
INICIARSE EN EL
RUNNIG MASCULINO :
El
runnig está más de moda que hacerse selfies con cara de: -“Mirar gilipollas
donde o con quien estoy y tú no”, o un montaje fotográfico con el pequeño
Nicolas.
Incluso
como la ciática, la perdida de orina, o la disfunción eréctil, el salir a hacer
running, se ha convertido en un trastorno mas de la edad, estudiado por
psicólogos, neurólogos y psiquiatras, para intentar encontrar una medicación.
Te
hallas en la aprensiva mediana edad; ese momento en que le has dado vuelta a tu
vida: Antes eras apático y patético; Ahora eres patético y apático...
Y
entonces, en muchos casos eso, coincidiendo exactamente con tus cuarenta y
tirado en el sofá (que estás mas indefenso), te arremete un calentón mezcla de
adolescencia tardía, coacción moral, e inspiradora primavera, que como el
espíritu cabrón que ocupa a la niña del exorcista, te posee.
Y
decides así sin anestesiar ni nada, que ya está bien de ese sedentarismo
cultivado durante años a golpe birra, mando a distancia, y laxitud de barriga
que invita a escarbar en tu ombligo en busca de pelusas.
Y
brincas cual resorte del sofá, sufriendo tu primer calambre en un gemelo, pero
aún así té sombreas la cara con rallas azules emulando a Mel Gibson en
Braveheart, (aunque en realidad pareces un Avatar lloroso); y con la pata sobre
una banqueta de la cocina, alzando tu puño exclamas: - “Hubo una vez un tiempo,
en que había tiempo para perder el tiempo... ¡pero ya no! ”...
Te calzas unas zapatillas que tenias guardadas para ir a coger robellones (coartada para hacer una comilona con los amigotes), y sales a correr.
Te calzas unas zapatillas que tenias guardadas para ir a coger robellones (coartada para hacer una comilona con los amigotes), y sales a correr.
Primero
a la chita callando y casi sonrojado; Pero al poco, alzas la cabeza y tu
mirada, tan orgulloso como Fran de la Jungla tras revolver con las manos los excrementos
de un elefante y comerse unas lombrices; embutes el abdomen como Ana Obregón en
su posado veraniego, y no solo logras correr con aparente normalidad, sino que
encima, a vista de los demás adelgazas, y a la tuya propia rejuveneces, y te
vuelves guapísimo, aunque seas tan feo que cuando mueras te tengan que untar
con nocilla para que te coman los gusanos. ¡Estás hecho un chavalín!.
Asimismo
en pocos meses, si te preguntan por qué corres, sueltas un sempiterno rosario
de argumentos, que van desde que es muy sano, que adelgaza, te disminuye el
estrés, o que es bueno para tu corazón, hasta que te ayuda a mantener el
equilibrio emocional y un profundo estado de conciencia sacramentado con tu
hábitat, que te conduce a una experiencia casi mística…
¡Milagro!
...Veintitantos años de tapas, “ilusorios robellones” y cañas con tus amigotes,
y jamás habías hablado como Valdano.
Y te
conviertes en todo un experto. De esos que explican algo tan sencillo como el
correr de una forma tan confusa, que te hacen pensar que la confusión es
culpa tuya y no tienes ni idea.
Y te
depilas hasta los entrecejos (por higiene, lastre y aerodinámica), y además te
compras, y peor aún, te pones, unas mallas tan ceñidas que te marcan desde los
dobladillos del escroto, hasta las escobillas del ojete; una camiseta rosa
bengala que daña la vista, y una absurda tira en el pelo para que este no te
moleste, aunque tengas menos pelo que los testículos de la rana Gustavo, o
estés tan calvo que si caes de espaldas te golpeas la frente.
Asimismo,
de las vulgares zapatillas para simular coger robellones, pasas a unas de
marca, color fresa tornasol con cordones fucsias especiales de asfalto,
específicas para pisada elegante con ligera probación a la derecha, y... ¡no
eres marica! (con respeto a los que lo son); ¡Eres runner!.
Pareces
un Petit Suisse andante... ¡Un Petit Suisse de Morcilla!. Porque aun yendo
vestido de rosa moña, por dentro no pierdes tu identidad de cazador
reproductor. Es más, la refuerzas exagerando tu rusticidad...
Puesto
que puedes escupir gargajos de color verdosos tan consistentes, que un perro al
pisarlo, quede atrapado durante días agonizando en él; Puedes sonarte los mocos
patrás, tapándote un agujero de la nariz, girando el cuello, y aventando el
aire fuertemente por el otro orificio, arrojándolos como un aspersor ;
flatulencia nasal sin pañuelo (eso si, aprendiendo la técnica, te has puesto
perdido de mocos, pero ya te sale); Puedes rascarte los huevos, o colocártelos
si se desalinean en las ajustadas mallas sobre la marcha, e incluso en un
momento dado, puedes sacarte la chorra y mear al canto de un camino, que no
pasa nada. ¡Eres runner!.
Inmediatamente,
te tienes que dar de alta en Facebook, Google +, Twitter, Instagram, Pinterest,
Vine, Snapchat y Social Media, porque si corres veinte kilómetros y no lo
cuentas, o no lo has hecho, o eres más soso que una sopa de saliva.
Entonces,
ya te sientes en la cresta de la ola. Incluso mientras corres ligas con poderío
y gracejo, diciendo frases tan ingeniosas como: - “¡Guapa!”...”Si yo fuera
Superman, te llevaría volando, pero como no lo soy..., ¡te jodes y vas
trotando!”...
Y ¿que
decir de esta asombrosa erudición que te llega por iluminación divina?:
Espontáneamente, adquieres unos conocimientos médicos tan extraordinarios, que
ya los quisiera el doctor House tras años de carrera, y ocho temporadas en
antena. De no saber ponerte ni un termómetro, ni mucho menos leerlo, pasas a
ser un erudito en medicina deportiva.
Puedes
mantener una conversación con cualquier otro corredor en la que aparecen
términos como: fascitis plantar, patas de ganso, tendinitis crónicas, síndrome
de espolón calcáneo, bursitis, tuberosidad posterolateral del astrálago o
tendinitis poplitea, y todo sin respirar... Y te conviertes en un pesado de
esos, que cuando alguien le pregunta cómo está, va y contesta.
Y, “Vengo
del medico (sirve físeo) ...¡No tiene ni puta idea!”, se convierte en una de
las expresiones comunes de tu vocabulario…
En las
calles y los caminos hay mas gente corriendo, que en el comedor de Harry
Potther. Todo el mundo corre.
En
Barbastro, hay una carretera desierta en la que hasta hace poco, haciendo dedo
se manifestaba la famosa chica de la curva, para advertirte que frenaras; Pues
bien. Ahora, está tan llena de gente corriendo, que la chica fantasma, ha
montado un avituallamiento líquido...
Encontrar
un camino solitario para montárselo con tu chica, es más difícil que rascarse
el culo con los dedos de los pies, o limpiártelo con confetis.
Eso sí,
ante todo tecnología, no sea que te pierdas: Te compras reloj con cronógrafo,
pulsómetro, podómetro, acelerómetro, GPS, ABS, alcoholímetro, mp4,
termomix, mp3, desfibrilador, y unas láminas adhesivas con cables de que dan
rampas en los músculos, convulsionan y dan gustito ;) … Porque necesitas varios
satélites que triangulen tu posición para correr por tu barrio de toda la
vida...
Después
llegan los nervios para apuntarte a tu primera carrera, y durante unos meses te
pones más tenso que los muslos de Beyoncé, hasta debutar en la san Silvestre
ataviado con el gorro de Papa Noel de los chinos.
Pero,
si los nervios previos a tu primer carrera son tremendos, cuando ya tienes
experiencia aún es peor. ¿Que te provoca miedo, escalofríos y sudores?:
Imaginar
que a mitad té entra un retortijón de tripas, suscitado por esa mixtura de
geles, isostares, gominolas, barritas y plátano masticao...
Porque
sabes, que tras el retorcijón, (que es como el ángel anunciador), llega el
apretón o "irte patas pabajo"...
Y de
repente, kilómetro diez, sientes como se estremecen tus intestinos, e
inocentemente piensas,... - “con un buen cuesco solucionao”.
Y si
llevas gente corriendo al lado, te distancias disimuladamente un poquito (haces
la goma), o aprovechas el paso junto al grupo de Batukada, y …¡zaska!...
Averiguas
que tu pedo no era todo lo incorpóreo que suponías, y palpándote la entrepierna
con una mano que luego inspeccionas ocularmente e incluso hueles, empiezas a
recapacitar porque harías caso a aquella chica, y te compraste estas mallas cortas
de color blanco caucásico...
Podías
haber estado corriendo solo por el monte, o en una trail por un bosque, pero
no, en la calle más bulliciosa de una gran ciudad, en medio de una media
maratón rodeado de 20.000 corredores y otros tantos miles espectadores.
Y
lloras por dentro, te afliges, e imploras apretando más el ojete que asistiendo
al desfile del orgullo gay.
Pero la
urgencia del momento te lleva a perder la poca dignidad que té quedaba, y
soltar la argamasa entre dos coches aparcados en batería, ante la atenta mirada
de una niña con trenzas con una piruleta en una mano y su abuelo jubilao en la
otra que pasaban por allí... Y les pones ojitos y cara de...”En este humilde
rincón hasta el mas hombre se baja el pantalón”...
Y
después te deprimes...Toda la vida perdiendo... la virginidad, dinero, los
nervios, el control, las carreras, y ahora hasta la compostura y la dignidad. Y
todo por hacer running...
Encima
si va y ganas, aparece la puta competitividad... Como si no tuvieras bastante
en tu vida diaria... Y tu recién estrenada sabiduría y tu conciencia, te dice
cosas como que en esta vida no te perdonan si dejas de ganar, pero te odian si
ganas... y te deprimes aún mas mientras haces series por la carretera de un
canal, sintiéndote más inútil que el timbre de un nicho.
¡Mierda
de running!
¿Quién
me mandaría moverme del sofá? . Mi plan era vivir eternamente, y hasta entonces
lo estaba cumpliendo perfectamente.
Y no
entiendes cómo, siendo tan listo de niño, de adulto eres tan tonto. ¿Será cosa
de la educación?.
Al final, vuelves al sofá, a los amigotes, a las birras... y de vez en
cuando…, sales “a correr”...
Esto se lo das a Ernesto Sevilla y lo peta!! jajaj
ResponderEliminarJajaja. Quieres interpretarlo tú Martin? Te lo cedo.
Eliminarmuy bueno!!!!
ResponderEliminarGracias David!!
EliminarNo se cuantas veces te he escrito ya a lo largo de los años que no dejas de sorprenderme. Me pareces un genio. Que lagrimones jjjajajajajajajajajaja
ResponderEliminarNo es para tanto. Tu que me miras con buenos ojos Angel jajaja
EliminarMe ha gustado leerlo!!! Pero....¡¡¡me gustaría escucharlo!!!
ResponderEliminarMuy bueno Javi!
Jajajaja. A ver si lo lee Dani Rovira y se lo cedo.
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