martes, 30 de junio de 2015

INTENSO



VIERNES:
Dicen que soñar que vuelas es símbolo de la libertad, y que este sueño ofrece buenos presagios.
Comentan que simboliza nuestra inspiración y el deseo de manifestarse.
Todos conocemos nuestros objetivos en nuestra vida, y sabemos cómo realizarlos. Otra cosa es que nos lancemos a alcanzarlos, y volemos por encima de los obstáculos para encontrar esa especie de felicidad.
Los sueños repetitivos de vuelo indican gran fortuna, así que ¿hace realidad ese sueño no es una fortuna ya en si mismo?
El viernes tras muchos intentos por coincidir, por fin pude aceptar la invitación y realizar un vuelo en el parapente biplaza de mi amigo Javier. ¡Muchísimas gracias! Repetiremos seguro, aunque... preferiría pilotarlo... jajaja...
Grabé unas imágenes de la experiencia: 


 


SABADO:
Decidí hacer una incursión rápida y en solitario al barranco de la Peonera, para ojearlo
antes de llevar algún grupo.
Me habían avisado de un nuevo agujero, y quería examinarlo tranquilamente.  Por lo tanto, como iba solo, no madrugue, y me dejó Rosana en el parking (abarrotado), a las once de la mañana, para ir a esperarme a la presa de Bierge y bañarse con Nayra.
¿Que decir?. Llevo bajando por este barranco mas de treinta años; Desde cuando lo hacíamos integral desde Morrano, y un pastor nos explicó la forma de entrar por la actual senda.
Supongo que he guiado cientos de grupos, y desde hace años, para mantener ese encanto de los comienzos, y poder disfrutar en toda su magnitud de su encanto y belleza, los hago madrugar “mucho”. Suelo entrar siempre primero al barranco. Lo que me encontré el sábado a las once, lo podéis ver en las fotos que anexo. La pérdida del atractivo de una actividad de aventura por esta masificación es obvia, y la desilusión de la gente que contrata una actividad en un espacio natural, y se encuentra las colas de un aquapark, supongo que también. 
Veo difícil la solución a este tema... y egoístamente, desde el punto de vista de un lugareño que ha crecido descendiendo por estos cañones, siento cierta angustia al verlo así... bajé como alma que lleva el diablo. 
Seguiré madrugando. Solo espero no tener que hacerlos de noche...

DOMINGO:
En la amistad, los amigos verdaderos son muy pocos, por lo que el hombre más afortunado no es el que atesora mas riquezas, sino el que mantiene los primeros amigos.
Como otros años, y huyendo de los horarios ordinarios en estas masificadas fechas, acompañé a algunos amigos de mi infancia (los que pudieron), de esos que te han visto crecer, al barranco del Basender.
Que decir igualmente.
Que los amigos de la infancia siempre están ahí
Da igual el tiempo y la distancia. Pueden pasar años, pero cuando te reencuentras siempre hay algo invisible, especial, que te une.
Siempre es una maravillosa excusa para viajar a un período de tu vida en el que las preocupaciones tenían que ver con “estudiar” o no llegar a casa sucio, magullado o tarde. Siempre ríes, y existe una complicidad y confianza muy difícil de explicar.
Recuerdas sin querer aquel tiempo en el que hacías trastadas, y no importaba cuánto tenías, si no lo que eras capaz de inventar y disfrutar.
No olvides nunca a esos amigos.
Son aquellos que  te ayudaron a crecer y con los que viviste y compartiste momentos clave de tu vida.
Las amistades de la infancia, pueden durar toda la vida (doy fe), y nunca se parecerán a ninguna otra. 

martes, 16 de junio de 2015

ESTE AÑO, HACE VEINTE....

VARIANTE ALTOARAGONESA .... (En la historia del Aconcagua de chiripa.)

La casualidad es el desenlace, pero no la explicación:
Diciembre de 1994. Prosperaba nuestra primera
expedición a una montaña y una altura, digamos de magnitud. “El Aconcagua”.
Para ello nos unimos cuatro amigos: José Vilalta de Airón club de Monzón, y Javier Alvira, Josán Hidalgo y yo mismo, los tres de montañeros de Aragón Barbastro, secundados por nuestros respectivos clubes de montaña.
Meses de ilusión, preparación, equipamiento e infraestructura. Incluso visto ahora con la instrucción de los años y la experiencia, una excesiva infraestructura; pero por otra parte lo normal para unos entusiastas y noveles principiantes, espoleados por esos nervios previos a algo que te parece grandioso; “Un anhelo cumplidamente soñado desde mas jóvenes en las paredes del Pirineo y algunas montañas de los Alpes”.
La despedida familiar el día 25 de diciembre, aconteció como una moderada fusión entre la euforia por nuestra parte, y la palpable nostalgia y morriña de nuestras familias.
Esa es una impresión que después he vivido en mas ocasiones, pero esta vez era inédita.
Siempre he comprendido esta hipocondría, esta oculta impresión de tristeza que ampara las despedidas cuando marchas a una “expedición” por parte de nuestros familiares o la gente que te quiere, pero nunca la he digerido demasiado bien.
Parece que partas a una guerra, y que cauteloso emergiera el temor de que puedas “no volver”... Nunca me ha gustado esta sensación. Me gustaría no tener que implicar de esa manera tan nociva a mis seres queridos cuando hago algo que para mi es una pasión y me hace tan feliz. Pero... seguramente es inevitable.
Yo, con mi habitual humor negro, ironizaba entre mis compañeros de expedición (con la familia no claro), dilucidando sobre el apelativo que le darían a la futura piscina cubierta de Barbastro en memoria a alguno de nosotros... ¡Que bruto!
Partimos hacia nuestro objetivo el día 26 de diciembre: Una montaña idealizada durante meses y soñada durante años: El Aconcagua; la montaña mas alta de América con 6.962m, y además por el glaciar de los Polacos (cara Este). Elegimos esta ruta, y no la normal, por un lado envalentonados por ese carácter de arrogancia y pavoneo que tiene la juventud, pero también porque por esta ruta no había intentado ascender ningún Aragonés, y eso nos facilitaría conseguir alguna de las por otra parte necesarias ayudas económicas o subvenciones...
Una vez en Argentina, digerimos estupendamente los tres días de aproximación en los que incluso celebramos la noche vieja y el año nuevo camino de la falda de la montaña.
Después el montaje y familiarización con el campo base, aprendizajes, anécdotas, practicas, y aclimatación durante mas de dos semanas en diente de sierra (ganar altura y bajar a dormir a una altura inferior).
Dos semanas en las que pudimos instalar sin mayores problemas el campos uno, y dos (5900m), profundizando y experimentando por primera vez los efectos de las grandes alturas, y nuestra evolución en una gran montaña.
Después de todo este trabajo, nos dispusimos como teníamos previsto a descansar en el campo base
unos días, para recuperarnos, cobrar fuerzas e intentar la cumbre por la vía directa del glaciar de los Polacos.
Entonces, se originó un violento temporal de viento y frío acompañado de una gran nevada , que frustró nuestras pretensiones de querer partir hacia la cumbre, con la suerte para nosotros de que la tormenta nos sorprendiera al “resguardo” del campo base.
Hubo varias expediciones que quedaron atrapadas por el temporal mas arriba, y tuvieron que pasarlo francamente mal para retroceder y llegar hasta la base de la montaña.
Algunos padecieron serias congelaciones y ceguera. Fue la primera vez que yo veía unas congelaciones graves; concretamente las del pie de un... creo recordar que Inglés. Cuando el cielo escampó tras dos días, varias de las pocas expediciones que nos hallábamos en esta cara de la montaña desistieron y abandonaron, porque la previsión meteorológica venidera era muy mala, y la montaña estaba inaccesible con tanta nieve.
Pero nosotros, como convenientes y tozudos Aragoneses, desoyendo las advertencias que nos daban diciéndonos que el glaciar estaba impracticable, y se hallaría avalanchoso y peligroso por exceso de nieve, tiramos para arriba hasta el campo dos al pie del glaciar que nos conduciría hasta la cumbre para verlo con nuestros propios ojos.... Y.... por un lado, hasta allí no estaba tan mal, pero el glaciar efectivamente, estaba con mucha nieve acumulada.
Al llegar, estaban descendiendo desde el glaciar una expedición canadiense que también lo había intentado, y en medio de la franja de seracs que se encuentra a mitad del glaciar, tras llevarse algún susto y obligados por lo peligroso del terreno, se habían dado la vuelta. - “¡Mierda!...Tantos meses de
preparación, estando bien aclimatados, fuertes y a un tiro de piedra de nuestro objetivo, y sin poder acceder. ¿Qué hacemos?”.
Fue Josán, quien concibió y contagió la idea:- ¿Y si intentamos subir por la zona rocosa que delimita el glaciar a su derecha?.
Desde allí se veían como una sucesión de muros rocosos que confinaban anchas y encorvadas rampas de nieve entre ellos, y para atravesarlos lo que parecían inciertos corredores o pasillos verticales.
A la vista (y con los prismáticos), debido a su inclinación, parecía que no había un evidente riesgo de avalanchas en esa zona. Eso si, estos finalizaban justo a la entrada del cuello de botella, como único y obligatorio paso de acceso a la cumbre.
Así que si llegábamos allí, desde ese punto deberíamos intentar acceder a la cima escalando el famoso corredor, a sabiendas de que sería la parte menos técnica, pero mas peligrosa. Ya que estábamos allí, nos pareció buena idea intentarlo, y una vez en la intersección de nuestra improvisada ruta, con la normal, ya evaluaríamos sobre el terreno. La jornada fue larga.
Desde las cuatro de la madrugada, escalamos con delicadeza y mucho frió por esa sucesión de corredores, improvisando el camino por los farallones de rocas, por donde nos parecían mas accesibles, y turnándonos para abrir huella tras ellos por las palas de nieve. Ascendimos por palas que incluso tenían 70º, y escalamos pasos de IV+ entre las rocas donde tuvimos que asegurarnos con las cuerdas montando reuniones de fortuna.
Al final, conseguimos llegar allí arriba, ante la atenta observación y curiosidad de unos americanos que se hallaban en el campamento dos, y habían
resuelto no intentarlo y retirarse desde ese punto al día siguiente.
Cuando tras la última travesía llegamos al mismísimo cuello de botella (6500m), ya habíamos advertido la caída de alguna avalancha durante la mañana por el glaciar, y evaluamos objetiva y sensatamente, que muy a nuestro pesar y a menos de 400mts de desnivel de alcanzar la cima, lo mas prudente era descender, y por la hora que era, sobre las dos y media de la tarde, habría que hacerlo por el mismo glaciar lo mas vertical y rápidamente posible, pues este a esa hora, estaba muy muy cargado y susceptible.
Sobre las cuatro de la tarde llegamos extenuados al campo dos, y ante nuestra asombro, los americanos que aún hallaban allí, comenzaron a felicitarnos por nuestra ascensión. Tras manifestarnos y aclararnos su asombro por nuestro intento de cumbre por esa improvisada ruta, nos animaron (primero ellos y después en el campo base el guarda del parque y otras expediciones), a que presentáramos y registráramos en la oficina del parque Aconcagua, la variante por donde habíamos ascendido, ya que nunca nadie lo había intentado por allí, y todos ellos en un documento nos plasmaron, legitimaron y firmaron como testigos para certificar nuestra ¿gesta?.
Nosotros ni conocíamos este protocolo.
La verdad es que esa divulgación y registro, fue una sorpresa, pues por nosotros mismos jamás la hubiéramos realizado.
Por tanto, de esa accidental manera , inesperada e imprevista, pasamos a ser los titulares de una variante “Altoaragonesa” (es el nombre que le pusimos), en la cara Este del Aconcagua.

La casualidad casi siempre nos da lo que nunca se nos hubiera ocurrido exigir.

“La Variante Altoaragonésa”: Escalada en 1995, una serie de corredores que salen del glaciar de lo Polacos, con una inclinación de 75° y pasos de IV+; y tras un largo flanqueo a los 6.500 mts se une de nuevo con la Directa del glaciar de los Polacos".


http://es.wikipedia.org/wiki/Aconcagua.

http://www.aconcaguaexpeditions.com/espaniol/3/las33variantes.htm

http://www.taringa.net/posts/info/7754518/El-Aconcagua__info_immagenes_.html

http://himalayistas.com/enciclopedia/index.php/Aconcagua

http://www.jovenaventurero.mendoza.edu.ar/aconc_expedic.htm

 

miércoles, 10 de junio de 2015

CORRER SENTIR (PARTE 2)



Muchos dicen, reconocen, que necesitan de objetivos (carreras) para salir a correr; y lo respeto; somos libres de realizar lo que queramos como nos venga en gana.
Al fin y al cabo, la mitad del mundo no entiende los pasatiempos de la otra mitad.
Pero considero que si precisas esos propósitos para obligarte a salir a trotar, realmente, “no te gusta hacerlo”.
El bum del correr y la creación de nuevas carreras continúa: Medias, maratones de asfalto, de montaña, Trails, Ultra Trails, carreras del Agua, Solidarias, contra el Cáncer o VIH, nocturnas, 10 Ks, km verticales, con lucetas, con polvos de colores, con obstáculos, en ropa interior y hasta en túneles. La oferta es tan amplia que agota solo mirarla.
Estoy seguro que por vetusto o forzado, en algún momento este bum terminará. Y muchas de estas carreras morirán.
En una especie de ansia, la gente que comienza a correr, en poco espacio de tiempo se lanzan a participar en medias maratones, maratones o ultras. 
Pero posteriormente much@s, cuando hayan realizado su colección de carreras o postrada su lista de mejores marcas, a no ser que sean buen@s y ese afán de distinción y “aplausos”, dilaten su “afición”, terminarán hastiados o “lesionados”, y lo dejaran.
Por eso insisto;  no hay que correr siempre asociándose con un reto, sino que hay que aprender a correr por simple placer; sin metas ni objetivos.
Disfrutando de ese tu tiempo, de la naturaleza, o de la compañía de amigos o familia.
Independientemente de tus orígenes u motivos iniciales (todos son válidos), el objetivo final debe ser aprender a correr por gusto o terminaras dejándolo.
Placer significa “satisfacción”; sensación agradable producida por la realización de algo que te complace.
Y correr debería ser eso, porque generalmente quien corre no lo hace por obligación, sino porque desea hacerlo. Cosa que dudo algunas veces cuando miro las caras de algunos corredores con los que me cruzo.
Unos científicos alemanes demostraron científicamente que después de correr tienes altos niveles de endorfinas.
Las endorfinas son como las moléculas de la felicidad; son las que permiten a las personas disfrutar de la vida, sentirse deleitados por muchas cosas y resurgir de por ejemplo una crisis personal sin heridas emocionales.
Si piensa en algo que verdaderamente te hace feliz, y ese pensamiento hace asomar una sonrisa en tu cara, eso son las endorfinas.
De hecho, si desposeyéramos a una persona de endorfinas, no sentiría placer por nada.
Según ese estudio, trabajar a alta intensidad genera en el cuerpo mayor liberación de endorfinas y por lo tanto, mayor sensación de felicidad tras él. Asimismo, demuestra que la liberación de endorfinas es directamente proporcional al nivel de ese esfuerzo y a la duración del mismo, por lo que, si bien podemos sentirnos mejor tras un ejercicio intenso y de corta duración, también si el esfuerzo es de duración prolongada e intensidad moderada.
Por eso, un ejercicio de alta intensidad o de larga duración como correr, que incrementa la concentración de ácido láctico en el cuerpo provoca una mejor sensación tras el esfuerzo, consecuencia de esa mayor producción de hormonas de la felicidad.
Esto prueba que correr y placer ya están relacionados en su desenlace.
Medio camino hecho si, pero yo hablo también del placer durante.
Porque si la practica te supone un martirio, aunque el desenlace sea ese subidón químico de endorfinas, el fin quizás no te  justifique el medio... 
Sin embargo, si alcanzas ese objetivo de correr disfrutando de hacerlo, ese factor intrínseco de las endorfinas, hará que aumente ese placer a la enésima potencia. Y esto se consigue.
Pero repito; Pregúntate: “¿Te es difícil o poco probable correr sin objetivos ni propósito?”... quizás no te gusta correr realmente.
Ahí queda esa pregunta.
Como decía Oscar Wilde: “Los placeres sencillos son el último refugio de los hombres complicados.

miércoles, 3 de junio de 2015

CORRER SENTIR


Cuando se comienzan a dar los primeros pasos, ya sea andando, corriendo o incluso en bici.
Cuando con perseverancia se va notando poco a poco esa necesidad día a día de volver a repetir ese instante, de recorrer la misma o mas distancia, y de encontrarse consigo mismo en esa especie de rincón único, donde sentirte en cierta manera excepcional; En ese momento, uno es corredor, montañero o ciclista; no importan la marcas. Se es y ya está ..... Son o somos muchas las personas que notan un cambio personal e inconsciente en su forma de ver y afrontar la vida cuando emprenden una perseverante práctica deportiva encontrando un rincón de abstracción que optimiza nuestra perspectiva de las cosas, consiguiendo esa especie de redención manifiesta, que como consecuencia de una práctica continua, prevalece mas allá de ese concreto instante y te dibuja una sonrisa el resto del día. Correr tiene su propia filosofía y cada uno la adapta a sus costumbre y forma de vivir, tanto ideológica como socialmente.
Me asombra ver como en concreto esta actividad deportiva ha sumado adeptos estos últimos años, pues no hace mucho era extraño ver alguna que otra persona trotando por las calles o caminos y hasta te daba vergüenza hacerlo.
El deporte se ha convertido en una nueva forma de vivir y entender las facetas cotidianas, e incluso de pronto, entran en juego muchos aspectos que son transformados de alguna manera por tu actividad: Desde la alimentación, el sueño, los hábitos de salud, e incluso la actitud de pelea ante los problemas cotidianos.
Es entonces cuando correr, escalar, andar, ir en bici..., pasa a convertirse en algo imprescindible en tu vida, de tal forma que la ausencia de estas rutinas, dejan un vacío tal que puede llegar a afectarte el carácter de forma puntual.
La obsesión es el único riesgo y la amenaza real.
Hay que tener muy claros los beneficios, pero también las prioridades; cada cual las suyas. No te obsesiones.
Los deportistas aficionados, los que desarrollamos la actividad deportiva como medio para encontrar ese punto de equilibrio mental y corporal, debemos intentar aprovechar esta situación para descubrir y ahondar en nuestras limitaciones y en nuestras facultades, pero siempre disfrutando el momento.
Señalar la carrera de fondo o estos deportes como el origen de una filosofía, seria, quizá demasiado presuntuoso.
Pero si entendemos esta idea aplicada a una forma de vida, si toma sentido.
Se habla de la soledad del corredor de fondo como algo mítico, sin embargo dicha soledad existe, y es un estado donde uno se encuentra a solas con sus pensamientos, una especie de paraíso que nos hace ser uno con el entorno. Ese estado solo puede alcanzarse cuando se llega al goce por correr, y los kilómetros dejan de ser los enemigos.
Correr sin propósito, descubriendo caminos nuevos naturales, o íntimos y personales, persiguiendo en ocasiones, una acogedora soledad.
Personalmente en muchas ocasiones me he sentido acogedoramente solo, corriendo.