la organización de otro análogo viaje (cuarto ya). La ilusión y confianza para continuar con el proyecto, me la trasmiten los que han participado durante los anteriores, que han absorbido, revalidado y participado inmejorablemente de la filosofía de viaje de aventura cooperado que imaginé y procuré desde el primer año.
Ya no es una fantasía, sino una bonito escenario que cada año trasladamos a un diferente entorno.
Este 2016, aunque no lo tengo todavía totalmente delineado, sí moldeado a grandes rasgos: Este próximo año nos llevará caminando junto con cientos de peregrinos, hasta el glaciar donde nace el río sagrado Ganges en el Himalaya Indio. “La fuente del Ganges”. Pronto daré los detalles del mismo.
El resto de planes, los de siempre: vivir, tomar las cosas como vengan festejando las buenas y aceptando las malas; correr como humilde rutina, sin descartar participar en alguna esporádica carrera que sobre la marcha me motive.
Volver a la nieve (sí nieva) y al esquí de pista y travesía, tras unos años más comedidos desde que nació mi hija; Ahora que ella comenzará, yo lo retomaré. 
Igualmente “erre que erre”, y aunque he conseguido la marca por dos veces para poder ir este próximo año 2016 al maratón de Nueva York, (menos de 1h 25m en media), pretendo volver a conseguirla para participar el año 2017, que será probablemente el que regrese con la excusa de celebrar mi 50 cumpleaños.
Además, ese 2017 superaré mi actual escala de edad, y pasaré a la siguiente (de 50 a 55), así que la exigencia de la marca que he de lograr durante este próximo año para optar a participar directamente, es menor (menos de 1h 29m). A priori, si mi estado de forma no flaquea, podré lograrla mas cómodamente.
Asimismo con la llegada del buen tiempo y como prácticamente toda mi vida, no dejaré de barranquear; seguiré filmando algún barranco para la colección, y pretendo salir a la montaña sólo, en familia, o con amigos, que es algo que me entusiasma hacer el resto de mi vida.
En definitiva, y aun siendo siempre totalmente optimista, propósitos, disponerse siempre para lo peor, y anhelar que ocurra lo mejor.
Un año, aunque pase rápido (cada vez mas), es muy extenso. Y durante esos trescientos sesenta y cinco días, ocurren muchas cosas deseadas, deliberadas, imprevistas, lógicas o totalmente inverosímiles, mientras tu te empeñas en discurrir y anhelar.
¡Feliz 2016 a tod@s!

miércoles, 23 de diciembre de 2015

¡FELIZ 2016!

Clausurando el 2015.
Durante todo un año, cosas buenas, malas, notables, intrascendentes, e incluso cosas que nos habrán marcado la vida para siempre.
La vida es así, una carrusel de eventualidades coloreado con una espesa pátina de emociones y sentimientos que pueden alzarte o abatirte en un instante.
Algunas veces, con la ambición de tenerlo todo, perdemos cosas que nos importan; con la ambición de deslumbrar, nos extinguimos, o con la ambición de querer ser perfectos, nos olvidamos que no somos tan imperfectos.
Persistentemente, al finalizar un año hacemos un balance de las metas cumplidas, y nos proponemos otras para el año que comienza. Y lo festejamos con amigos, familia o compañeros de trabajo, brindando por un año mejor.
Tenemos el presentimiento de que las cosas van a cambiar, serán mejores y por fin se cumplirán nuestros deseos.
Es muy bonito e importante imaginar, desear lo mejor, pero aún lo es más saber qué pasos dar para conseguirlo.
Cierra los ojos, escucha tu corazón, y sin predisponerte por los deseos o expectativas de otros, porque  si sigues los deseos de otra persona te conviertes en otra persona, piensa realmente en lo que tu quieres conseguir.
Yo no me voy a explayar aquí con todo lo que deseo. No me puedo quejar. 
Logré imaginar, me impuse a la resignación de la comodidad, y tuve la gran suerte de lograr muchos de esos sueños a lo largo de estos años. Y sigo imaginando y continuando esa senda que me marca mi imaginación.
En este próximo año 2016, deseo que tod@s atesoréis un montón de  recuerdos buenos para esos malos momentos que siempre llegan, y logréis señalar la diferencia entre una sonrisa y una carcajada.
Deseo que no permanezcáis sentados en esa vuestra piedra por no volver a tropezar en ella, y caminéis, o corráis.
Que os resguarde una buena sombra, por haberos arrimado al mejor árbol.
Que  sintáis verdaderamente lo que valéis.
Que os subáis a todos esos trenes que os pasen por delante, disfrutando del viaje.
Pero sobre todo deseo que alcancéis vuestra cima, y allí arriba cerréis los ojos, volváis a colocaros esas alas que un dia tuvisteis, y voléis muy alto.
¡Feliz Navidad a Tod@s y un gran 2016!



jueves, 17 de diciembre de 2015

VITORIA

El pasado fin de semana nos desplazamos a Vitoria en un viaje familiar con la afable compañía de unos amigos, y con la excusa de correr la media maratón.
No había estado nunca en Vitoria, pero después de hacerlo, mi impresión es que está hecha para pasear sin prisas, que es muy limpia, y está claramente comprometida con el medio ambiente.
Te asoma colmada de frondosos jardines, cuidadas plazas, agradables calles, bares hospitalarios, y tabernas con espectaculares pinchos.
No en vano, con casi 50 metros cuadrados de zonas verdes por habitante, en 2012 Vitoria fue declarada Capital Verde Europea.
Fue tras Estocolmo y Hamburgo la tercera ciudad europea en ganar el prestigioso título desde que esta iniciativa se puso en marcha en 2010.

Paseando, llamó nuestra atención la Catedral de María Inmaculada (conocida como la Catedral Nueva.)
Una catedral de estilo neogótico, pero construida insólitamente en dos periodos recientes, 1907-1914, y por la falta de capital, terminada entre 1946-1969.
O la Plaza de la Virgen Blanca o Plaza vieja; centro neurálgico de la ciudad y puerta al casco viejo, donde lo pasamos fenomenal patinando en una pista de hielo portátil que había allí instalada.
Nos encantó su Casco Histórico y su esquema medieval, con sus calles y callejones plenos de
llamativos edificios civiles, palacios, casas señoriales, torres, y tiendecillas acicaladas ya para la Navidad.
Y que decir del enorme Belén monumental del parque de la Florida,  por el cual paseas literalmente entre sus bíblicas escenas recreadas  con figuras de tamaño natural. ¡Que bien lo pasaron las niñas! ”y los mayores”
Pinchos, patinaje, enormes belenes, sonrisas y buena compañía...
En estos casos, mucho mejor que llevar el niño dentro, es llevarlo por fuera, disfrutar y compartir esas exuberantes fantasías, esos juegos y esa naturaleza soñadora.
Después, llegó el domingo y la excusa:
La media maratón la corrimos con Lucia. Nosotros pusimos las piernas, y nuestros animadores de lujo respaldándonos en varios puntos de la misma, nos ayudaron poniendo corazón y los ánimos. Así, nada podía salir mal, mas aún cuando el único objetivo de ambos era disfrutarla sin agobios ni presiones.
Al final, un día que sin sospecharlo anteriormente, se convirtió en una de las medias que he corrido más a gusto. “Un buen día”.
Porque aun tomándolas como las tomo, como mero disfrute, antes de comenzar a correr siempre aparece la incertidumbre, el titubeo y “la duda”.
No por conseguir ya nada concreto, si no por el recelo de saber con anterioridad si te encontraras a gusto en carrera y disfrutaras durante la misma, o te notaras fatigado, rendido e incómodo.
Un estado que tras el pistoletazo de salida, el paso de los kilómetros se ocupa de acrecentar o apaciguar.

Esta vez, aún siendo cauteloso y prudente en carrera como siempre,  esa incertidumbre se fue atenuando ya en los primeros kilómetros, y desapareció totalmente enseguida al encontrarme frontalmente con las buenas sensaciones que notaba conforme pasaba el tiempo y la distancia.
Al alcanzar los últimos kilómetros, si noté que iba limitado muscularmente, ya que hace mucho que no entreno a estos ritmos de carrera, y eso las piernas lo notan. Aún así, me sentí con fuerzas y terminé muy contento.
Porque, cuando ya llevas años corriendo, durante una carrera, aunque tu no quieras, el ego también compite, polemiza y piensa por si mismo... o lo intenta. Y siempre quiere salirse con la suya, sin ningún tipo de consideración por ti ni por los demás.
Así que hay que intentar ser  inteligente, y no entrar en inútiles apuestas íntimas que te pirateen el ánimo, y te minen sicológicamente. Porque, lo peor de todo, es no conducen a nada.
Durante una carrera, y esta no fue una excepción, a tu alrededor observas a competitivos crónicos y lo mejor es evitarlos; A fanáticos empedernidos, y también, lo mejor es no entrar en sus juegos idólatras; y luego hay amigos, camaradas, y adictos congénitos deportistas. Esos no los dejes escapar y disfruta corriendo a su lado...
De regalo, y aunque como siempre era lo de menos, me llevé un buen crono. Lastima que no fuera ya enero, para tener una vez mas mi marca valedera para poder participar directamente y sin sorteos en
la maratón de Nueva York 2017, si decidiera hacerlo.
Tendré que intentarla hacerla a principios de año. En 2017 cumplo 50, y será una buena excusa para decidir regresar.
En una carrera, nunca intentes que las cosas ocurran como tú quieres. Ansía mejor, que se produzcan tal como se producen, y de ese modo serás, siempre terminarás más feliz.
Hay en el mundo un lenguaje que todos comprendemos: es el lenguaje del entusiasmo, de las cosas hechas con cariño y con voluntad, en busca de aquello que quieres o que crees.
Al correr únicamente por gusto, siempre es, ha  sido una buena carrera independientemente del resultado; pero sobre todas las cosas, es, ha sido, un buen fin de semana de familia y amigos en Vitoria.
Carrera y ciudad totalmente recomendables.

viernes, 11 de diciembre de 2015

INSTINTO

Hay que diferenciar entre lo que piensas y lo que sientes. Muchas veces reducimos todo a cifras sin tener en cuenta los signos que intuitivamente nos proporcionan nuestro organismo y nuestra mente, y por ello nos encaminamos a la frustración.
Este pasado dia 8, se celebró la que durante muchos años ha sido mi carrera favorita. Castillazuelo-el Pueyo-Castillazuelo.
La corrí consecutivamente desde la primera edición hasta la doce. Pero, hace tres años, por enfermedad falle a mi cita; y el pasado año por la operación del menisco.
Estos hechos quizás anularon la única motivación que me llevaba a participar año tras año; una especie de ofuscación o compromiso por de ser el único que había corrido todas las ediciones. Menuda gilipollez...
Este año, edición numero quince, y mi propensión y competitividad respecto a participar en cualquier carrera, con el tiempo se a desfigurado visiblemente, e incluso aquella testarudez por participar en todas las ediciones de esta también,  por tanto pensé determinar correrla o no ese mismo dia. Si me apetecía; si mis deseos y mi motivación me empujaban a ello.
Desde que tomé esa ya  firme decisión de correr solamente las carreras que realmente me estimularan a hacerlo, justificando mí motivación y diversión, he sido consecuente con ello, y en esta ocasión no iba a ser menos.
Llego esa mañana, y las señales fueron claras. A mi hija (cinco añitos), que lleva tres participando en la carrera de niños, le pregunté. También me servia como excusa para obligarme a ir, pero no le apetecía. No le insistí, ni jamás pienso hacerlo.
Así que valoré, y con el buen dia que hacia, decidí consecuentemente hacer lo que más me apetecía. Salir por el monte solo, a mi rollo, y gozar haciendo una tirada más larga. 
Pensar, imaginar la carrera, en cierta forma me turbaba, por el simple hecho de saberla de memoria, así que no hallé ninguna justificación para animarme. No había nada que me determinara. Y sin embargo si imaginaba salir como siempre a correr por el campo un buen rato, ansiaba hacerlo.
Así que la decisión estuvo clara. Me regalé dieciocho kilómetros por el campo corriendo, gozando y saboreando cada uno de ellos.
No es por la carrera, porque en este caso, es una carrera que siempre recomiendo a todo el mundo, sino por mi,  mi disposición y mi autosugestión.
Sin ir mas lejos, este próximo fin de semana participaré en la media maratón de Victoria, porque el pasar allí un fin de semana de turismo con familia y amigos, y el no haberla corrido nunca, hace que me seduzca e ilusione hacerlo. Solo por eso, ya sé que disfrutaré de la carrera.  
Cuando comienzas a correr (o a realizar cualquier actividad deportiva),  mejoras, progresas, superas de tus aparentes limitaciones, y todo te parece espectacular.
Y seguramente lo es, no digo lo contrario; pero más pronto que tarde, aparece la rutina, el agobio, el ahogo, y una especie de obligación o compromiso.
Entonces desaparece esa motivación, ese estímulo, y de alguna forma se convierte en forzoso e impuesto.
En mi humilde opinión, y aunque parece algo subjetivo, el objetivo final es conocerse bien.
Como siempre digo, hay que correr por sensaciones, si, pero también participar en carreras o competiciones por sensaciones, y hacerlo únicamente en lo que realmente te motive participar. Si es que té motiva algo. Tan solo es una cuestión de sentido común y sensatez.
Todo, todo, influye en nuestro estado físico y mental. Y no solo hablo de entrenar o salir a hacer deporte. Si no te apetece participar en una u otra carrera, ¿porque has de hacerlo?.
Hay que tener meridianamente claras unas ideas: No somos profesionales. Somos amateurs, y corremos por gusto.
¿Porque estar persistentemente pendientes del ritmo, los kilómetros, las pulsaciones, el número de carreras en las que participas, o el calendario?.
¿Para que? Te gusta correr y punto. Puedes hacerlo cada día.
Por otra parte, si es cierto que podemos programar nuestro entrenamiento algo mas en serio, si sabemos en un momento determinado hacia dónde vamos y que queremos lograr.  Si tenemos unos objetivos, que no es lo mismo que una “rutina”. 
Entonces, únicamente habremos de encajar en nuestro entrenamiento o salidas, unos estímulos que nos permitan llegar en la mejor forma el día o los días “de”. Y el primero de todos es, “Apasionarte”.
Preguntate: ¿Estoy preparado? ¿Tengo suficiente motivación?
En esa especie de búsqueda de la “excelencia” física, mental o lo que sea, sin pretenderlo, podemos presionarnos en exceso, creernos mecanismos indestructibles, y olvidarnos de lo realmente importante: Disfrutar.
En resumen, saber escuchar a tú cuerpo, a tu corazón y a tu cabeza.
Desde mí ya algo de experiencia (aunque solo sea por años), he de reconocer que el entrenamiento por sensaciones lo tengo bastante dominado, y es uno de los mejores modos de realizar ejercicio físico, y obtener mejores y mayores beneficios para tú cuerpo y tú mente. Ahora estoy en la fase de participar en cualquier carrera también por eso; por sensaciones, POR INSTINTO.
Si soy sincero, mis mejores carreras las he logrado así. Llevado por el instinto, y olvidándome de todo. Con enormes ganas, sumergiéndome en el ambiente, saboreando todo, corriendo por sensaciones y con una sonrisa.

jueves, 3 de diciembre de 2015

COMIENZOS

Este pasado domingo, participé por segunda vez en el cros de San Vicente de Paúl; Colegio de mi hija.
Se trata de una sucesión de breves carreras solidarias, afirmadas con un sorteo final de regalos donados desinteresadamente por numerosos comercios, con el noble propósito de recaudar fondos para alguna causa benéfica.
Colaboras, y tanto los niños (por aulas y edades), como posteriormente padres y madres, e incluso algún profesor o profesora, participas de manera testimonial y festiva.
Una fiesta deportiva, con torta, chocolate caliente y sorteo de regalos, como modo de sociabilidad, cooperación y argumento espejo para con nuestros hijos. ¿Que más se puede pedir que compartir algo así entre padres, hijos y profesores?
Esta circunstancia, me hizo recordar que distinto era el deporte y la sociabilidad en el colegio cuando yo era niño:
Mis primeros recuerdos de deporte, son de cuando estudiaba EGB en el colegio de los Escolapios de Barbastro.
Las clases nos la daban San Pedro y Santa Bárbara...
Y aunque el colegio era de curas, no se trataba de los auténticos e inmemoriales santos de la iglesia, sino  de dos autorizados y disciplinados militares del cuartel de Barbastro que se apellidaban así.
Nosotros, subyugados niños  perfectamente dispuestos y uniformados en el centro de un campo de fútbol de tierra, comenzábamos la clase dispuestos en desarregladas filas.
A golpe de pito, estirabas tú brazo hacia delante hasta rozar con los dedos el hombro del que te precedía corrigiendo tu posición.
Asimismo, otro pitido te aprestaba a colocar los brazos en cruz, y moverte diagonalmente hasta situar la punta de tus manos a un palmo de la punta de las manos de los colocados a tu altura en las filas situadas a tu derecha e izquierda respectivamente, estrechando y reformando las hileras.
En un santiamén parecíamos un cuadrilátero humano perfectamente dispuesto para la inauguración de unos juegos olímpicos Coreanos...
Las clases consistían en  una especie de  noble gimnasia sueca. Esa de ¡un!¡dos!¡tres!¡cuatro!... ¡un!¡dos!¡tres!¡cuatro!... siempre a golpe de pito.
Comenzabas “¡fiiiirmes!” . Y a continuación,  un sonoro pitido te ordenaba pegar un brinco, y colocar brazos en cruz y piernas abiertas; ¡Piiiiiiiiiiii! “otro bote, brazos arriba, piernas pegadas”; ¡Piiiiiiiii!, “salto, piernas abiertas, brazos abiertos, y ¡Piiiiiii! Brazos cerrados, piernas cerradas....
Y así sucesivamente hasta la extenuación... ¡un!¡dos!¡tres!¡cuatro!...
Para rematar esta variada y desmotivante gimnasia, no podían faltar las flexiones de brazos boca abajo, o por parejas sujetarnos los tobillos  alternativamente para hacer agotadores abdominales.
Siempre sin abandonar ese perfecto  y metódico orden de filas, que si se desajustaba no dudaban en enmendar “a golpe de pito”.
Una vez bien rendidos, algunas veces para salir de la rutina,  aún nos atormentaban con unos aparatos de tortura llamados Potro y Plinto.
El Potro, un artilugio gimnástico tan simple como una viga sobre cuatro patas revestida de cuero y de longitud inabarcable, donde normalmente, y por mucho impulso que tomaras en tu intento de saltarlo, a mitad, te dejabas los huev...
y el Plinto: Era o es, un implemento gimnástico también de martirio, compuesto por varios cajones de madera superpuestos, a fin de poder hacerlo más bajo y más accesible, cosa que nunca hacían... ¿Quizás para joder a niños y bajitos?.
Pero bueno, después de todo esto, comenzaba la carrera continua alrededor del campo de fútbol -“Hasta que yo diga basta”.
Carreras de esas de, ¡tonto el último!.
Los mas duchos rápidamente tomaban posiciones velozmente, y dejaban atrás y doblaban varias veces a los gorditos, y a los que no estábamos tanto por esta forzada misión de correr sin sentido, dando vueltas y además de una manera tan impuesta y marcial... Con todo, se generaba en cierta forma una política de menosprecio y humillación hacia los menos habilidosos físicamente.
Que tiempos.
Curiosamente,  en mi caso, años después, con unos dieciséis, comencé a correr por placer, y hasta hoy...
Aunque no fue mi caso, ni el de nuestras generaciones, ahora soy muy consciente que la escuela es un contexto ideal para fomentar el interés por el deporte.
Un escenario que por suerte ha evolucionado respecto a lo que nosotros vivimos, y dispone tanto de personal más juicioso y formado, como buenas instalaciones.
De esta suerte, los niños pueden ejercitarse en las actividades deportivas al mismo tiempo que en su desarrollo biológico y psicológico.
Una gran oportunidad de practicar deporte de manera dirigida, y sin menoscabos o arbitrariedades, teniendo en cuenta las necesidades individuales y especificas de cada niño.
Todos hemos sido niños, y en consonancia con el lógico desarrollo y la evolución de nuestra morfología física, fisiológica y psicológica, por nosotros mismos sentíamos fascinación  por la actividad deportiva y el juego.
Otra cosa era la forma de motivarnos a ello.
Por que la competición, los logros, la lucha por conseguir el reconocimiento de los demás, por desgracia, también son componentes naturales de esa atracción por el deporte.
Por esto mismo, en los colegios o en las familias hay que ser muy sensatos, y evitar que los niños que se inician en cualquier deporte se sientan presionados.
Como reza una frase que corre por Internet: “Si quieres un campeón o campeona en la familia, entrenate y deja que tu hij@” juegue en paz” Entiendo que lo importante del deporte en la escuela debería ser tan simple como educar para dar tanta importancia a mantener una buena forma física con cualquier actividad divertida, como lavarse los dientes,  y de alguna forma, favorecer a cada niñ@, para que a su medida pueda iniciarse en esta práctica.
Y aunque exista la competición, que esta siempre sea de manera poco exigente y muy tolerante, para permitir que todos puedan participar y sobre todo divertirse.
Con los años, con el tiempo, como en cualquier otra faceta, habrá quien destaque y se desarrolle, pero eso no quitara que todos tengan tendencia, incluso una rutina deportiva, y conozcan perfectamente sus beneficios.
Además el deporte exige una determinada forma de comportamiento, y tiene unas reglas, pero  sobre todo,  marca unas relaciones de diplomacia y amistad determinada con tus compañeros: amistad, divertimento sano, preparación, consecución de objetivos individuales o comunes y disciplina.
Para un niño, tanto en el entorno familiar como escolar, el ejemplo y la practica de algún deporte representa un paso adelante en socialización, ya que le exige poner en funcionamiento sus ganas de compartir, de disfrutar y de esfuerzo.
Bien por el deporte para los niñ@s en el cole, en la calle o casa, de manera divertida, sensata e inteligente.


miércoles, 25 de noviembre de 2015

DE ELITE


Decimos Elite, a un grupo minoritario de personas que tienen un estatus digamos superior a los demás, al que muchos quieren pertenecer.
A la “Élite” social, laboral, o del deporte... Ser “De Elite”
Si el término “DE ELITE” lo sumamos, y cambiamos de lugar la L, nos aparece la palabra “DELEITE”.
Así de fácil.
Muchas veces, un cambio insignificante, no significa restar carácter si no sumar corazón; un dar la vuelta, hace   diferenciar y separar lo que nos parece urgente de lo realmente  importante, dando oportunidad a lo importante.
Se trata reflexionar sobre tu necesidad, y de ser lógic@.
De evaluar la significación en tu vida; deliberar sobre tu manera de ver y hacer deporte.
Los que habéis empezado a correr no hace mucho tiempo, preguntaros (bueno, y los demás si queréis también): ¿Quién eras antes de comenzar a correr?, ¿Cómo eras?, ¿Por qué decidiste empezar a hacerlo?, ¿Qué te afligía antes de declarar de manera oficial que eras corredor o corredora?
¿En tu respuesta aparecen las palabras “por estrés, nervios, falta de aire, tensión o crisis”?...
¿ El deporte en general o el correr en particular, te ha ayudado a emerger, a superarlo, o va camino de ello?.
Entonces, ¿por qué ahora, una vez seducido y favorecido por esto de correr en particular, o hacer deporte en general, transformas por culpa de competiciones, carreras, ritmos o marcas, esta terapia manifiesta, en una vía mas de estrés, nervios, falta de aire o tensión?.
¿No te das cuenta que estás convirtiendo tu cura de nuevo en tu estigma?.
¿Todo por estar en la elite, regional, local, de club, de facebook, o de tu barrio...?
Omítelo y deleitate.
Vale que en algunos casos, sin perder de vista lo que quieres lograr puntualmente, pero valora explícitamente y sin coacciones cómo cometerlo desde lo físico, lo mental, lo enérgico, e incluso lo espiritual. Disfrutando de todo ello.
A continuación, evita las excusas y justificaciones que de antemano te hagan angustiar y planten obstáculos en tu camino.
Por desgracia somos humanamente limitados, pero por suerte asimismo y con todas sus consecuencias, ilimitadamente humanos.
Yo quiero ser deportista, corredor, montañero de DELEITE. ¿Y tú?

martes, 17 de noviembre de 2015

EL CORREDOR Y SUS OSCURAS LOCURAS

Como decía Oscar Wilde:  “Un soñador es aquel que sólo puede encontrar su camino a la luz de la luna”
Ha llegado el invierno, y con él, el impopular cambio de hora.
En tal caso, los que por nuestro horario laboral salimos de trabajar a partir de las seis, nos toca correr sin luz solar.
Suelo trotar martes y jueves, algunos viernes, y durante el fin de semana. Normalmente cuatro o cinco días a la semana, a una media de 15/16km cada salida.
Durante años, en estos meses de invierno, padecía teniendo que correr por las calles por improvisados circuitos urbanos.
Y eso que en mi horario, tan solo me veo perjudicado dos días por semana, pues si decido correr el viernes, al tener la tarde libre, no me afecta.
Pero el caso era, que al realizar un circuito urbano, la trotada se me hacia sufrida e infinita.
Es mas, para motivarme me lo tomaba como un entreno psicológico.
Significaba, que salir a correr no era solo un pasatiempo ineludible, sino esos días algo auto impuesto.
Ya en el 2011, cuando preparaba la Jungle Maratón, y rodaba casi todos los días distancias largas, para estas fechas decidí ocasionalmente tirar de frontal, y hermanar el entreno urbano con pistas pedestres, para que no resultaran los kilómetros tan pesarosos.
El año pasado, habituado a salir toda la primavera y verano por el monte y disfrutando; conciliado  completamente con el monte y el correr por placer, el salir por las calles en invierno aún se me hacia más ingrato.
Al carecer de  compromiso u objetivo claro, que me determinara a prepararme incluso cuando no estuviera predispuesto, no soportaba dar vueltas por Barbastro como pollo sin cabeza.
Así que decreté sacar el frontal, y hacer todas esas salidas habituales (15/16 Km.), a oscuras por el monte. Y... volví a disfrutar.
Este año no lo he dudado ni un segundo.
Ya llevo un mes entrenando por mis habituales caminos diurnos, pero con el frontal en modo nocturno.
La poca gente que me cruzo por apartados y oscuros caminos (en coche), supongo que pensaran que estoy loco, pero...
Durante tantos y tantos años me han tildado así, que me he acostumbrado: Primero, hace casi treinta años, cuando sin participar en ninguna carrera o competición y simplemente por placer corría una hora diaria. Los que hacían atletismo, que eran los únicos que entonces corrían, me tachaban de loco; Después, en 2007, cuando comencé a prepararme para el maratón de Sables y corría con peso y mochila; los que corrían ya por placer, también pensaron “Está pirado” correr con mochila (claro, aún no había comenzado la fiebre Ultra...); Así que ahora,... seré el loco del frontal...
Imagino que quien no lo haya hecho nunca le costará incluso pensarlo, pero una vez lo pruebas... se convierte en un instante mágico, diferente y especial.
Al correr por la noche en la naturaleza hallas otra profundidad.
Penetras de alguna forma en una insólita atmósfera alrededor de un foco de luz, y el mundo se reduce a ti, y dos o tres metros delante de ti.
Es como “sobrenatural” e incluso te seduce. Tu, tu reducido y silencioso marco, y algunos ojitos brillantes que te miran en la oscuridad...jajaja.
Pero no todo es sortilegio en estas trotadas nocturnas. También entraña  dificultades que si quieres probar conviene saber:
Luz:
Para ver y correr en la noche lógicamente necesitas luz.
Corriendo, la forma más cómoda y eficiente es utilizar un frontal.
Con un frontal, allá donde miras se dirige la luz, y si no estás acostumbrado, necesitas un poquito de tiempo para acostumbrarte a este tipo de alumbrado, porque ni tus ojos ni tu percepción están familiarizados a estas condiciones.
Poco a poco percibirás mejor la profundidad, las sombras y los realces del terreno.
A la hora de elegir un frontal, al margen del precio claro, es importante tener en cuenta:
La potencia de iluminación, el peso, y la durabilidad de las baterías.
Saber que con el frío, las baterías sufren más y duran menos.
El amplio campo de acción que percibes durante el dia, aquí, en estas condiciones, se reduce a unos pocos metros iluminados por el frontal, así que la vista se resiente en estas condiciones y pierde capacidad de percepción.
El factor psicológico: 
La sensación de soledad, aislamiento, e incluso miedo.
Estas sensaciones, que a algunos nos resultan excitantes, y las tomamos como una especie de diálogo íntimo, entiendo que para otros pueden resultar agobiantes y agotadoras.
En mi caso, gracias a mi adiestramiento desde niño, fraguado en acampadas y campamentos, y posteriormente a mi trayectoria deportiva, durante la cual he andado solo y de noche por montañas, desierto, o incluso el ártico Canadiense, evidentemente el correr un rato a oscuras por un terreno conocido no me perturba nada.
Pero, si a vosotr@s si, para empezar os recomiendo hacerlo  siempre en lugares bien conocidos, e incluso acompañados por otros corredores.
Tanto si vas en grupo, como el hacerlo por terreno ya conocido, reduce las posibilidades de extraviarse o sentir miedo, y te ayudará a probarte en la oscuridad, y conocer tus sensaciones.
Correr con frontal hace que se desfigure el relieve del suelo, por eso, conocer el terreno que pisas, facilita que no tengas un traspiés fatal.
Y el ir en grupo, simplifica y acelera el aprendizaje necesario para hacerse a la noche.
La noche es sin duda novedosa y menos profana que el día.
Incluso a veces pienso que la noche está más viva y es más rica en colores que el día.
Yo salgo martes y jueves a las 18.30. si alguien quiere probar conmigo, solo tiene que ponerse en contacto y acompañarme.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Os Foratos de Lomenas



PRÓLOGO:
He tardado en escribir sobre esta pequeña gran carrera, que me ha regalado repensar y ratificar lo que llevo practicando estos, al menos dos últimos años:
“Participar únicamente en las carreras que verdaderamente me apetece hacerlo”.
La corrí hace tres semanas en Torla. “Porque me apetecía”.
Alcanzar la madurez en este deporte, significa reeducarse permanentemente; De manera que en cada momento,  estableciendo tus propios pasos para mantener esa esencia, sigas disfrutando y sigas recreándote en él.
Lo que te servía, te incitaba hace unos años, o incluso el año pasado, puede no parecerte este.
Yo estoy ahora mismo en una fase, en la que mis trotadas semanales, abstraídas y vitales (algunos las llamaran entrenos), son como siempre y me encantan (32 años las ratifican).
Y son, siguen siendo, una necesidad vital. Pero mis  participaciones en competiciones son cada vez mas limitadas y escogidas, porque ni me satisfacen, ni lo necesito.

CARRERA:
Acudí a esta por que me habían hablado muy bien de ella y a la vez, participaban muchos queridos amigos para compartirla y disfrutar juntos del dia y el ambiente.
Salir y llegar a la localidad de Torla, disfrutando de sus inmediaciones durante veintiún kilómetros, pero sobre todo del valle de Bujaruelo, era un monográfico muy apetecible.
Y he de decir que no me decepcionó.
Carrera con aroma a las de antes. A las carreras por montaña pioneras.
Participación ajustada y familiar, aunque competitiva;  esto hoy en dia ya es inevitable, y mas si los premios son en metálico (para mi un error en este tipo de eventos).
Posterior y circunstancialmente, también ayudó a este buen sabor o evocación, el disfrutar de un espectacular dia de otoñal.
Esto en las inmediaciones de Ordesa significa correr sobre sendas humedecidas y térreas, enmoquetadas por vívidas hojas, y enmarcadas por unas celosías de centenares de luces y colores, conformadas de arboledas cobrizas, esmeraldas y doradas, totalmente indescriptibles.
Un placer para los sentidos.
Mi carrera,  correcta, pero sobre todo cabal: 1h 45 m. Puesto 21 de 201, y 3º en mi categoría.
Regresaba de realizar el viaje por Perú, y aunque eso significaba estar falto de ritmo y rodaje, supe encontrarme a gusto.
La falta de oxigenación no me servia de excusa, pues volvía de estar mas de diez días en alturas de entre 3500 y 4600m.
Así que en ese sentido, de hematocrito tenia que ir sobrado.
Por lo que me habían explicado a priori de la carrera, procuré dos cosas: Primordialmente, y aún contraviniendo a mis entusiastas y optimistas  amigos, espoleándome en la línea de salida para salir a “ganar”...jajajaja...,   la de siempre, “disfrutar y no sufrir”, yendo a un ritmo en el que me encontrara confortable y conveniente; Y la segunda, intentar, aunque fuera despacio, correrla completamente.
No lo cumplí. A no ser que estés como un toro, el recorrido esconde severos repechos, en los que inmediatamente eres consciente que corriendo no adelantas mas que andando rápido, pero te desgastas el doble...
Una vez dan la salida, en muy poco, y casi sin darte ni cuenta, te ves inmerso en un universo de pistas forestales, prados de cultivo, y bosques rebosantes de avellanos, robles, álamos, arces, cerezos y fresnos con esa sugestiva coloración de la metamorfosis otoñal.
Un recorrido muy sugestivo, que en su mitad alcanza el puente de los Navarros por una exuberante senda junto al río Ara.
A continuación, aunque  la pista de Bujaruelo hasta el puente de los Abetos, es un tramo menos agradable por tratarse de la pista  vehicular de acceso al valle, abordas una de las sendas, si cabe, más espectaculares del recorrido y eso compensa. Además, a partir de aquí me quedé solo como a mi tanto me gusta, y esto amplío mi sensación de agrado.
Personalmente, todo me agradó, pero el ultimo tramo, por el camino de la Escala, donde tras salvar el desnivel y coronar, disfrutas mientras corres de unas increíbles vistas del valle de Ordesa, y Torla, me hipnotizó.
Los últimos kilómetros entre  rápidos descensos asociados con algún ascenso rompe piernas, donde si tus patas resisten, puedes echar el resto para llegar hasta la entrada al pueblo y hacer un victorioso y bullicioso paseo a meta con la tu mejor cara posible.
Tras la llegada, de lo que disfruté más, fue de animar a cada uno de los amigos que iban llegando felices, y después de la comida y como siempre las risas, que es lo que hace que sea una gran jornada.
Carrera muy recomendable.

EPILOGO:
En cada fase por las que he pasado, siempre he disfrutado.
Pero desde que decidí correr solamente las carreras que realmente me apetece, las termino de forma excelente independientemente de marcas o puestos. Las finalizo repleto de bondades y lleno de experiencias gratificantes. Y si es juntamente con amigos esto se amplifica.
Se trata pasarlo bien, compartir, y además,  ya de paso mantenerme en forma.
Aunque parezca demasiado presuntuoso enfocar todo esto como una filosofía especial, si toma un sentido esta idea aplicada a mi vida.
Es mi filosofía.
Todo tiene sus momentos: Se corre para mejorar marca, para superar un objetivo puntual, para mantener una determinada condición física que con los años cada vez parece menos sostenible, o porque correr es un deseo en sí mismo y lo llevas dentro.
No nos debe importar que en un determinado momento, o con una edad, se vaya más despacio (y yo de momento no me quejo), o simplemente cambien nuestros propósitos o punto de vista.
Se disfruta mucho mas si se echa una pizca de realismo, imaginación y amor propio.
En cada fase de tu vida, debes observar y dominar los límites de tu cuerpo; tus extremos, y llegar donde quieres llegar sin dejarte arrastrar por auto sometidas coacciones, camarillas o populismos. Este es el primer mandamiento de un corredor feliz.
Al final, con el tiempo,  te das cuenta que la lucha no es contra un crono, ni siquiera contra ti mismo (esa  ya la pasaste), sino contra las lesiones, la falta de recuperación, la motivación, o tus obligaciones.
La madurez en el deporte, en el correr, es más emocionante que ninguna otra etapa.
Acabo de cumplir 48. Me siento joven y ágil, pero ahora cada año me lo tomo como una meta parcial; como llegar al siguiente avituallamiento.
Envejecer corriendo es un privilegio y objetivamente eleva mi bienestar y mi felicidad; la de cualquiera, por encima del común sedentario.
El correr,  no es una profesión para casi ninguno de los participantes en cualquier carrera popular, y por ello, debemos tomarlo como lo que es, una diversión o desahogo que haces lo mejor que puedes, con un nivel de exigencia que tiene que ser ajustado a tu nivel de entrenamiento, a tu edad, tus circunstancia, y tu exigencia individual.
En este terreno, nadie excepto nosotros mismos somos culpables de nuestros fracasos o frustraciones.
Si lo tomas como debieras, escuchándote a ti mism@, solo obtendrás victorias. Bien sean superficiales en forma de medalla o marca, o las mejores, las fundamentales, en forma de convivencia, divertimento, amistad y bienestar.
Ni más, ni menos.
¡¡Disfrutar cojones!!