jueves, 9 de febrero de 2017

AFICIÓN Y/O VOCACIÓN



Cuando era pequeño, mi tía Esther (hermana de mi padre y maestra) me decía: - “Tú de mayor tienes que ser maestro”.
No lo entendía. Es más, me parecía que se equivocaba.
Pero años después, cuando me convertí en monitor de escalada, alpinismo, barranquismo, y me encantaba enseñar todo aquello que a mí me apasionaba, y me entusiasmaba guiar y motivar, (aún me gusta), recordaba aquello que insinuaba mi tía.
Quizás se equivocaba en la temática de esa enseñanza, pero no en la vocación ni en la pasión por hacerlo.
Y no sé si es algo bueno o malo, pero sentía, aún siento, una plenitud a través de esa satisfacción de los demás, que muchas veces me es difícil de hallar por mí mismo.
¿Seria eso a lo que se refería?. ¿Eso se llama afición o vocación?
He vuelto a pensar en esto, porque este pasado sábado regresé al rocódromo con mi hija y otros niños.
Un rocódromo, que aunque se ha quedado obsoleto respecto a las espectaculares instalaciones que han ido obrando años después en otros lugares, le tengo mucho cariño, y cada vez que lo piso me trae muchísimos recuerdos. Puesto que incluso junto con Pepe Chaverri y Alfredo ayudé a su construcción. Posteriormente, fueron unos diez años como mantenimiento y monitor dando cursillos allí.
Y el pasado sábado, de nuevo sentí ese placer que me produce ayudar (esta vez a esos niñ@s) a vencer sus miedos y  a disfrutar.
Y recordé que quizás esa semilla (afición o vocación), se conforma de nacimiento, y mi tía de alguna forma la intuía o podía verla.
Pero quien la vivificó, y la hizo desarrollarse en esa temática determinada, fue Pepe Chaverri. Pepe me lo dilucidó sin él darse ni cuenta.
Él me hizo comprender, que un verdadero soñador no es un tonto que mira el cielo dejando pasar las horas. Que un verdadero soñador o soñadora, nunca esta inmóvil; Y por eso es valorado, respetado o incluso temido.
Y han pasado ya casi diecisiete años desde aquel fatídico 21 de Junio del año 2000, cuando Pepe Chaverri perdió la vida en los Alpes franceses.
Un día triste que jamás olvidaré. Pero sigo teniéndolo muy presente.
Recuerdo muy bien ese dia; como tantas veces hicimos juntos, yo me encontraba guiando un grupo por el barranco del Mascún, cuando al finalizar, una llamada de José Masgrau me zapateó el alma.
Había conocido a Pepe el año 1984, y nuestra mutua afición por la montaña en general y por la Sierra de Guara en particular nos unió.
Esta amistad se estrechó conduciendo los primeros grupos guiados (casi a fuerza de obstinación y persuasión) por los cañones de la Sierra de Guara junto con Alfredo Vives en aquellos años pioneros.
Él me sedujo como amigo e instructor, enseñándome sus meditadas técnicas e improvisadas tácticas, pero sobre todo su singular, preventiva y eficaz personalidad a la hora de conducir y cuidar de un grupo.
Y me aporto conocimientos que por aquel entonces ni siquiera sabia que existían. Pero más importante, me contagió su serenidad, su paciencia, su alegría de vivir y sus ganas de perseguir sus sueños.
Sin quererlo obró para que mi imaginación volara hacia lugares desconocidos. Desde mi punto de vista, su mayor virtud era que no temía la osadía de sus sueños, y parecía creer, que cuanto más audaz era una idea, memos remordimientos había que abrigar durante su conquista.
A lo largo de la vida, tu familia o tus mejores amigos, influyen inevitablemente en tu carácter o educación; Pero otras, aparecen en momentos muy determinados, como si se sometieran a tu providencia, y sin tu ni ellos saberlo lo hacen en otros aspectos quizás más importantes como tu espíritu. Volviendo a esa emoción o disposición de compartir con los demás “tus conocimientos”, esa pasión nace, la abrigas durante años, crece,  mansamente se transforma en doctrina, y te convierte en un idealista que presupone que con algo tan sencillo como eso, compartir, enseñar o comunicar, te es posible ayudar a transformar vidas u orientarlas. Es como un relevo que recogiste, y tienes la deber y la necesidad de transmitirlo.
Aunque en el fondo no  sean mas que un conjunto de intereses, necesidades, aptitudes, ideales y circunstancias personales, que al fusionarse hacen que te sientas atraído hacia esa especie de “forma de vida”, porque te compensa, y te hace sentir bien.
Un buen maestro o instructor, no se define por la actividad o su demostrado nivel, sino por el sentido que le da a esa habilidad que alguien antes también le enseñó, y su forma de disponer esas acciones al servicio de otros, para que disfruten a su lado.
Enseñar es ayudar  a la gente haciéndola pensar por sí misma. Pareciendo temer con ellos de la mano, pero sin que se den cuenta.
Guiar, acompañar, contagiar, hacer que disfruten junto a ti, “contigo”.
Y no te define la actividad que realices, sino el sentido que le das a la misma.
Consciente que no sabe más la persona que tiene más mensajes, sino la que tiene uno y sabe trasmitirlo.
Enseñar y educar; saber leer entre líneas gestos, actitudes, rasgos físicos y emocionales para descubrir lo que necesitan en cada instante.
Afición o vocación. Que mas da.

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1 comentario:

  1. Javi, seguramente hubieras sido un buen maestro, porque tenías muy buenas cualidades...pero lo que sí que eres una gran persona, con una calidad humana probada en los grandes retos que te has propuesto y también en el día a día...Ser como tu eres es un privilegio para los que te conocemos y te queremos...como lo fue para tí conocer a Pepe y que formara parte de tu vida para siempre...Un abrazo fuerte Esther

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