Ha sido mi notengoniput…idea del número de mis participaciones.
Llevo muchas. Las primeras cuando aún se subía a
Salas bajas.
Durante unos años era la única carrera en la que
participaba.
La he visto nacer, crecer, y desarrollarse. Y he
visto a mucha gente debutar en ella. Yo también lo hice en su día.
Algunos para iniciarse y continuar, otros como un insólito
reto.
En tiempos, cuando solo corría la gente que competía
y se organizaban muy pocas medias maratones, era una media puntera a nivel
nacional.
Con una participación similar a las cifras actuales.
Una participación que proporcionalmente a la gente
que entonces corríamos, era muy abultada.
Y fue creciendo hasta llegar en pleno Bum del runnig
a los mil participantes.
Actualmente, después de la súper expansión como
negocio de la organización de carreras, o “eventos deportivos” y tras ese Bum, es
una más de los cientos que se organizan a lo largo del año.
Y se ha estacionado en un alcance participativo corrientemente
local y de proximidad. Y en los tiempos que corren esto es normal.
O está organizada en una gran ciudad (Madrid,
Barcelona, Zaragoza), o es una carrera que se ha convertido ya en clásica (Behobia);
o tienes alguna particularidad diferenciadora que llame la atención de los
corredores populares respecto a las centenas de carreras que se lanzan (Carrera
de la mujer, Templar, …), o no esperes una altísima participación.
Porque estamos saturados.
Personalmente la he corrido motivado e incluso sin
motivar. Casi siempre en tiempos decentes para un corredor popular, subiendo al
podio local en alguna ocasión.
Pero he de admitir, que las veces que más me ha
significado y las que no olvido, son las que he acompañado a algún amigo.
Como este año:
Como escribí recientemente, hace no muchos meses,
contagiados por el excepcional ambiente de la carrera de la mujer, y
estimulados por alguna que otra caña, dos buenos amigos míos manifestaron: - “A
que no hay huevos de apuntarnos a la media maratón…”

Así que uno de ellos, como ya narré, me instó simplemente
a ayudarle. Quería correr.
Y comenzamos a entrenar “disfrutando” de breves trotes y
charlas de apenas diez minutos, que en unas semanas ya eran de media hora
despacito, sin sufrir (esto lo considero muy importante).
Tan solo unos meses después de haber comenzado su
andadura de correr, ya veía resultados.
Corría tranquilo y sin sufrir.
Así que intentando no presionar, simplemente acompañar,
contagiar y motivar, los fui estimulando, y se convencieron mutuamente que
podían hacerla; decidieron apuntarse a la media maratón como habían largado
bravucones aquel día en el Coso hará apenas siete meses.
El propósito era terminarla. No sufrirla.
Amigos,
cómplices, compañerismo y desafío. Que hermoso puzle de piezas únicas.
Muchas veces, intentar correr una media maratón nos
parece extraordinario, y por eso, nunca nos atrevemos a intentarlo. Pero
no lo es. Los que lo hacemos, no lo somos.
Lo más difícil de todo el proceso es solo eso: “decidirse”;
“atreverse a intentarlo”. Ser valiente.
Ya ese día, circunstancialmente en la línea de salida
se nos unió otra amiga que debutaba en la distancia. Y para crear ambiente,
avenencia y pandilla, a su vez nos habíamos
juntado con otros dos buenos amigos ya corredores habituales: Carmen y Ricardo; para mi como família.
Esto también lo considero importante para
suavizar la experiencia. Acompañarse bien; ir en un grupete bien avenido que arrope.
Así que Juan, Santi, y Mapi como debutantes, custodiados
por Carmen, Ricardo y yo mismo, formamos un disciplinado y alegre equipo.
Cuando acompañas a alguien el miedo escénico previo
a una carrera, desaparece en ti, pero lo ves reflejado en tus escoltas.
Tú transitas en otro esquema de carrera, y otro
modelo de satisfacción.
La habíamos preparado bien. Tanto física como
mentalmente. No tenía ninguna duda de que la terminarían.
Tanto es así, que, para celebrarlo después, les
había preparado como sorpresa unos trofeos conmemorativos con ayuda de Olga
(Chaca Sport- Spasi) ¡Gracias Olga!

Pero para eso estaba yo allí. Para sosegarlos y
frenarlos, al menos hasta el kilómetro diez en Pozán. A partir de allí, ir
viendo.
La carrera fue bien. Según lo previsto en mi cabeza.
A la subida habíamos rebasado cómoda y gradualmente al
globo de las dos horas que portaba mi buen amigo Paco. Y eso quieras que no,
anima.
Corres el riesgo de que si más tarde te alcanza, el efecto
es el contrario: Te desmoraliza.
En este perímetro de carrera, había muchos amigos y
amigas, y eso también hacía más fácil la broma y la distracción para afeitar el
esfuerzo.
Incluso al llegar a Pozán, como gracieta, me avituallé
con el porrón de vino que me ofreció el bueno de Marcén (Ex presidente del Club
de Atletismo).
Allí en Pozán se hallaba como juez de carrera tomando
nota, el padre de Juan.
Su padre fue fundador de esta media maratón.
Me pareció emocionante acompañar a Juan en esta su
primera media, siendo además la que ayudó a fundar su padre hace veintiséis
años. Imagino que la conmovedora procesión de padre e hijo les iba por dentro.
Ya de bajada se nos unió José Luis Pera; otro veterano
corredor con mucha experiencia, que curiosamente habia sido profesor de varios
de los que allí estábamos, aportando charla y transmitiendo su serena actitud
en carrera también al grupo. Un buen fichaje pensé.
No en vano, era consciente como así sucedió, que el
ritmo, era más elevado que en los
entrenamientos habituales, y la acumulación de kilómetros, podían pasar factura
los últimos kilómetros.
Pero no aflojaban. Algunos momentos me sentí como si
condujera una cuadriga. El más rezagado era yo intentando frenar un poquito el
grupo.
Pero… “mientras no peten, no seré yo quien diga nada”,
pensé.
En esta circunstancia, no pensaba poner yo el ritmo. Yendo
aparentemente bien cómo iban, que lo pusieran ellos.
Yo trataba de animar, sosegar, avituallar, hacer alguna
que otra foto, y entretenerlos para distraer su cabeza.
Al final, los últimos kilómetros hubo que apretar los
dientes, como por otra parte suele ser normal.
Pero como habíamos soñado estos últimos meses, allí
estábamos componiendo una cadena de amigos emocionados cogidos de las manos en
la recta de meta: Juan, Santi, Carmen, Ricardo, Mapi, José Luis, mi hija Nayra
que nos salió al paso, y yo mismo.
Una prueba más de que la vida no se mide por suspiros, si
no por momentos que te quitan la respiración.
Quien realmente quiere, siempre puede. Correr ha sido de
valientes.
Otra aventura más de preparación, inquietud y miedos,
junto a estos dos grandes amigos que se materializó con la consecución de esta media
maratón.
Seguro que preámbulo a muchos kilómetros juntos.
Abrazos
como siempre emocionados que nos fueron transmitiendo absolutamente a todos el entusiasmo
y la emoción. Incluso alguna lagrimilla me pareció ver.
Otra carrera especial, emocionante y emotiva que nunca la
olvidaré.
Es un estremecimiento único ser copartícipe del sueño de
un amigo.
Momentos en los que el tiempo se detiene por un instante.
Después, comimos y brindamos para celebrar lo que sin
duda fue otro día inolvidable.
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