Según pensamos, así somos; según
sentimos, así obramos. Nuestros pensamientos con el tiempo varían,

nuestros sentimientos se arraigan.
He despertado relativamente bien,
pues el cansancio acumulado por no haber dormido bien la noche anterior
ha hecho efecto; bueno eso, y la valeriana que como es costumbre en mi,
me he tomado para secundarme en conciliar el sueño.
Aun no ha
amanecido, y ya hay una resuelta y etérea palpitación en el campamento; y
eso que aún faltan dos horas para dar la salida de la primera etapa.
Puedo
distinguir las sombreadas siluetas de algunos que a esta hora tan
temprana ya ha plegado su hamaca, e incluso están adaptando la mochila a
la espalda.
La experiencia de estos años, creo que me ha hecho una
persona mas templada y serena en estas situaciones; porque una persona
serena no se presta a inútiles contiendas; se reserva. Y está
recientemente adquirida mirada vigilante pero sosegada, no me deja ser
arrastrado por ese "reflujo". Así que me acurruco en la hamaca, cierro
los ojos y espero meditando, soñando con la carrera y conjeturando sobre
la gente que desde casa estará también imaginando y apoyándome el día
de hoy. Llevo más de cinco meses de sacrificios y voluntades aguardando
este día. Ahora ya no hay prisa.
Por una parte, ese equilibrio o
serenidad es bueno; no tienes por qué imponer tus ideas, no ansias que
los demás comulguen con tus opiniones o iniciativas, ni quieres
adoctrinar a nadie con tus apreciaciones. Por otra parte, la mala, es
que pierdes un poco ese fulgor; ese celebrado nerviosismo que es avivado
por algo insólito que está por suceder. "Quizás ya no sea tan insólito o
extraordinario". Es lo malo de acumular experiencia en algo. Acaso yo
no soy ya la misma persona que hace unos años cuando me lancé a
interpretar estos insólitos episodios de mi vida, ni la circunstancias
son ya para mi tan sorprendentes.
Observo que Julen también se lo ha tomado con calma y está acurrucado en su hamaca. Otro hombre tranquilo.
Las
siete. Habrá que ponerse definitivamente en marcha; desmontar el
campamento, desayunar y prepararse para la primera etapa. Hoy por
primera vez nos internaremos en la selva. "Que ganas tengo". Desayuno de
nuevo un liofilizado de muesli (tengo uno para cada día) y una vez
recogido todo, nos equipamos perfectamente uniformados y con la ropa aún
limpia. "habrá que verla dentro de unos días masticada de agua polvo y
sudor".
La ropa es muy similar a la que utilicé en la maratón de
Sables. Camiseta, pantalón corto, y gorra (sin faldón trasero) de
Trangoworld; Lo de la gorra sin faldón trasero, lo discurrí al imaginar
que cuando me halle estrechado por la espesura y el eclipse de la
jungla, para tener buena visibilidad en todas direcciones, creo que
deberé ponerme la gorra con la visera hacia atrás, con lo que si lleva
faldón, no es de recibo; le tendría que realizar unos orificios para
poder ver, y parecería un Nazareno rapero....
En el lateral de la
gorra, hemos grabado el logotipo de "Chaca Sport", tienda de deportes
que me ayuda y esponsoriza, y que de nuevo significa (ya que me a
ayudado en todos mis proyectos) el recuerdo diario de Olga, su
propietaria; una gran amiga desde la infancia a la que aprecio mucho.
En
la camiseta los logos de mi club, Montañeros de Aragón Barbastro;
Diputación de Huesca y la Comarca del Somontano, como agradecimiento a
la ayuda recibida por todos ellos para este insólito proyecto.
En los
pies, en lugar de las pequeñas polainas o guetres que usaba en el
desierto para evitar la entrada de arena en las zapatillas, aquí me he
decidido por unas algo mas voluminosas espinilleras Raidlight hasta
debajo de la rodilla, que presiento irán bien para evitar golpes o
arañazos en esa parte de la pierna, y además, al ir lazadas igualmente
con los cordones de las zapatillas, imposibilitarán que en algún cenagal
pierdas alguna de ellas ahogada en el barro. Estas espinilleras, están
concebidas como protección tibial para carreras de orientación, o para
correr campo a través en zonas muy técnicas o con mucha vegetación. Así
que considero que aquí, en este entorno, irán muy bien.

Me he puesto
unos guantes ligeros de ciclismo, para poder agarrarme o apoyarme en
trocos, ramas o plantas con menos riesgo de clavarme alguna astilla o
pincho en las manos. Como zapatillas, he elegido las mismas que utilicé
en Sables, la Mizuno Ascend. Son zapatillas de montañas flexibles y
ligeras, que disponen de un buen agarre y de una excelente estabilidad.
Nos
dirigimos a la playa. Faltan quince minutos y los nervios ya se
acarician en el escenario, y se aprecian en el gesto de todos.
Rectificaciones y reajustes de todos los amarres de la mochila, bidones
bien llenos; la barritas y geles que preveo usar hoy a mano en los
bolsillos laterales accesibles de la mochila, y las pastillas de sal
para tomar. Corriendo largas distancias, si sudamos perdemos sodio, y
si encima estamos bebiendo agua en exceso debido a un gran calor y
abundancia de humedad como es el caso, el poco sodio que queda en el
cuerpo aún se diluye más. Esto puede provocar desde náuseas, vómitos o
calambres, a síntomas aún más graves. La solución, tomar pastillas cada
cierto intervalo de tiempo (1-2 gramos de sal por hora).
Estamos con
Julen en la playa deambulando como dos sosegados nómadas. Asida a dos
palos clavados en la arena, han colocada la pancarta de salida
"Largada" en portugués. Que ilusión. Fotos y más fotos por parte de
todos debajo de la pancarta. - "Ahora si que si", le digo a Julen.
Mi ánimo y determinación es agarrarme a la carrera, como siempre, como
una vivencia personal y sin ningún ánimo de competitividad.
-¡Se me
olvidó!: Crema antimosquitos en cara, brazos y piernas. Nunca se sabe.
Así que saco el spray que llevo también a mano, y me lo aplico con
avidez.
Cinco minutos. Comienza un breve protocolo dirigido por Shirley que parlamenta de nuevo como una experta diplomática:
Primera
etapa; 21.56 Km. desde el poblado de Prainha donde nos encontramos, al
poblado de Pini. "Una media maratón por la selva para comenzar". De
nuevo nos subraya, que en la parte pantanosa que atravesaremos durante
la etapa, ayer avistaron una enorme anaconda...
Me dirijo a Julen y a los que tengo alrededor deseándoles buena suerte con un apretón de manos y una gran sonrisa.
Esta vez no advierto el característico cosquilleo en mi estomago.
Recuerdo
en Sables o en la Yukón ese cosquilleo que salía de mis pies, y se
convertía en un escalofrió que como un relámpago surcaba mi cuerpo y mi
corazón, e incluso lograba asomar al borde de mis ojos con etéreas
lagrimas. Aquí no está sucediendo.
Estoy calmado, templado y con ganas ya de comenzar.
Efectúo el ejercicio mental de juntar en mi cabeza a todas aquellas personas a las que quiero en este instante.
¡Diez!,
¡nueve!, ¡ocho!, ¡siete!. Shirley nos jalea con los brazos para que
entonemos la cuanta atrás con ella.¡tres!, ¡dos!, ¡uno!..... Gooo!!!!
¡VAMOOOOS!...La
gente sale rápida, y en un principio, me dejo llevar por la euforia
general. Creo que demasiado

. Así que al poco, recapacito, freno, e
intento trotar despacio y procurando coger ritmo de piernas y de
"mochila"; ritmo que inmediatamente se turba porque el sendero se empina
enormemente, y nos obliga a ponernos en fila de a uno.
Me insto a
confinar como siempre en mi cabeza, a hacer mi carrera, y observar
escrupulosamente mis alteraciones o reflejos para descubrir nuevos
factores, carencias o desequilibrios. Aprender sobre la marcha los dos
primeros días de áspera adaptación.
Persistentemente, he observado
que los dos primeros días son los mas duros por la adaptación del cuerpo
a todo; a partir del tercero, si todo va bien, ya estás adaptado, y
solo dependeré de mis fuerzas y mi preparación.
Observo gente muy enardecida alrededor, pero intento mantenerme frío tras Julen que también parece calmado.
Termina
la cuesta, y como si fuéramos análogos, nos espoleamos cuesta abajo por
la espesura de un bosque que te obliga a ir muy atento a la pisada.
Ramas, troncos, raíces, hojas u hoyos causados por las raíces
extirpadas al aire al extremo de árboles derrumbados. Jaume Tolosa, me
había advertido del peligro de estos agujeros cuando están ocultos y
cubiertos de hojas secas, y la posibilidad de quebrarte un tobillo, o
caer rodando al pisar malamente en estas adustas trampas naturales.
Verdaderamente, si no estas concentrado, aquí, en este suelo, todo puede
producirte una torcedura de tobillo.

El CP-1 está a 4.89 Km., en un
lugar llamado Igarapé, así que por lentos que podamos ir, en menos de
una hora deberíamos estar cerca de el lugar.
Aún se percibe el grupo. Gente por delante, unos cinco, y gente que escucho jadear detrás de mí.
Vista
abajo refrendando la pisada en el lugar correcto, vista arriba
ratificando que el camino también es el correcto observando de reojo
alguna cinta de marcaje.
¡¡¡Mierda!!!... Primer traspiés o enganchón
en lo que parece una pequeña raíz o liana, que al hallarse a pocos
centímetros del suelo, y oculta por la vegetación, permanece disimulada a
la vista, pero no a que mi pie se introduzca en ella, como un conejo en
un lazo de presa. El tropezón me arroja hacia delante de cabeza, pero
mis piernas reaccionan aguantando la sobrecarga junto a mis brazos que
gesticulando como dos enormes hélices, y consiguen rehacer la
verticalidad a base de fuerza bruta. Está claro que si las piernas
pierden esta fuerza del primer día, me iré de bruces al suelo o frenaré
empotrado contra cualquier tronco. Julen al escuchar mi estrepitosa
maniobra se gira y me pregunta: - "¿Estas bien?"; -"Si", le replico
todavía reequilibrando el gesto y la concentración.
Que susto, la primera en la frente. Habrá que andar muy... mas concentrado.
Nunca
fue tan cierto eso de que los árboles no te dejan ver el bosque. A ras
de suelo, la vista apenas te alcanza diez o doce metros. Más allá, una
indescifrable intersección de plantas, grandes hojas, brotes y árboles,
fraguando un impresionante mutismo atestado de ruidos y movimientos. Un
sofocante calor y una profunda humedad, que hace que ya te sientas como
si hubieras cruzado un río, sumados a la angustia del sofoco.
Estamos en plena selva del Amazonas, y se siente el poderío de una agonía pertinaz, pero también de una eufórica vida.
No
tengo que descuidarme en la hidratación, e incluso con Julen nos
recordamos el hacerlo: - "¿Has bebido?" Nos indicamos de vez en cuando
el uno al otro.

Es un espectáculo como estas altas temperaturas y
humedad favorecen el desarrollo de una vegetación tan tupida y
exuberante; tan tan verde. Llevamos tan solo unos kilómetros, pero el
título de "el pulmón del planeta" que ostenta la Amazonia, ya me he dado
cuenta que no es metafórico.
Emergemos de la vegetación en una pista
polvorienta a pleno sol; sol que te hace arrugar la expresión y los
ojos, deslumbrados por la andanada de su luz; en seguida giras la gorra,
y colocas la visera hacia delante para proteger tus ojos bajo su
sombra.
El marchar por esta pista, nos permite avanzar en paralelo
con Julen y así poder charlar. El grupo ya se ha estirado, pero detrás
nuestro viene arrimado Bobby Murdoch, un Escocés que parece haber
encontrado junto a nosotros su ritmo natural y no transige en su
obstinación de marchar pegado.
A lo lejos, en una inflexión de la
pista se avista el CP-1 y los voluntarios con sus camisetas naranjas que
nos jalean y aplauden hasta que llegamos a su lado. Es una liviana y
vacía cabaña hecha de madera y parapetos de hojas palma, con un porche
cubierto donde hay unas mesas con las garrafas de agua de 25 lts.
Nos
registran en unas hojas, anotando nuestra hora de llegada. Con la ayuda
de jarras nos rellenan los bidones, mientras los médicos nos preguntan
si nos encontramos bien. Me bebo un bidón entero de trago, y se lo cedo
para que me lo cargue de nuevo. En el suelo, hay una palangana con agua y
otra jarra; Nos subrayan que no es para beber, sino para que si
quieres, inclinándote como si fueras a hacer una reverencia rindas tu
cabeza, y ellos te derraman agua por la nuca con la jarra para
refrescarte. ¿Por qué no? Me encorvo sobre la palangana, quitándome la
gorra y ofreciendo mi nuca, e indico con un gesto que me refresquen la
nuca con agua. ¡¡¡UUUUAAAAAA!!! ¡¡¡Que gusto!!!
Hemos de aguardar
diez minutos cronometrados en cada control durante las dos primeras
etapas. Esta norma la establecieron el pasado año, debido a que en años
anteriores durante las dos primeras etapas, muchos sufrían síncopes por
falta de hidratación y de aclimatación, e incluso, guiados por el exceso
de entusiasmo y la falta de sensatez terminaban hospitalizados, con lo
que decidieron hacer estas pausas obligatorias de diez minutos para
todos los corredores, y de este modo asegurarse que todo el mundo
aclimata correctamente. Vamos, "precaución por huevos".
Cuando hemos llegado estaban dando la salida a el primer corredor, el Brasileño Orlando.
Orlando
es corredor local, y ya ha participado en otras ediciones. Los
corredores locales participan en una categoría separada, también debido a
que en otras ediciones, competidores forasteros habían impugnado la
clasificación por haber descubierto a algún corredor autóctono haciendo
valer su ventaja de local, y su conocimiento del terreno, cercenando el
recorrido por atajos y sendas sin marcar. En algunos casos, alguno era
adelantado mas de una vez en la misma etapa por uno de estos corredores,
con el consiguiente mosqueo...
Llevamos cinco minutos, y dan la
salida a otros cuatro: Tres brasileños (no locales) y un escocés. Los
próximos somos nosotros tres.
Falta un minuto y nos instan a
prepararnos. Mientras tanto, han llegado cuatro corredores más, que
tendrán que esperar turno para continuar.
¡Ya! Salimos entre
aplausos hacia el CP-2 a tan solo 2.6 kilómetros internándonos de nuevo
en una espesa selva.

El que esté tan cerca en distancia no augura nada
bueno...
No puede verse el sol; sólo su luz que se filtra por el
denso follaje. Concentración, hidratación, alimentación. Pautas que no
hay que abandonar. Hemos perdido a nuestro escolta Escocés, o se a
dejado caer un poco detrás nuestro. Marchamos solos y concentrados con
Julen, efectuándonos permanentemente relevos, bien sea por lapso de
tiempo, o bien motivado por alguna circunstancial pérdida del que va en
cabeza siguiendo las marcas, ya que el que va detrás mas sosegado,
inmediatamente repara en el error o la perdida, y corrige la
trayectoria advirtiendo con un grito al precedente y colocándose
inmediatamente en cabeza.
La verdad es que parecemos un equipo
perfectamente coordinado y entrenado sucediéndonos al frente a la
perfección; con armonía diría yo.
Al pasar por un riachuelo tenemos
que sortear y pisar la superficie de algunas piedras que asoman. Saltar y
saltar, como un juego rápido de niños. Al final, llevábamos las
zapatillas empapadas. Cuando pierdes el equilibrio, intentas agarrarte a
la rama más cercana, y si te agarras a una de esas que llaman "hojas de
cuchillos," sentirás que te escuece la mano por los cortes obtenidos.
También
puede que al sacudir las ramas, muevas y hagas caer sobre ti a unas
pequeñas hormigas llamadas "chispitas" muy urticantes.
Sin mayores
complicaciones llegamos al CP-2 que está apostado en la tangente de una
arcillosa senda pegada a un riachuelo. Allí están esperando los cinco
primeros, y esta vez Orlando aun le faltan unos minutos para partir. Eso
significa, aunque no me importe, que les hemos comido terreno. Hay
instalada una cuerda a media altura sobre el riachuelo que certifica que
nuestro camino prosigue atravesándolo. Será el primer remojón de la
carrera.
En cuanto cumplen sus diez minutos de descanso, van
partiendo los que nos anteceden. Unos saltando teatralmente al
riachuelo, otros deslizándose con precaución; unos empleando la cuerda,
otros sin usarla.
Como bien sabemos los "barranquistas" y los
"prudentes", la osadía de saltar a la brava te expone inútilmente a
alguna torcedura que de al traste con todas tus aspiraciones el primer
día; así que cuando nos toca el turno, atravesamos el afluente con
mesura y cautela, asiéndonos a la cuerda para avanzar mas fácilmente
frente al impedimento de progresar con el agua a la altura del pecho.
Pasado
el recodo que nos impedía ver los árboles, penetramos en una fangosa
ciénaga. Agua de color ambiguo enmarañadas raíces, e imagino que por el
fondo la famosa anaconda... Es muy dificultoso avanzar, pero no dura
mucho y finalmente nos encaramamos por un talud de tierra donde nos
incorporamos nuevamente a la espesa jungla.

Nos lanzamos por una
densa arboleda llena de hojarasca y troncos, que debemos superar de
diferentes e improvisadas formas y maneras: saltando con prudencia los
que son pequeños; apoyando un pie sobre los grades para impulsarte; o
los muy grandes amparándote en una mano para rendirlos.
Impulsándome
con fuerza, me subo de un atlético salto en un tronco atravesado
bastante grande, y al bajar al otro lado, el terreno irregular hace que
mi pie ceda estribándolo de mala manera, y me tuerza el tobillo de forma
aparatosa. ¡Que dolor!. No puedo evitar lanzar un lamento que alerta a
Julen, al mismo tiempo que hundo la rodilla en tierra llevándome de
forma intuitiva la mano al tobillo accidentado.
No es la primera vez
en mi vida que me tuerzo un tobillo, y por eso mismo mi incipiente
sospecha por la sacudida es agorera. Caer malamente desde un metro de
altura sobre un tobillo arqueado, con todo mi peso y además preñado con
unos quince kilos de mas en mi mochila, no presagian nada bueno. Será
un milagro que no haya tenido consecuencias este traspiés. Julen me
pregunta y yo le respondo: - "Creo que me he torcido un tobillo".
En
un primer momento, con avidez palpo la zona batida suponiendo
encontrarme ya con ese bulto o inflamación que súbitamente asoma cuando
te produces una seria torcedura, pero perceptiblemente parece no
notarse. Me incorporo rápidamente y le reseño a Julen que continué que
yo lo sigo como pueda.
Pienso ¡Que susto!; parece que se ha quedado
en eso, en un susto. En adelante tendré que tener muchísimo cuidado, y
hoy, si finalmente se queda en un mero sobresalto, darme pomada anti
inflamatoria y un buen masaje en la zona que como poco habrá quedado
algo dañada.
Atravesando zonas de tupida vegetación y terreno
tortuoso pero precioso que varia a cada metro, acabamos en un sendero
donde se encuentra el CP-3 en un margen. Allí están apostados los que
nos preceden, y por el tiempo de espera que les queda, hemos rebajado
la distancia respecto a ellos, al igual que la hemos aumentado respecto a
nuestro mas inmediato seguidor que tarda en llegar muchos minutos.
Así
que después de nuestra espera de diez minutos, y tras el susto de mi
tobillo, reanudamos la marcha por una pendiente agreste y exuberante de
suelo arcilloso. Bosques, florestas de grandes y verdes hojas, troncos
desfigurados de enorme diámetro, lianas y hiedras confundidas entre si,
sendas e improvisaciones e intuición, hacen que los kilómetros sean
entretenidos y que no pierdas la concentración ni un segundo.
Descendemos
un tupido repecho, topándonos con una desmedida pendiente en la que
incluso debemos agarrarnos a trocos y bambúes para progresar hacia
arriba. Allí hallamos y sobrepasamos a dos de los brasileños que nos
precedían mientras nos miran con gesto sumiso y nos animan mientras
bufan como dos cabestros. Esta claro que ascendiendo somos más
eficientes que ellos. Julen mucho más; me cuesta seguirle cuando el
terreno se empina.
Después, una pronunciada bajada por un sendero,
casi terraplén frontal de arena emancipada que se escurre bajo tus pies
haciéndote resbalar y obligándote a aferrarte fuertemente a cualquier
tronco a mano para no caer. Agradeces llegar al fondo de esta especie de
barranco conquistado por bambúes y malezas, en el que parece no haber
camino posible.
El camino está indicado con las cintas, y
visiblemente rasgado entre la maleza a golpe de machete. Este tramo
emana un fuerte hedor a cadáver; seguramente, comentamos con Julen, hay
próximo algún animal putrefacto(eso espero...), pero ni lo vemos, ni
hacemos el gesto de quererlo ver, a no ser que aparezca en medio de
nuestro curso.
Proseguimos turnándonos por este tortuoso terreno, y
paulatinamente la espesura se torna más lánguida, e incluso comienza a
dibujar una senda bien marcada, y junto a la senda asoman algunos
cercados de alambre y leños, indicio claro de "civilización".
Parece que nos dirigimos ya hacia la línea de meta en el poblado de Pini.
Las
piernas ya penan por el castigo, el calor y la humedad, y el cansancio
se deja notar. Dulcemente la senda evoluciona a térrea pista, y aparecen
algunas casas de madera disgregadas donde algunos lugareños nos animan.
Apenas unas cabañas aisladas aquí y allá. Algunas parecen pequeños
colmados o mini tabernas que incluso tienen un billar americano en el
exterior, en medio de la era. En sus puertas hay motos pero ningún
vehículo de cuatro ruedas.

Un desvío mas, y en una inflexión del
camino, surge un gran páramo de hierba enjuta y parda, y al fondo del
mismo, tocante a unos árboles, la pancarta de llegada, algunos vehículos
y voluntarios que nos aclaman.
Estimulados por la ilusión, nos
ponemos a la par con Julen y nos sonreímos. Ya tenemos la primera etapa
en el bolsillo, y además bien y a buen ritmo. ¡Estoy cansado y contento!
¡Han sido tantas emociones!.
Allí está Shirley, que nos aclama y
exclama que llegamos tercero y cuarto de la etapa; que mas da, pienso, y
le pido que con mi cámara nos haga una foto a los dos abrazados bajo la
pancarta de llegada.
Me percato que toma la cámara al revés, y que
no la vuelve hacia nosotros, así que en la primera foto se hace un
bonito primer plano de su propia cara con el consiguiente cachondeo de
los que allí estamos. A la segunda nos retrata bien, contentos, y yo con
un dedo levantado como signo de haber conseguido la primera etapa.
Nos
dirigimos mas adentro, hacia el campamento que está instalado en estos
mismos árboles. Un lugar perfecto para atar las hamacas. Lo bueno de
llegar antes, es que puedes escoger donde hacerlo... Contiguas un par de
casonas de madera, donde imaginarias viviendo a Tom Sawyer y
Huckleberry Finn, y un poco mas abajo un meandro del rió nos contempla.
Una vez montada la hamaca comer y descansar, mientras van llegando el
resto de compañeros con cuentagotas.

Durante estos ratos, a uno le
da por suspirar y ponerse melancólico, sin saber muy bien el porqué. Uno
se vuelve pensativo y solitario; En mi caso, tras una ducha en una
garita de madera junto a una casa (que lujo) me gusta pasear y visitar
algún rincón solitario. Todo parece tan lejano, quieto y solemne. A uno
le gustaría convertirse en vagabundo y recorrer estos países donde todo
es misterioso y novelesco. Como eso no se puede hacer, uno se contenta
con bastante menos...
En una sola jornada, hemos experimentado que
la selva es un mundo difícil de describir, y aunque evidentemente la
experiencia de cada persona será diferente y única, por más que he leído
sobre la selva amazónica, nunca pude imaginar esa continua sorpresa de
todo lo que ves a cada instante. Será fantástico lo que está por llegar.
Cuentan que "Es un paraíso que Dios dejó olvidado en la tierra en vez
de subirlo al cielo"
Empiezo a dormitar en mi hamaca.. Al calorcito de mi familia. Me reconforta refugiarme pensando en los míos.
Esta
noche dormiré mejor, bueno, quiero decir algo. Hay personas que se pasa
la vida haciendo cosas que detestan para conseguir algún dinero que no
necesitan y comprar cosas que no desean, tan solo para impresionar a
gente que odian. Que diferente se ve todo desde aquí acurrucado en una
hamaca en medio del Amazonas.