Si la sonrisa de los niños es tan fascinante de ver, es quizás porque es un categórico argumento de la vida.
Todos hemos sido niños e incluso lo seguimos siendo en algunos instantes. Algún adulto se hipnotizó y contentó contemplando nuestra risa, o nuestro juego... y él, tambien fue niño.
Los niños , su proceso físico, mental y afectivo; el ver como sus registros se atiborran de energía, y su risa se convierte en una explosión de fuerza. Que regusto, y cuanto se aprende participando con ellos.
El pasado fin de semana, tras descender el Vero, proyecte hacer un mini descenso de barranco o iniciación, ayudado por Ornitopacorinco, con cuatro niños que iban desde los cuatro a los diez años, por el caos de la central de Alquezar, bajo la ruta de las pasarelas del río Vero.
He llevado muchos niños de siete en adelante a hacer barrancos, pero me apetecía (para el futuro) iniciar de alguna forma a niños de menos de seis.
El ensayo fue magnífico, y no será la última vez que lo organice, e incluso repasaré bien este caos para dibujar un recorrido lo mas divertido y seguro posible.
Los niños pequeños, el mayor problema que tienen en un barranco es el agotamiento por una larga caminata, y lo gélido de sus aguas, con lo que un pequeño caos como este de fácil aproximación, es perfecto para iniciarse y sobre todo para divertirse haciéndolo, pues al ser corto tampoco al frío le da tiempo a hacer mella en ellos (con neopreno claro).
Lo pasaron tan bien, que tras comer en Alquezar, querían ponerse el neopreno de nuevo y bajar al río a repetir y a jugar.
Observando, compartiendo, aprendes y te retrotrae a tu propia infancia.
Está claro que nuestro talento es limitado, pero nuestro corazón es inagotable.
Viéndolos disfrutar.... disfrutando con ellos, te das cuenta que es en la sencillez, y no en la complejidad, donde reside la razón, la lógica. Que sencillo es todo y que fácil divertirse y reír.
El otro día escuché por la radio a unos niños cantando: - ¡Ganamos!, ¡perdimos!, ¡igual nos divertimos!.... Ese es el espíritu que se revela desde un principio en un deporte en naturaleza y complicidad. Compinches, no rivales. No competitividad, si compañerismo. Ganar, perder, ¿qué mas da?
Lo que en correr sería: “Vivo corriendo y corro viviendo”. o en escalar: “Vivo escalando y escalo viviendo”... etc, etc.
El Caos de la central ha prescrito, a partir de ahora, para mi será “El Caos de los Infantes”.


