miércoles, 17 de octubre de 2012

HACE UN AÑO....MI JUNGLE MARATHON (Capítulo 3)

Según pensamos, así somos; según sentimos, así obramos. Nuestros pensamientos con el tiempo varían, nuestros sentimientos se arraigan.
He despertado relativamente bien, pues el cansancio acumulado por no haber dormido bien la noche anterior ha hecho efecto; bueno eso, y la valeriana que como es costumbre en mi, me he tomado para secundarme en conciliar el sueño.
Aun no ha amanecido, y ya hay una resuelta y etérea palpitación en el campamento; y eso que aún faltan dos horas para dar la salida de la primera etapa.
Puedo distinguir las sombreadas siluetas de algunos que a esta hora tan temprana ya ha plegado su hamaca, e incluso están adaptando la mochila a la espalda.
La experiencia de estos años, creo que me ha hecho una persona mas templada y serena en estas situaciones; porque una persona serena no se presta a inútiles contiendas; se reserva. Y está recientemente adquirida mirada vigilante pero sosegada, no me deja ser arrastrado por ese "reflujo". Así que me acurruco en la hamaca, cierro los ojos y espero meditando, soñando con la carrera y conjeturando sobre la gente que desde casa estará también imaginando y apoyándome el día de hoy. Llevo más de cinco meses de sacrificios y voluntades aguardando este día. Ahora ya no hay prisa.
Por una parte, ese equilibrio o serenidad es bueno; no tienes por qué imponer tus ideas, no ansias que los demás comulguen con tus opiniones o iniciativas, ni quieres adoctrinar a nadie con tus apreciaciones. Por otra parte, la mala, es que pierdes un poco ese fulgor; ese celebrado nerviosismo que es avivado por algo insólito que está por suceder. "Quizás ya no sea tan insólito o extraordinario". Es lo malo de acumular experiencia en algo. Acaso yo no soy ya la misma persona que hace unos años cuando me lancé a interpretar estos insólitos episodios de mi vida, ni la circunstancias son ya para mi tan sorprendentes.
Observo que Julen también se lo ha tomado con calma y está acurrucado en su hamaca. Otro hombre tranquilo.
Las siete. Habrá que ponerse definitivamente en marcha; desmontar el campamento, desayunar y prepararse para la primera etapa. Hoy por primera vez nos internaremos en la selva. "Que ganas tengo". Desayuno de nuevo un liofilizado de muesli (tengo uno para cada día) y una vez recogido todo, nos equipamos perfectamente uniformados y con la ropa aún limpia. "habrá que verla dentro de unos días masticada de agua polvo y sudor".
La ropa es muy similar a la que utilicé en la maratón de Sables. Camiseta, pantalón corto, y gorra (sin faldón trasero) de Trangoworld; Lo de la gorra sin faldón trasero, lo discurrí al imaginar que cuando me halle estrechado por la espesura y el eclipse de la jungla, para tener buena visibilidad en todas direcciones, creo que deberé ponerme la gorra con la visera hacia atrás, con lo que si lleva faldón, no es de recibo; le tendría que realizar unos orificios para poder ver, y parecería un Nazareno rapero....
En el lateral de la gorra, hemos grabado el logotipo de "Chaca Sport", tienda de deportes que me ayuda y esponsoriza, y que de nuevo significa (ya que me a ayudado en todos mis proyectos) el recuerdo diario de Olga, su propietaria; una gran amiga desde la infancia a la que aprecio mucho.
En la camiseta los logos de mi club, Montañeros de Aragón Barbastro; Diputación de Huesca y la Comarca del Somontano, como agradecimiento a la ayuda recibida por todos ellos para este insólito proyecto.
En los pies, en lugar de las pequeñas polainas o guetres que usaba en el desierto para evitar la entrada de arena en las zapatillas, aquí me he decidido por unas algo mas voluminosas espinilleras Raidlight hasta debajo de la rodilla, que presiento irán bien para evitar golpes o arañazos en esa parte de la pierna, y además, al ir lazadas igualmente con los cordones de las zapatillas, imposibilitarán que en algún cenagal pierdas alguna de ellas ahogada en el barro. Estas espinilleras, están concebidas como protección tibial para carreras de orientación, o para correr campo a través en zonas muy técnicas o con mucha vegetación. Así que considero que aquí, en este entorno, irán muy bien.
Me he puesto unos guantes ligeros de ciclismo, para poder agarrarme o apoyarme en trocos, ramas o plantas con menos riesgo de clavarme alguna astilla o pincho en las manos. Como zapatillas, he elegido las mismas que utilicé en Sables, la Mizuno Ascend. Son zapatillas de montañas flexibles y ligeras, que disponen de un buen agarre y de una excelente estabilidad.
Nos dirigimos a la playa. Faltan quince minutos y los nervios ya se acarician en el escenario, y se aprecian en el gesto de todos. Rectificaciones y reajustes de todos los amarres de la mochila, bidones bien llenos; la barritas y geles que preveo usar hoy a mano en los bolsillos laterales accesibles de la mochila, y las pastillas de sal para tomar. Corriendo largas distancias, si sudamos perdemos sodio, y si encima estamos bebiendo agua en exceso debido a un gran calor y abundancia de humedad como es el caso, el poco sodio que queda en el cuerpo aún se diluye más. Esto puede provocar desde náuseas, vómitos o calambres, a síntomas aún más graves. La solución, tomar pastillas cada cierto intervalo de tiempo (1-2 gramos de sal por hora).
Estamos con Julen en la playa deambulando como dos sosegados nómadas. Asida a dos palos clavados en la arena, han colocada la pancarta de salida "Largada" en portugués. Que ilusión. Fotos y más fotos por parte de todos debajo de la pancarta. - "Ahora si que si", le digo a Julen.
Mi ánimo y determinación es agarrarme a la carrera, como siempre, como una vivencia personal y sin ningún ánimo de competitividad.
-¡Se me olvidó!: Crema antimosquitos en cara, brazos y piernas. Nunca se sabe. Así que saco el spray que llevo también a mano, y me lo aplico con avidez.
Cinco minutos. Comienza un breve protocolo dirigido por Shirley que parlamenta de nuevo como una experta diplomática:
Primera etapa; 21.56 Km. desde el poblado de Prainha donde nos encontramos, al poblado de Pini. "Una media maratón por la selva para comenzar". De nuevo nos subraya, que en la parte pantanosa que atravesaremos durante la etapa, ayer avistaron una enorme anaconda...
Me dirijo a Julen y a los que tengo alrededor deseándoles buena suerte con un apretón de manos y una gran sonrisa.
Esta vez no advierto el característico cosquilleo en mi estomago.
Recuerdo en Sables o en la Yukón ese cosquilleo que salía de mis pies, y se convertía en un escalofrió que como un relámpago surcaba mi cuerpo y mi corazón, e incluso lograba asomar al borde de mis ojos con etéreas lagrimas. Aquí no está sucediendo.
Estoy calmado, templado y con ganas ya de comenzar.
Efectúo el ejercicio mental de juntar en mi cabeza a todas aquellas personas a las que quiero en este instante.
¡Diez!, ¡nueve!, ¡ocho!, ¡siete!. Shirley nos jalea con los brazos para que entonemos la cuanta atrás con ella.¡tres!, ¡dos!, ¡uno!..... Gooo!!!!
¡VAMOOOOS!...La gente sale rápida, y en un principio, me dejo llevar por la euforia general. Creo que demasiado. Así que al poco, recapacito, freno, e intento trotar despacio y procurando coger ritmo de piernas y de "mochila"; ritmo que inmediatamente se turba porque el sendero se empina enormemente, y nos obliga a ponernos en fila de a uno.
Me insto a confinar como siempre en mi cabeza, a hacer mi carrera, y observar escrupulosamente mis alteraciones o reflejos para descubrir nuevos factores, carencias o desequilibrios. Aprender sobre la marcha los dos primeros días de áspera adaptación.
Persistentemente, he observado que los dos primeros días son los mas duros por la adaptación del cuerpo a todo; a partir del tercero, si todo va bien, ya estás adaptado, y solo dependeré de mis fuerzas y mi preparación.
Observo gente muy enardecida alrededor, pero intento mantenerme frío tras Julen que también parece calmado.
Termina la cuesta, y como si fuéramos análogos, nos espoleamos cuesta abajo por la espesura de un bosque que te obliga a ir muy atento a la pisada. Ramas, troncos, raíces, hojas u hoyos causados por las raíces extirpadas al aire al extremo de árboles derrumbados. Jaume Tolosa, me había advertido del peligro de estos agujeros cuando están ocultos y cubiertos de hojas secas, y la posibilidad de quebrarte un tobillo, o caer rodando al pisar malamente en estas adustas trampas naturales. Verdaderamente, si no estas concentrado, aquí, en este suelo, todo puede producirte una torcedura de tobillo.
El CP-1 está a 4.89 Km., en un lugar llamado Igarapé, así que por lentos que podamos ir, en menos de una hora deberíamos estar cerca de el lugar.
Aún se percibe el grupo. Gente por delante, unos cinco, y gente que escucho jadear detrás de mí.
Vista abajo refrendando la pisada en el lugar correcto, vista arriba ratificando que el camino también es el correcto observando de reojo alguna cinta de marcaje.
¡¡¡Mierda!!!... Primer traspiés o enganchón en lo que parece una pequeña raíz o liana, que al hallarse a pocos centímetros del suelo, y oculta por la vegetación, permanece disimulada a la vista, pero no a que mi pie se introduzca en ella, como un conejo en un lazo de presa. El tropezón me arroja hacia delante de cabeza, pero mis piernas reaccionan aguantando la sobrecarga junto a mis brazos que gesticulando como dos enormes hélices, y consiguen rehacer la verticalidad a base de fuerza bruta. Está claro que si las piernas pierden esta fuerza del primer día, me iré de bruces al suelo o frenaré empotrado contra cualquier tronco. Julen al escuchar mi estrepitosa maniobra se gira y me pregunta: - "¿Estas bien?"; -"Si", le replico todavía reequilibrando el gesto y la concentración.
Que susto, la primera en la frente. Habrá que andar muy... mas concentrado.
Nunca fue tan cierto eso de que los árboles no te dejan ver el bosque. A ras de suelo, la vista apenas te alcanza diez o doce metros. Más allá, una indescifrable intersección de plantas, grandes hojas, brotes y árboles, fraguando un impresionante mutismo atestado de ruidos y movimientos. Un sofocante calor y una profunda humedad, que hace que ya te sientas como si hubieras cruzado un río, sumados a la angustia del sofoco.
Estamos en plena selva del Amazonas, y se siente el poderío de una agonía pertinaz, pero también de una eufórica vida.
No tengo que descuidarme en la hidratación, e incluso con Julen nos recordamos el hacerlo: - "¿Has bebido?" Nos indicamos de vez en cuando el uno al otro.
Es un espectáculo como estas altas temperaturas y humedad favorecen el desarrollo de una vegetación tan tupida y exuberante; tan tan verde. Llevamos tan solo unos kilómetros, pero el título de "el pulmón del planeta" que ostenta la Amazonia, ya me he dado cuenta que no es metafórico.
Emergemos de la vegetación en una pista polvorienta a pleno sol; sol que te hace arrugar la expresión y los ojos, deslumbrados por la andanada de su luz; en seguida giras la gorra, y colocas la visera hacia delante para proteger tus ojos bajo su sombra.
El marchar por esta pista, nos permite avanzar en paralelo con Julen y así poder charlar. El grupo ya se ha estirado, pero detrás nuestro viene arrimado Bobby Murdoch, un Escocés que parece haber encontrado junto a nosotros su ritmo natural y no transige en su obstinación de marchar pegado.
A lo lejos, en una inflexión de la pista se avista el CP-1 y los voluntarios con sus camisetas naranjas que nos jalean y aplauden hasta que llegamos a su lado. Es una liviana y vacía cabaña hecha de madera y parapetos de hojas palma, con un porche cubierto donde hay unas mesas con las garrafas de agua de 25 lts.
Nos registran en unas hojas, anotando nuestra hora de llegada. Con la ayuda de jarras nos rellenan los bidones, mientras los médicos nos preguntan si nos encontramos bien. Me bebo un bidón entero de trago, y se lo cedo para que me lo cargue de nuevo. En el suelo, hay una palangana con agua y otra jarra; Nos subrayan que no es para beber, sino para que si quieres, inclinándote como si fueras a hacer una reverencia rindas tu cabeza, y ellos te derraman agua por la nuca con la jarra para refrescarte. ¿Por qué no? Me encorvo sobre la palangana, quitándome la gorra y ofreciendo mi nuca, e indico con un gesto que me refresquen la nuca con agua. ¡¡¡UUUUAAAAAA!!! ¡¡¡Que gusto!!!
Hemos de aguardar diez minutos cronometrados en cada control durante las dos primeras etapas. Esta norma la establecieron el pasado año, debido a que en años anteriores durante las dos primeras etapas, muchos sufrían síncopes por falta de hidratación y de aclimatación, e incluso, guiados por el exceso de entusiasmo y la falta de sensatez terminaban hospitalizados, con lo que decidieron hacer estas pausas obligatorias de diez minutos para todos los corredores, y de este modo asegurarse que todo el mundo aclimata correctamente. Vamos, "precaución por huevos".
Cuando hemos llegado estaban dando la salida a el primer corredor, el Brasileño Orlando.
Orlando es corredor local, y ya ha participado en otras ediciones. Los corredores locales participan en una categoría separada, también debido a que en otras ediciones, competidores forasteros habían impugnado la clasificación por haber descubierto a algún corredor autóctono haciendo valer su ventaja de local, y su conocimiento del terreno, cercenando el recorrido por atajos y sendas sin marcar. En algunos casos, alguno era adelantado mas de una vez en la misma etapa por uno de estos corredores, con el consiguiente mosqueo...
Llevamos cinco minutos, y dan la salida a otros cuatro: Tres brasileños (no locales) y un escocés. Los próximos somos nosotros tres.
Falta un minuto y nos instan a prepararnos. Mientras tanto, han llegado cuatro corredores más, que tendrán que esperar turno para continuar.
¡Ya! Salimos entre aplausos hacia el CP-2 a tan solo 2.6 kilómetros internándonos de nuevo en una espesa selva. El que esté tan cerca en distancia no augura nada bueno...
No puede verse el sol; sólo su luz que se filtra por el denso follaje. Concentración, hidratación, alimentación. Pautas que no hay que abandonar. Hemos perdido a nuestro escolta Escocés, o se a dejado caer un poco detrás nuestro. Marchamos solos y concentrados con Julen, efectuándonos permanentemente relevos, bien sea por lapso de tiempo, o bien motivado por alguna circunstancial pérdida del que va en cabeza siguiendo las marcas, ya que el que va detrás mas sosegado, inmediatamente repara en el error o la perdida, y corrige la trayectoria advirtiendo con un grito al precedente y colocándose inmediatamente en cabeza.
La verdad es que parecemos un equipo perfectamente coordinado y entrenado sucediéndonos al frente a la perfección; con armonía diría yo.
Al pasar por un riachuelo tenemos que sortear y pisar la superficie de algunas piedras que asoman. Saltar y saltar, como un juego rápido de niños. Al final, llevábamos las zapatillas empapadas. Cuando pierdes el equilibrio, intentas agarrarte a la rama más cercana, y si te agarras a una de esas que llaman "hojas de cuchillos," sentirás que te escuece la mano por los cortes obtenidos.
También puede que al sacudir las ramas, muevas y hagas caer sobre ti a unas pequeñas hormigas llamadas "chispitas" muy urticantes.
Sin mayores complicaciones llegamos al CP-2 que está apostado en la tangente de una arcillosa senda pegada a un riachuelo. Allí están esperando los cinco primeros, y esta vez Orlando aun le faltan unos minutos para partir. Eso significa, aunque no me importe, que les hemos comido terreno. Hay instalada una cuerda a media altura sobre el riachuelo que certifica que nuestro camino prosigue atravesándolo. Será el primer remojón de la carrera.
En cuanto cumplen sus diez minutos de descanso, van partiendo los que nos anteceden. Unos saltando teatralmente al riachuelo, otros deslizándose con precaución; unos empleando la cuerda, otros sin usarla.
Como bien sabemos los "barranquistas" y los "prudentes", la osadía de saltar a la brava te expone inútilmente a alguna torcedura que de al traste con todas tus aspiraciones el primer día; así que cuando nos toca el turno, atravesamos el afluente con mesura y cautela, asiéndonos a la cuerda para avanzar mas fácilmente frente al impedimento de progresar con el agua a la altura del pecho.
Pasado el recodo que nos impedía ver los árboles, penetramos en una fangosa ciénaga. Agua de color ambiguo enmarañadas raíces, e imagino que por el fondo la famosa anaconda... Es muy dificultoso avanzar, pero no dura mucho y finalmente nos encaramamos por un talud de tierra donde nos incorporamos nuevamente a la espesa jungla.
Nos lanzamos por una densa arboleda llena de hojarasca y troncos, que debemos superar de diferentes e improvisadas formas y maneras: saltando con prudencia los que son pequeños; apoyando un pie sobre los grades para impulsarte; o los muy grandes amparándote en una mano para rendirlos.
Impulsándome con fuerza, me subo de un atlético salto en un tronco atravesado bastante grande, y al bajar al otro lado, el terreno irregular hace que mi pie ceda estribándolo de mala manera, y me tuerza el tobillo de forma aparatosa. ¡Que dolor!. No puedo evitar lanzar un lamento que alerta a Julen, al mismo tiempo que hundo la rodilla en tierra llevándome de forma intuitiva la mano al tobillo accidentado.
No es la primera vez en mi vida que me tuerzo un tobillo, y por eso mismo mi incipiente sospecha por la sacudida es agorera. Caer malamente desde un metro de altura sobre un tobillo arqueado, con todo mi peso y además preñado con unos quince kilos de mas en mi mochila, no presagian nada bueno. Será un milagro que no haya tenido consecuencias este traspiés. Julen me pregunta y yo le respondo: - "Creo que me he torcido un tobillo".
En un primer momento, con avidez palpo la zona batida suponiendo encontrarme ya con ese bulto o inflamación que súbitamente asoma cuando te produces una seria torcedura, pero perceptiblemente parece no notarse. Me incorporo rápidamente y le reseño a Julen que continué que yo lo sigo como pueda.
Pienso ¡Que susto!; parece que se ha quedado en eso, en un susto. En adelante tendré que tener muchísimo cuidado, y hoy, si finalmente se queda en un mero sobresalto, darme pomada anti inflamatoria y un buen masaje en la zona que como poco habrá quedado algo dañada.
Atravesando zonas de tupida vegetación y terreno tortuoso pero precioso que varia a cada metro, acabamos en un sendero donde se encuentra el CP-3 en un margen. Allí están apostados los que nos preceden, y por el tiempo de espera que les queda, hemos rebajado la distancia respecto a ellos, al igual que la hemos aumentado respecto a nuestro mas inmediato seguidor que tarda en llegar muchos minutos. 
Así que después de nuestra espera de diez minutos, y tras el susto de mi tobillo, reanudamos la marcha por una pendiente agreste y exuberante de suelo arcilloso. Bosques, florestas de grandes y verdes hojas, troncos desfigurados de enorme diámetro, lianas y hiedras confundidas entre si, sendas e improvisaciones e intuición, hacen que los kilómetros sean entretenidos y que no pierdas la concentración ni un segundo.
Descendemos un tupido repecho, topándonos con una desmedida pendiente en la que incluso debemos agarrarnos a trocos y bambúes para progresar hacia arriba. Allí hallamos y sobrepasamos a dos de los brasileños que nos precedían mientras nos miran con gesto sumiso y nos animan mientras bufan como dos cabestros. Esta claro que ascendiendo somos más eficientes que ellos. Julen mucho más; me cuesta seguirle cuando el terreno se empina.
Después, una pronunciada bajada por un sendero, casi terraplén frontal de arena emancipada que se escurre bajo tus pies haciéndote resbalar y obligándote a aferrarte fuertemente a cualquier tronco a mano para no caer. Agradeces llegar al fondo de esta especie de barranco conquistado por bambúes y malezas, en el que parece no haber camino posible.
El camino está indicado con las cintas, y visiblemente rasgado entre la maleza a golpe de machete. Este tramo emana un fuerte hedor a cadáver; seguramente, comentamos con Julen, hay próximo algún animal putrefacto(eso espero...), pero ni lo vemos, ni hacemos el gesto de quererlo ver, a no ser que aparezca en medio de nuestro curso.
Proseguimos turnándonos por este tortuoso terreno, y paulatinamente la espesura se torna más lánguida, e incluso comienza a dibujar una senda bien marcada, y junto a la senda asoman algunos cercados de alambre y leños, indicio claro de "civilización".
Parece que nos dirigimos ya hacia la línea de meta en el poblado de Pini.
Las piernas ya penan por el castigo, el calor y la humedad, y el cansancio se deja notar. Dulcemente la senda evoluciona a térrea pista, y aparecen algunas casas de madera disgregadas donde algunos lugareños nos animan. Apenas unas cabañas aisladas aquí y allá. Algunas parecen pequeños colmados o mini tabernas que incluso tienen un billar americano en el exterior, en medio de la era. En sus puertas hay motos pero ningún vehículo de cuatro ruedas.
Un desvío mas, y en una inflexión del camino, surge un gran páramo de hierba enjuta y parda, y al fondo del mismo, tocante a unos árboles, la pancarta de llegada, algunos vehículos y voluntarios que nos aclaman.
Estimulados por la ilusión, nos ponemos a la par con Julen y nos sonreímos. Ya tenemos la primera etapa en el bolsillo, y además bien y a buen ritmo. ¡Estoy cansado y contento! ¡Han sido tantas emociones!.
Allí está Shirley, que nos aclama y exclama que llegamos tercero y cuarto de la etapa; que mas da, pienso, y le pido que con mi cámara nos haga una foto a los dos abrazados bajo la pancarta de llegada.
Me percato que toma la cámara al revés, y que no la vuelve hacia nosotros, así que en la primera foto se hace un bonito primer plano de su propia cara con el consiguiente cachondeo de los que allí estamos. A la segunda nos retrata bien, contentos, y yo con un dedo levantado como signo de haber conseguido la primera etapa.
Nos dirigimos mas adentro, hacia el campamento que está instalado en estos mismos árboles. Un lugar perfecto para atar las hamacas. Lo bueno de llegar antes, es que puedes escoger donde hacerlo... Contiguas un par de casonas de madera, donde imaginarias viviendo a Tom Sawyer y Huckleberry Finn, y un poco mas abajo un meandro del rió nos contempla. Una vez montada la hamaca comer y descansar, mientras van llegando el resto de compañeros con cuentagotas.
Durante estos ratos, a uno le da por suspirar y ponerse melancólico, sin saber muy bien el porqué. Uno se vuelve pensativo y solitario; En mi caso, tras una ducha en una garita de madera junto a una casa (que lujo) me gusta pasear y visitar algún rincón solitario. Todo parece tan lejano, quieto y solemne. A uno le gustaría convertirse en vagabundo y recorrer estos países donde todo es misterioso y novelesco. Como eso no se puede hacer, uno se contenta con bastante menos...
En una sola jornada, hemos experimentado que la selva es un mundo difícil de describir, y aunque evidentemente la experiencia de cada persona será diferente y única, por más que he leído sobre la selva amazónica, nunca pude imaginar esa continua sorpresa de todo lo que ves a cada instante. Será fantástico lo que está por llegar. Cuentan que "Es un paraíso que Dios dejó olvidado en la tierra en vez de subirlo al cielo"
Empiezo a dormitar en mi hamaca.. Al calorcito de mi familia. Me reconforta refugiarme pensando en los míos.
Esta noche dormiré mejor, bueno, quiero decir algo. Hay personas que se pasa la vida haciendo cosas que detestan para conseguir algún dinero que no necesitan y comprar cosas que no desean, tan solo para impresionar a gente que odian. Que diferente se ve todo desde aquí acurrucado en una hamaca en medio del Amazonas.

6 comentarios:

  1. Por fin!! La espera ha merecido la pena.extraordinario relato como siempre

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    1. Gracias por tu fidelidad Angel!! Un fuerte abrazo

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  2. Aguas de color ambiguo... olor a cadáver... dan ganas de apuntarse jajaja ni de coña. Venga Javi tu puedes... pudiste con esa jungla y podras terminar la crónica (un año de estos). Saludos.

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    1. Lo intentaré Paco... Pero, un año de estos. Ahora mi tiempo para escribir ya no es el mismo...
      Un abrazo

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  3. Extraordinario relato. Tienes una memoria privilegiada. He cerrado los ojos y he vuelto a la selva, me emociono y la echo en falta. En el Amazonas viví una experiencia deportiva, pero sobre todo vital fantástica, enriquecedora. Algún día, lo presiento, volveremos a juntarnos para realizar otra aventura, si Dios quiere, (o si tú lo deseas, claro).Un fuerte abrazo amigo.

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    1. Yo tambien la echoe en falta. La selva y la compañia que encontré en ella. Yo tambien presiento que volveremos a juntarnos.

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