domingo, 17 de mayo de 2026

XI Trail Sierra de la Carrodilla



Hay textos que no envejecen.

Solo esperan el momento adecuado para volver a releerlos, reescribirlos y a encontrarse con nosotros.

Este que hoy reescribo lo escribí en 2019, tras otra de mis participaciones en la Trail de Estadilla. Y ayer sábado, en mi (No sé cuánta participación.. siete u ocho) en esta carrera, mientras corria de nuevo por la Sierra de la Carrodilla, me di cuenta de que apenas tendría que cambiar nada. Casi podría transcribirlo punto por punto. Porque hay lugares, personas y carreras que por suerte no pasan: permanecen.

Siempre he pensado que los amigos son la familia que uno elige.

Y no pretendo hablar de amistad, que también. Pretendo hablar de CARRERAS. Así, con mayúsculas. De esas pocas capaces de crear un vínculo profundo con quien las corre. Un vínculo que no nace de la casualidad ni del marketing ni de la vacía espectacularidad, sino de algo mucho más difícil de construir: la verdad.

Porque igual que ocurre con los amigos de verdad, hay carreras que no aprietan, ni exigen fingir nada, ni duelen más de la cuenta. Carreras que simplemente te abrazan tal y como llegas. Para mí esta, la Trail de Estadilla siempre ha sido eso.

Un afecto compartido y desinteresado que se fortalece año tras año con el trato, la complicidad, las fugaces conversaciones en un avituallamiento, el ánimo sincero de quien apenas te conoce y la certeza de saber que allí todos remamos en la misma dirección.

Probablemente este texto nace también por asociación de ideas. Porque en Estadilla tengo muchos amigos. Algunos de esos que eliges y terminas llamando familia sin necesidad de decirlo demasiado. Y quizá por eso esta trail siempre me fascina.

Porque en pocas carreras la línea entre organización, voluntarios, corredores y público resulta tan fina que prácticamente desaparece. Aquí nadie parece ocupar un papel concreto durante demasiado tiempo. El que hoy anima mañana corre, el que ayer llevaba dorsal hoy hace de escoba o reparte agua, y todos entienden que lo importante nunca fue solamente llegar a meta.

La Trail de Estadilla me sigue sorprendiendo precisamente porque conserva intacta su esencia.

Aquella carrera familiar que hace años impulsó Fernando Latorre y que después han sabido cuidar y hacer crecer sus herederos, mantiene algo muy difícil de encontrar cuando las pruebas maduran: el alma. Y eso no sucede por accidente.

Sucede porque hay cariño detrás de cada detalle. Porque se mejora sin perder identidad. Porque se busca más la calidad humana que la cantidad de dorsales. Y porque quienes volvemos cada año sabemos perfectamente lo que esperamos encontrar allí: amistad, épica y verdadero afecto. Ayer volvió a pasar.

Volví a cruzarme con personas que, desde cualquier rincón de la carrera (corriendo, animando, fotografiando, avituallando o simplemente esperando en la plaza) consiguen que uno se reconozca un poco mejor a sí mismo.

Y no sé explicar muy bien cómo lo logra esta carrera, pero siempre termina dejándonos emociones limpias. De esas que duran más que las agujetas.

Quizá por eso me atrevo a decir que la Trail de Estadilla es para mi, de alguna manera, la carrera de la amistad.

Luego está la Sierra de la Carrodilla, claro. Su dureza. El calor (ayer menos) que ya forma parte inseparable de su identidad. Ese paisaje que obliga a conversar con uno mismo mientras las piernas negocian cada subida. Allí cada corredor vive su pequeña epopeya personal.

Da igual el ritmo, la posición o el objetivo. Todos terminamos librando alguna batalla íntima y todos, de un modo u otro, salimos fortalecidos.

Porque esta es una carrera para debutar, para disfrutar, para volver una y otra vez o para quedarse para siempre. Para correr solo o acompañado. Para competir o simplemente sentir.

Y quizá lo más bonito sea que da exactamente igual cómo llegues.

Da igual si eres de los primeros, de los últimos, si haces de escoba, de voluntario, de speaker o de acompañante. Siempre encuentras un sitio. Siempre puedes ser tú mismo, sin filtros ni artificios.

Eso también define a las grandes carreras. La confianza.

La certeza de saber que puedes confiar plenamente en quien organiza, en quien espera en un cruce bajo el sol o en la persona que corre a tu lado compartiendo silencio y calor.

Y cuando las cosas salen bien, lo celebran contigo. Pero cuando salen peor, también te sostienen. Y eso, en el fondo, es lo que verdaderamente importa. Porque la reciprocidad es eso: un vínculo compartido donde no hay intereses, solo ganas sinceras de compartir tiempo, esfuerzo y experiencias. Una carrera de amigos para amigos. Y por eso siempre vuelves.

Porque sabes que allí arriba, entre senderos, calor y polvo, hay algo que merece la pena reencontrar cada año.

La Trail de Estadilla es exigente, sí. Pero nunca te exige dejar de ser quien eres. Igual que hacen los amigos de verdad. Esos que eliges. Quienes habéis tenido la suerte de vivirla alguna vez (ayer o hace años) seguramente entenderéis lo que intento decir.

¡¡Larga vida a la Trail de Estadilla!!










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